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El sueño de una nueva Biblioteca de Alejandría

La moderna biblioteca de Alejandría pretende recuperar el espíritu de la original como centro para el aprendizaje y el diálogo.

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La actual Biblioteca de Alejandría, en el puerto de Alejandría, situada en el punto de encuentro de Asia, África y Europa, al norte de Egipto, es una maravillosa resurrección de la famosa Biblioteca de Alejandría. En 1988 el gobierno egipcio y la Unesco, decidieron construir un espacio de referencia mundial de cultura, educación y ciencia.

La estructura futurista diseñada por el consorcio de consultores noruego Snohetta/Hamza con un techo hecho con paneles de vidrio inclinados hacia el mar que asemeja un reloj solar aloja al espectacular salón de lectura repartido en 11 niveles en cascada y con capacidad para dos mil lectores cómodamente sentados.

El edificio que puede albergar 20 millones de libros, mapas y archivos multimedia se puede recorrer mediante visitas guiadas en varias lenguas. El espacio cuenta con cuatro museos, una exposición interactiva del patrimonio cultural de Egipto, un laboratorio de restauración de manuscritos, un planetario y un centro de conferencias.

La biblioteca ha recibido donaciones de libros de particulares y gobiernos del mundo abierta a estudiosos de todas las culturas. Hoy, el recinto recibe alrededor de 800 mil visitantes cada año.

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Historia de la Biblioteca de Alejandría

Alejandría fue elegida por Alejandro Magno como la capital de su imperio en el año 320 a.C.,  y pronto se convirtió en la ciudad más influyente. La biblioteca original de Alejandría fundada por Ptolomeo I (Sotero) bajo la dirección de Demetrio de Falero fue templo, escuela, editorial y centro de investigación. Según algunas fuentes, la antigua Biblioteca de Alejandría con un inmenso depósito de manuscritos nunca desapareció. Tras el incendio atribuido a los romanos hace más de 1600 años, un número de volúmenes llevado de la Biblioteca de Pérgamo se sumó a la de Alejandría, como compensación por las pérdidas. El hecho envuelto en mitos constituyó uno de los más simbólicos desastres culturales de la historia, comparable tan sólo con la quema de libros que siguió a la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204. El golpe de gracia para la biblioteca llegó en el año 640, cuando el Imperio bizantino sufrió la arrolladora irrupción de los árabes y Egipto se perdió totalmente.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu