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Ovnis: ¿la leyenda adquiere cuerpo?

 

Científicos desdeñan el fenómeno, otros tantos claman porque se le reconozca e investigue seriamente. Se asegura que es verdadera su existencia, pero las pruebas contundentes se niegan a aparecer.

Foto: Pxhere.com

Sus formas, dicen quienes los han visto, son de naturaleza muy variada: disco liso, disco con cúpula, esférico, esfera aplastada, discos con aros tipo Saturno, cilíndrico, elíptico, triangular, con forma de cigarro, fuente de luz, incluso polimórfica que se transforma…

¿Existen los objetos voladores no identificados, los famosos ovnis? ¿Esos objetos están relacionados con visitantes extraterrestres, ET, que desde tiempos remotos han recorrido los cielos del planeta?

Ambas son viejas preguntas que de tanto en tanto surgen por distintos motivos. La respuesta a tales interrogantes dependerá de quién las responda, sea desde el punto de vista científico –que se basa en lo plena y estrictamente demostrable– o de estudiosos del fenómeno que confían con vehemencia en que la humanidad no ha estado sola en su devenir y que sigue siendo observada.

Las posturas de uno y otro lado parecen, la gran mayoría de las ocasiones, irreconciliables. Ambos flancos esgrimen argumentaciones que desde su perspectiva aceptan o niegan la existencia de naves y presencias no humanas, dueñas de una tecnología inmensamente superior a la humana.

Alguien que describió certeramente esta disputa conceptual fue Corrado Balducci, un sacerdote italiano miembro de la Curia Romana y muy cercano al papa Benedicto XVI, quien refiriéndose a la ufología –por UFO, Unidentified Flying Object– aseguró que en los últimos 150 años han aparecido “en sucesión y con un ritmo creciente” manifestaciones y fenomenologías totalmente controvertidas, “tan polémicas como para dividir la opinión pública en dos posiciones opuestas: o bien todo es real o todo es falso”.

Para Balducci, quien se reconocía como ufólogo, el fenómeno ovni “debía tener algo de real”, puesto que algunos testimonios de quienes sostienen que existen discos voladores provienen “incluso de personas calificadas, cultas, y que tal vez al principio eran incrédulas. Hay centenares de millones de personas que juran haber visto, por lo menos una vez, un ovni […]. Razonablemente no se puede negar que algo de verdad debe haber ahí. Una posición de escepticismo es completamente injustificada”.

‘ET’ sí, ovnis no

Para muchos de esos escépticos las posturas de alguien que pertenece a una doctrina religiosa podría partir de un principio de fe, por tanto no científica. Sin embargo, hay gente muy reconocida en el campo de la física y astronomía que si bien no asegura que los ovnis existen, tampoco descarta la posibilidad de que haya vida inteligente fuera de la Tierra.

Luego de calcular cuántos planetas tan sólo en el universo visible podrían parecerse al nuestro –un trillón de ellos– el físico teórico estadounidense Michiu Kaku aseveró sin apenas titubear en su libro El futuro de nuestra mente que “de hecho, lo milagroso sería que no existiera otra civilización avanzada”. Y agregó: “Dados los notables avances de la astrofísica, posiblemente establezcamos contacto con una inteligencia extraterrestre en la próxima década”.

Asimismo, el director del Instituto de Astronomía de la Universidad de Harvard, Abraham Loeb, recientemente conmovió –escandalizó, quizá– a la comunidad científica con declaraciones que sugieren que no estamos solos en el universo. Para este reconocido especialista en agujeros negros y galaxias primitivas es muy posible que “una nave espacial o parte de ella” pueda estar volando más allá de la órbita de Júpiter.

Alguien aún más famoso que Kaku y Loeb fue el divulgador de la ciencia Carl Sagan, fallecido en 1996, célebre entre otras muchas cosas porque se le atribuye la frase “si fuéramos los únicos en este universo, sería un gran desperdicio de espacio”. El astrónomo, quien ayudó a fundar la exobiología para tratar de hallar vida extraterrestre, fue un animador entusiasta del proyecto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre), que con recursos de empresas privadas trata de averiguar si hay señales de radio procedentes de presuntas civilizaciones de otros mundos. No las han hallado.

