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Malintzin, una mujer de Estado

Denostada durante siglos como una traidora, esta mujer está siendo revalorada en su papel político como figura esencial en la formación del territorio que siglos después se convertiría en el actual México.

 

En octubre de 1519, el conquistador Hernán Cortés junto con sus soldados y los aliados tlaxcaltecas aguardaban en Cholula mientras trazaban la mejor ruta para ir a la gran Tenochtitlan, luego de que meses atrás habían tocado Cozumel. De inicio los españoles y sus acompañantes fueron recibidos espléndidamente, pero todo cambió con el trascurrir de los días: los anfitriones dejaron de proveerlos de alimentos, se mostraban recelosos y hasta retadores, cosa que hizo sospechar a los huéspedes. No les faltaba razón, pues la traición se respiraba en el ambiente; apostados en las afueras de la ciudad, 20,000 hombres esperaban la orden para exterminarlos.

Bernal Díaz del Castillo relata este episodio en el capítulo LXXXIII de su Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España. Detalla cómo doña Marina, la intérprete indígena de Hernán Cortés y figura fundamental en la llamada Conquista, se encontró con la esposa de un cacique, quien le advirtió lo que harían con los españoles esa noche o en los próximos días. Malintzin informó a Hernán Cortés sobre la sorpresa que les preparaban y, de acuerdo con el cronista-soldado, esto dio pie al episodio conocido como la matanza de Cholula donde murieron miles de personas.

De este tipo de sucesos se valió la historia oficial para esgrimirlos como prueba fehaciente de que una mujer, según ellos, traicionó a “los suyos”. Desde entonces el nombre de Malinche, Malinalli, Malintzin o Marina (según la fuente de que se consulte) empezó a relacionarse con la traición. A partir del siglo XIX y principios del XX los historiadores empezaron a denostar su participación en este episodio histórico.

Octavio Paz, en la primera edición de El laberinto de la soledad, en la década de los cincuenta del siglo pasado, consigna el éxito que estaba teniendo “el adjetivo despectivo ‘malinchista’, recientemente puesto en circulación por los periódicos para denunciar a todos los contagiados por tendencias extranjerizantes”. No es de extrañar que la Real Academia Española lo defina como la “actitud de quien muestra apego por lo extranjero con menosprecio de lo propio”.

Para la nueva historiografía mexicana es tiempo de hacer justicia a este personaje que puede ser todo, menos traidora. “La visión de Marina como una traidora es completamente falsa, no se sustenta en ninguna fuente histórica de la época y mucho menos en lo que nos ha mostrado el conocimiento de los pueblos indígenas”, señala de manera categórica en entrevista para Contenido, la historiadora y doctora en Estudios Latinoamericanos por la UNAM Berenice Alcántara Rojas.

No hay que olvidar, de acuerdo con la también investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, que en la zona central de Mesoamérica donde Marina habitaba había una gran cantidad de pueblos, que hablaban lenguas diferentes, con diferentes formas de organización social y tipos de gobiernos y donde algunos gobernantes se habían unido para formar alianzas y conquistar a otros; particularmente en el centro de México se había formado lo que se conoce como la Triple Alianza encabezada por Tenochtitlan, Tacuba y Texcoco, para hacerle la guerra a sus vecinos y obtener de ellos tributos, a veces en forma de trabajadores, de fuerzas militares pero sobre todo en especie. De ahí que cuando un pueblo era conquistado, tenían que interactuar con los embajadores y recaudadores de la Triple Alianza, lo cual generaba muchos malos entendidos.

La investigadora Alcántara reafirma: “Entre estos distintos pueblos no existía ningún tipo de lealtad, no existía ningún compromiso. En ese sentido, Marina no traiciona a nadie porque ella no forma parte de la misma unidad política de la cual formaban los mexicas, que son a los que se vence durante este primer proceso”.

De acuerdo con el doctor Pablo de Ballester: “El dilema que acosó a esa mujer admirable no fue el de la traición o de la fidelidad hacia un poder ajeno y extraño, sino el de aprovechar o no la oportunidad de liberar a su gente, sojuzgada. Y optó por la liberación en un mundo sometido” (ver La verdadera Malinche, Contenido, Feb. 2001).

Federico Navarrete Linares, historiador e investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, en entrevista afirma que para Malintzin no hubo dilema, “porque no había que tener una fidelidad a una sociedad que la había despojado, esclavizado y probablemente la había sometido a todo tipo de abusos, de agresión, como sucedía con las mujeres esclavas en México, España y cualquier lugar del mundo en esa época. Ella, como mujer oprimida y esclavizada realmente no tendría por qué tenerle lealtad a un pueblo. En cambio lo que sí vio con los españoles fue la oportunidad de un crecimiento, inclusive alguna venganza y los españoles le dieron una oportunidad que la sociedad indígena de la época no le daba”.

