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¿Sabes cómo surgieron los museos?

 

“Casa de las musas”, los museos son agentes de transformación social, además de ser depositarios de valores simbólicos que tienden lazos con las comunidades y construyen identidades.

 

Albert Lebourg/ El Louvre y El puente de las Artes Óleo sobre lienzo. Marco de madera tallado y policromado, doble bisel con aplicación de hoja de oro

 

En la Babilonia del rey Nabucodonosor II, dentro del palacio se encontraba el llamado “gabinete de maravillas de la humanidad”, remoto antecedente del museo con obras producto de los botines de guerra. Por su parte, dentro de las pirámides egipcias se reunían objetos que facilitaban la vida más allá de la vida. El primer “museo” fue organizado por Ptolomeo I Soter y su hijo Ptolomeo II Filadelfo, quienes consolidaron un sitio de encuentro de poetas, artistas y sabios, con observatorio, jardín botánico y zoológico, sin la exposición de obras.

En el siglo V a.C., la parte más sensible del Partenón fue consagrada para las musas, protectoras de las artes y de las ciencias. En el espacio se resguardaban objetos religiosos de valor trascendental. La cámara thesaurus, custodiada por sacerdotes pero de acceso público, fue heredada a la Roma imperial.

En plena Edad Media y hasta el siglo xiv, los conjuntos monacales primero y después los conventuales, como centros de conocimiento, buscaron reconstruir el mundo, preservarlo y ante todo evitar su alteración en las llamadas “cámaras o gabinetes eclesiásticos”.

El Humanismo propició la construcción del cuarto de estudio pero sin acceso al público. La valoración histórica, artística y documental hizo que se consolidaran espacios alentados por mecenas como la biblioteca de los Médici.

Se distinguieron los acervos naturalia, provenientes de la naturaleza, de los artificialia, con obras realizadas por el hombre. Giorgio Vasari proyectó el primer edificio concebido para albergar un museo: el Palacio de los Oficios Administrativos y Judiciales de Florencia, al tiempo que se codificaron de forma muy temprana las medidas contra la exportación ilegal de bienes.

En 1520, el obispo italiano Paolo Giovio llamó “museo” al espacio en el castillo lombardo de Como, para conservar y exhibir colecciones de retratos, armas y libros.

Hacia 1565 el médico holandés Samuel von Quiccheiberg publicó el Theatrum sapientiae, considerado el primer tratado de museología, y en el centro de Europa apareció el Gabinete de curiosidades. A las clasificaciones se sumaron la exótica y la scientifica.

La formación de grandes capitales devino en la apertura de espacios públicos en los que a través de los objetos se tenía acceso a la realidad colectiva, aunque descontextualizada de su producción. Así nació en 1683 el Museo Ashmolean en Oxford.

En París, Jean-Baptiste Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV, ya había distribuido la pinacoteca del rey por los palacios del Louvre desde 1681; asimismo, ocupó las Tullerías y Versalles. Con interés ilustrado, en 1789 se organizó el Museo del Louvre y el 10 de agosto de 1793 abrió como Museo de la República y Museo Central de las Artes.

Los antecedentes en nuestro país se remontan a 1790, con la apertura del Gabinete de Historia Natural de México, espacio dedicado a la biodiversidad más sobresaliente de Nueva España y que se ubicó en el 188 de la calle de Plateros, hoy Madero. Hacia 1825 Guadalupe Victoria, asesorado por Lucas Aalamán, fundó el Museo Nacional, primer espacio en su tipo del continente americano. Durante el Segundo Imperio de Maximiliano y Carlota, en 1865 se abrió el Museo Público de Historia Natural, Arqueología e Historia. Cinco años después se inauguraría el Museo Metropolitano de Nueva York, EU, con las más variadas colecciones bajo el modelo francés de un espacio educador.

El Consejo Internacional de Museos nació en 1945 y la definición de “museo” vendría en el tardío 1992: institución permanente, sin fines lucrativos, al servicio de la sociedad que conserva, comunica y presenta testimonios materiales del hombre y su medio, con el fin de estudiarlos, educar y propiciar el deleite del patrimonio material cultural.

 

Por Alfonso Miranda Márquez