Y esas señales, de encontrarlas, tendrían que ser contundentes, porque hay que recordar que el mismo Sagan fue quien dijo que “afirmaciones extraordinarias requieren siempre de una evidencia extraordinaria”.

Con el igual ánimo, Paul Allen, cofundador de Microsoft quien falleciera el año pasado, donó más de 30 millones de dólares para que el Instituto SETI construyera cientos de radiotelescopios y a la fecha hay unos 5.2 millones de aficionados conectados a los datos que emite el radiotelescopio de Arecibe, Puerto Rico, en una iniciativa llamada SETI@home. Anhelan ser los primeros en tener contacto con inteligencia extraterrestre.

Pero una iniciativa todavía más ambiciosa que SETI la representa el proyecto de 100 millones de dólares llamado Breakthrough Listen (que podría significar algo así como Progreso exploratorio de escucha) en el que se involucró el también célebre físico británico Stephen Hawking –fallecido en marzo de 2018–, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg y el empresario israelí Yuri Milner. Esta iniciativa podría alquilar flotas de radiotelecopios que recopilarían enormes cantidades de datos en días, mucho más que lo que logra en un año el Instituto SETI.

Pero resulta fundamental aclarar algo: ninguna de estas iniciativas está buscando ovnis. Y hasta ahora no tienen ni una sola prueba sólida de que nos visitan seres de otro planeta.

Foto: Pxhere.com

Mientras tanto…

Para quienes apoyan la idea de que una gran variedad de ovnis surca nuestros cielos, la noticia divulgada por The New York Times en diciembre de 2017 les supo a miel. En ella se daba a conocer que el Departamento de Defensa de Estados Unidos había destinado, entre 2007 y 2012, una partida de 22 millones de dólares al Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzada (AATIP por sus siglas en inglés). Tal programa fue dirigido por un oficial de inteligencia militar, Luis Elizondo, que despachaba desde el quinto piso del Anillo C del Pentágono y que renunció el 4 de octubre de 2018 criticando el secreto extremo y la falta de apoyo financiero. Él, como otros miembros militares y de agencias de inteligencia, fue reclutado por una institución privada llamada Academia de las Artes y las Ciencias Hacia las Estrellas.

Lo novedoso es que el Departamento de Defensa nunca antes había reconocido la existencia de algo semejante al AATIP. Apoyado por congresistas demócratas y republicanos, el programa produjo documentos que describen avistamientos de naves que se movían a altas velocidades sin signos visibles de propulsión, o que flotaban sin medios aparentes de elevación. También estudió videos de encuentros entre esos objetos y aviones militares estadounidenses.

Desde luego, la mala noticia para los ovniólogos o ufólogos es que el presupuesto a ese organismo fue cortado después de tan sólo cinco años.

Sin embargo, hubo otro acontecimiento que despertó las esperanzas ovnifílicas: a finales de abril de este 2019 se reveló al portal Politico que la Armada estadounidense trabajaba en un protocolo de acción el cual permitiría que los pilotos que avistaran “incursiones” y “fenómenos aéreos inexplicables” lo informaran a sus superiores para su análisis. Contrario a lo que ocurría hasta ahora, en que se ordenaba ignorar los avistamientos, los pilotos de la Marina deberán informar sobre lo que juzguen inusitado. Ante eso, The Washington Post logró que Joseph Gradisher, portavoz de una oficina de la Armada, reconociera que la aparición de ovnis ocurre “varias veces por mes”.

Informes oficiales

Dado lo anterior, tímidamente la potencia estadounidense se sumaría a otros gobiernos que han tomado más o menos con atención lo que gente normal pero sobre todo pilotos militares y comerciales dicen que ven en los cielos.

En América Latina hay varios casos. La Fuerza Aérea brasileña no tiene un organismo oficial como tal que investigue el fenómeno, pero al igual que la Marina estadounidense, en caso de aparición o avistamiento de objetos desconocidos los oficiales amazónicos deben registrarlo en los libros de Comando de Aeronáutica.

