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¿De dónde vienen los nombres que elige la NASA para sus misiones?

Con el festejo de los 50 años de la llegada a la Luna y con la reciente noticia del plan de regresar a ella a cargo del programa Artemisa, parecía una opción obvia para casi todos. Pero, ¿de dónde vino el nombre del programa Apolo en primer lugar?, ¿por qué la NASA elige dioses griegos como nombres?

¿Tradición, Simbolismo Mitológico o un Sonido Genial?

“Los nombres dados a los proyectos y programas de vuelos espaciales no se originan de una sola fuente o método”, escribieron Helen Wells, Susan Whiteley y Carrie Karegeannes en el prefacio de su libro de 1976, Orígenes de los nombres de la NASA.

Sin embargo, Apolo y Mercurio específicamente fueron la creación de un hombre: Abe Silverstein. Formado como ingeniero mecánico, terminó trabajando dos décadas en el Comité Asesor Nacional para Aeronáutica (NACA) mejorando aviones y aviones, diseñando túneles de viento y sistemas de combustible, entre otras cosas.

Luego, en 1958, cuando NACA se convirtió básicamente en NASA , ayudó a liderar la transformación y emergió como el director de desarrollo de vuelos espaciales de la agencia estadounidense.

¿Cuántas misiones han llegado a la luna?

El propio Silverstein relató que, todo surgió a principios de 1960, justo después de dos acontecimientos: uno, la elección de nombre para el programa Mercurio (el primer programa espacial tripulado estadounidense) y dos, que Wernher von Braun –– uno de los más importantes diseñadores de cohetes del siglo XX –– escogiera a otro dios griego para nombrar a los cohetes Saturno, los cuales se usarían en el, aun sin nombre, programa Apolo.

Recordando a un dios griego

Silverstein recordó que en la escuela había estudiado sobre un dios que montaba un carro tirado por caballos alados. Algo lo suficientemente apropiado para los objetivos del programa propuesto e incentivado por el entonces presidente, John F. Kennedy, en el año de 1960:

“Hemos decidido ir a la luna. hemos decidido ir a la luna en esta década, y también afrontar los otros desafíos, no porque sean fáciles, sino porque son difíciles, porque esta meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y aptitudes, porque es un desafío que estamos dispuestos a aceptar, que no estamos dispuestos a posponer[…]”