Otros países de América Latina sí cuentan con entidades gubernamentales que toman nota y analizan los testimonios y supuestas pruebas de ovnis. Por ejemplo, desde 1997 el gobierno de Chile creó el Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos (Cefaa); la Fuerza Aérea uruguaya tiene desde 1979 la Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de Objetos Voladores No Identificados (Cridovni), y en Argentina en 2011 se formó la Comisión de Estudios de Fenómenos Aeroespaciales (Cefae) a cargo del comodoro Rubén Lianza, licenciado en sistemas aeroespaciales.

“Yo formé parte en los inicios de esa Comisión como investigador civil”, asegura en entrevista a Contenido el experto Carlos Iurchuk, desde La Plata, Argentina. “En un principio la comisión estaba bien integrada, había gente militar y civil, pero actualmente la conforman sólo Lianza y alguien más. Esa comisión hoy sólo se limita a analizar fotografías e imágenes, pero no va al terreno a recopilar información, no va al lugar de los hechos, no hay investigación de campo, con lo cual se pierde de lo más importante”.

Por cierto, la Cefae se caracteriza por buscar explicaciones cuya última alternativa son presencias alienígenas. El comodoro Lianza ha afirmado en entrevista con medios locales que de todos los informes de presuntos ovnis que llegan a sus manos, un 40% son causados por aves o insectos que se cruzan frente a la cámara; 37.5% por fenómenos de origen óptico, del lente o de la cámara; un 10% a causa de por objetos lanzados al aire, como globos o drones; otro 5% tiene origen aeronáutico en vuelo controlado como aviones, helicópteros o globos del Proyecto Loon de Google, estratosféricos; 5% más se debe a causas astronómicas, casi siempre Venus o la Luna en horas diurnas, y un 2.5% tendría causas satelitales, es decir, vehículos espaciales humanos.

Pero esa reticencia no es compartida por Iurchuk, quien forma parte del grupo argentino de ovnilogía llamado Cefora. Comenta que los avistamientos de objetos desconocidos y registrados en su país son frecuentes. Ubica el año 1947 como uno clave en la historia reciente de los ovnis. “El 24 de junio de 1947 está registrado como el primer caso oficial. El primer caso registrado en Argentina se dio siete días después. Y el 2 de julio de ese año se registró el famoso caso Roswell”.

Ciertamente los ufólogos de todo el mundo tienden a citar constantemente lo sucedido el 24 de junio del 47 en Idaho, cuando un piloto de nombre Kenneth A. Arnold que buscaba una aeronave militar extraviada dijo ver nueve objetos inusuales, historia que fue recogida por agencias noticiosas como Associated Press. Por su lado, el caso Roswell, en Nuevo México, ciertamente representa un parteaguas en la ovnilogía moderna, porque presuntamente una nave extraterrestre chocó en ese lugar y sus restos habrían sido decomisados por el gobierno estadounidense, en plena Guerra Fría y a sólo dos años de las primeras detonaciones de bombas nucleares en Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

Historias no tan espectaculares pero igual de llamativas han hecho que ante la presión social o de los propios pilotos, países como Canadá, Dinamarca, Ecuador, Nueva Zelanda, Rusia, Suiza, Reino Unido y el propio Brasil hayan desclasificado archivos de expedientes ovnis desde hace poco más de una década. Ninguna de esas revelaciones ha tenido la contundencia para romper la indiferencia o generar escándalos mediáticos.

Así ha sucedido generalmente. Hay ciertas reacciones con cada evento atípico pero luego todo vuelve a apaciguarse. Por ejemplo, a fines del siglo pasado, en 1999, se formó en Francia la asociación Cometa (COMité d’ÉTudes Approfondies o Comité de Estudios a Profundidad) en la que participaron científicos del Centro Nacional de Estudios Espaciales, militares y especialistas del fenómeno ovni. Entregaron un informe al presidente de entonces, Jacques Chirac, que luego se convirtió en un libro. Sus conclusiones eran que los casos analizados demostraban “la realidad física casi cierta de objetos volantes completamente desconocidos” por su vuelo y su silencio. “La hipótesis extraterrestre parece la mejor explicación científica; en absoluto prueba nada de manera categórica, pero tiene a su favor fuertes presunciones, y si es exacta, igualmente las consecuencias”.

Luego de eso los galos se han ocupado apenas esporádicamente del asunto y se fijan más en otros alienígenas: los migrantes humanos que marchan desde África.

Antígona Segura, astrobióloga y física del Instituto de Ciencias Nucleares, UNAM

Sí pero no

Justamente los “casi” y la falta de pruebas categóricas mantienen alejada del estudio de los ovnis y de presuntos extraterrestres al grueso de la comunidad científica. Alguien que podría haber visto alguna anomalía por haber estado unas 80 noches trabajando en el Observatorio Paranal, operado por la European Southern Observatory (ESO) ubicado en Antofagasta, Chile, es el doctor en Astronomía e investigador de la UNAM, Joel Sánchez Bermúdez. En entrevista con Contenido afirma que “durante ese tiempo nunca vi nada, ninguna señal –dice el experto en física de las estrellas de alta masa y en técnicas de alta resolución angular como interferometría infrarroja–; estábamos en el desierto, en uno de los cielos más despejados del planeta, con un grado de oscuridad considerable, lejos de la civilización, y nunca vimos nada que no pudiera ser explicado de forma científica”.

El doctor Sánchez, quien afirma que en 10 años ningún colega u otra persona le ha comentado nada de ET u ovnis, opina que “más bien es una leyenda, y a menos que se pudiera comprobar de manera directa no hay espacio para justificar o invertir en un proyecto de investigación para tratar de descubrir a extraterrestres en la Tierra. Debe existir una prueba fehaciente”.

Su punto de vista personal recae en que puede existir algún tipo de vida fuera del planeta. “No sé si vida inteligente, ni siquiera si es con base en carbono, como la que conocemos en la Tierra, pero hasta que no lo podamos comprobar sigue siendo parte del imaginario, de la emoción que tenemos para saber qué existe en el universo”.

En esa línea de pensamiento se ubica la doctora Antígona Segura Peralta, astrobióloga y física del Instituto de Ciencias Nucleares de la misma UNAM, quien desde hace una década forma parte del programa internacional Virtual Planetary Laboratory con sede en la Universidad de Washington, Seattle. Su trabajo consiste en estudiar el origen y evolución de la vida en el universo; pretende entender cómo podría ser la vida en otros mundos.

“Las herramientas de la ciencia exhortan a no fiarnos de nuestros sentidos –explica la investigadora–, por eso tenemos cosas que miden diferentes eventos. Las cámaras de astronomía están calibradas para saber cuántos fotones recibe cierta unidad de área y tiempo. Esto no necesariamente sucede así con la cámara de un celular, ni mucho menos a simple vista”.

Su opinión no tiene pliegues, no admite especulaciones: “Nuestros métodos no se basan en identificar fantasmas. Y hasta ahora el único ejemplo de vida que conocemos es el de la Tierra”. Y siguen buscando, con herramientas que aunque nos parecen maravillosas aún no permiten atisbar las atmósferas lejanas con demasiada certeza. “En Marte hubo agua líquida hace 3,500 millones de años, pudo haber habido vida, no lo sabemos. Buscamos en esos lugares donde podría haber agua, como Europa, el satélite alrededor de Júpiter, o Titán, una luna de Saturno, que tiene una corteza de agua sólida y, posiblemente, abajo haya líquida”.

Describe que hay 400,000 millones de estrellas en la galaxia, que han detectado más de 4,000 planetas alrededor de esas estrellas –los exoplanetas–, cuya variedad es inmensa. “No hablamos de ir a esos planetas ni de colonizar, buscamos vida microscópica por los productos que genera esa vida y que podrían cambiar la atmósfera o la superficie del planeta, como ocurre en la Tierra desde hace miles de años”.

El astrónomo Joel Sánchez dice que la responsabilidad de los científicos es plantearse preguntas pertinentes para que la agente saque sus propias conclusiones. Por ejemplo, sugiere: “¿por qué si se dice que los extraterrestres nos invaden no hay un sistema de defensa terrestre? ¿Por qué las grandes potencias no reclaman más dinero para ese fin? ¿Por qué la supuesta tecnología del interior de las naves cambia conforme nuestra tecnología en la Tierra? Los supuestos contactados en los años sesenta contaban que las naves tenían botones y foquitos; décadas después los abducidos aseguraban que había pantallas como nuestras tablets, y los de hoy dicen que no hay nada dentro de las naves”.

La doctora Segura opina en la misma línea: “Hay que ver cómo ha avanzado la idea de extraterrestres. Empezó con marcianos humanoides, pero va cambiando conforme la ciencia dice que puede ser diferente. Hoy se conciben seres amorfos que quién sabe qué comen. Los imaginamos totalmente benévolos o maléficos, y ello sólo refleja los miedos que tenemos los humanos. Si la ciencia dice algo, la ciencia ficción lo sigue o al revés, como ciencia a veces nos encontramos con lo que dice la ficción”.

Periodista y conductor Jaime Maussan

¿Habrá sorpresas?

Él se define como periodista. Como reportero y director del célebre programa de televisión 60 Minutos en los años noventa dio a conocer muchas cosas hoy en boga, como el cambio climático. Jaime Maussan afirma que “la función del periodismo es analizar una situación actual para que se resuelva; anunciar o advertir sobre algo que se puede dar en el futuro, sobre los grandes peligros para la sociedad”.

Él representa, por mucho, el epítome del divulgador del fenómeno ovni en México. Su programa Tercer Milenio es, a decir del periodista, único en el mundo. En charla con Contenido confirma que su convicción radica en que “este fenómeno tan importante sería el único que podría generar un cambio en la mentalidad de los seres humanos. Si se reconociera que hay seres que están tratando de entrar en contacto con nosotros o intentáramos entrar en contacto con ellos, tendríamos que asumir obligaciones, justamente lo no quiere el ser humano”.

Refiere que en sus años ha entablado conversaciones con múltiples personajes que aseguran la existencia de entidades inexplicables por la ciencia actual. Líderes políticos internacionales, pensadores, militares, religiosos. Habla de naves en forma de enorme pirámide sobre el edificio de la sede del Departamento de Defensa estadounidense, El Pentágono (en Virginia) y sobre el Kremlin, en la Plaza Roja de Moscú; refiere la famosa Área 51, o de Robert Lazar quien jura haber visto naves y cuerpos de alienígenas en la zona militar de Groom Lake. De las señales que se enviaron en 1974 desde el radiotelescopio de Arecibo a la Constelación de Hércules y la respuesta que recibió el planeta en 2001. De cómo ya en la era atómica los visitantes activaron y desactivaron misiles nucleares yanquis y soviéticos. De cómo México es un lugar activo para ovnis, sobre todo el volcán Popocatépetl.

¿Por qué la ciencia, con tantas presuntas evidencias, desdeña la investigación sobre ovnis y extraterrestres en nuestro mundo? “Por miedo, tienen mucho miedo, porque cambia todo su parámetro –responde Maussan casi sin pensarlo–. A mí me ven como el anticristo, pero siempre he tratado de hacer las investigaciones lo más científico posible. Pero mira, a toda esa gente se la va a venir el mundo encima, porque en cualquier momento ocurrirá un evento o encontraremos vida afuera de la Tierra”.

Sobre la presunción de que los ovnis no provengan de una tecnología extraterrestre sino humana, exclama: “¡Si esa tecnología fuera de los rusos, que se hinquen los gringos, no tienen nada que hacer! ¿Por qué le dan tantas vueltas, por qué no entrarle de frente al asunto? Si no son extraterrestres, ¿entonces de qué se trata?”.

Quizá algo haga que la humanidad entera centre sus baterías en un acontecimiento extraordinario. O quizá falten cientos o miles de años para entrar en contacto con otras formas de vida extraterrestre.

Quizá ambos bandos –científicos escépticos y ovnifílicos– deban dejar una rendija abierta. Como alguna vez dijo la astrónoma Julieta Fierro: “Hay un grupo de astrónomos muy grande en el mundo dedicado a la búsqueda de extraterrestres, los científicos seríamos los primeros a quienes nos encantaría saber cómo piensan otros seres, cómo se gesta la vida en el universo […] No hemos podido encontrar ninguna evidencia de vida aunque la busquemos todos los días del año. Si en realidad existen los ovnis, tarde o temprano se pondrán en contacto con los científicos y podremos ampliar nuestro universo de valores. Probablemente algunas cosas que ahora nos son importantes dejen de serlo”.

 

Por José Ramón Huerta