La llave de entrada

El soldado cronista Bernal Díaz del Castillo describió a Malinalli en el capítulo XXXVII de su historia como “cacica e hija de grandes señores y señora de pueblos y vasallos”; hija de un noble llamadoTenépal o Teotingo, hombre de gran poder en Oluta, Veracruz y de la bellísima Cimátl, quien a la muerte de su esposo se casó nuevamente y del segundo matrimonio nació un hijo al que los padres decidieron heredarle todo. De acuerdo con Bernal, Malinalli les estorbaba, razón por la cual decidieron venderla y propagaron la versión de que había muerto.

Los orígenes de Marina no son tan claros, precisa la doctora Alcántara Rojas, pues se desconoce el nombre con el que nació o le dieron sus padres, y se sabe por testimonios de sus descendientes que Malintzin nació, efectivamente, en la región de Veracruz llamada Oluta.

¿Cómo llegó de Oluta a Centla, hoy Tabasco? El testimonio de Bernal Díaz del Castillo en ocasiones es la única referencia para explicar los pasajes oscuros. Por él sabemos que la muchacha pasó de Oluta a Xicalango, punto de reunión de los comerciantes y finalmente a Centla, posiblemente vendida como esclava, cuando tenía entre 15 y 18 años de edad, donde fue esclava del señor de Potonchán.

En su cautiverio la joven Malinalli sobresalió porque lejos de lamentarse por convivir con indígenas de otra raza, buscó aprender las costumbres y la lengua maya. La sorprendió, como a sus pares indígenas, la llegada de los españoles que eran vistos como dioses, sin embargo, la joven fue de las primeras en percatarse de la fragilidad humana de los extraños.

Cuando los españoles tuvieron una de las primeras batallas en Centla, el derrotado señor de Potonchán entregó como tributo a los vencedores 20 doncellas, entre ellas Malinalli para que hicieran las tortillas, de acuerdo con el testimonio de Andrés de Tapia. Otros dicen que los naturales pensaban hacerles un gran servicio a los españoles ya que los veían sin mujeres.

Las jóvenes fueron bautizadas el Domingo de Ramos por el fraile Bartolomé de Olmedo y tal vez por la resonancia del nombre la bautizaron como Marina.

De entrada Cortés no la tuvo bajo su cuidado sino que la dio a un influyente amigo suyo, Alonso de Portocarrero.

La investigadora Alcántara dice que en Malintzin se conjugaron una serie de coincidencias que hicieron que pudiera llegar al lugar en el que estuvo, sumado a su fuerte personalidad, lo que Bernal Díaz del Castillo llamaba ser entrometida. Por sí misma decidió fungir como traductora cuando se presenta el problema de comunicación, cuando la expedición de Cortés comienza a interactuar con los pueblos del centro de México, de la costa de Veracruz y se da cuenta que no pueden entenderse porque Jerónimo de Aguilar sólo habla algunas variantes del maya. “Marina pudo haberse quedo callada, no tenía por qué decirle a nadie que ella de niña había aprendido náhuatl, sin embargo, se hizo notar y comenzó a realizar por sí misma esta labor para la que nadie la obligó”, añade Alcántara.

El talento de Marina no pasó desapercibido para Cortés que, “como buen oportunista o jugador de póker, que está jugando todo su patrimonio y su vida en este juego de cartas, vio que Malinche tenía algún tipo de carisma que impresionaba a los indígenas y decidió aprovechar esta capacidad lingüística porque era su llave de entrada al mundo indígena” refiere Federico Navarrete.

Juego lingüístico

Cuando Marina empezó a interactuar con embajadores que venían de sociedades nahuas y también con los totonacos, ellos intentaban reproducir su nombre, pero como en el náhuatl no existe el fonema “r” la llamaban Malina. Como era una figura de importancia, clave dentro de este proceso de negociación, se comenzaron a referir a ella con respeto añadiendo el sufijo “tzin” entonces la nombraban Malintzin. Los españoles, al oír que los indios le dicen Malintzin, y como el sonido “tz” no es común en el español, utilizan la “ch” de ahí que la llaman MalincheFuente: Berenice Alcántara.

Diosa conquistadora

Al principio para que Cortés se entendiera con los indígenas se daba una cadena larga: Cortés habla con Aguilar, que traduce lo que dice la Malinche quien a su vez habla con los interlocutores del náhuatl, lo cual se simplifica cuando la traductora empieza a aprender español.

Marina se convierte en la “lengua oficial” de Cortés; sin ella el conquistador no puede entender a los indios. No sólo adquirió fuerza en el terreno político sino también en el sentimental, pues mantuvo una relación estable con el conquistador de 1519 a 1524.

El lingüista e historiador Tzvetan Todorov en su libro La Conquista de América. La cuestión del otro señala: “Sin epilogar sobre la forma en que los hombres deciden el destino de las mujeres, podemos deducir que esta relación tiene una explicación más estratégica y militar que sentimental: gracias a ella, la Malinche puede asumir su papel esencial. Incluso después de la caída de México, vemos que sigue siendo igualmente apreciada”.

Con una postura similar Federico Navarrete, autor de México racista. Una denuncia, señala que se debe despojar de la creencia de que Malintzin se enamoró de Cortés y “de todas esas ideas románticas que ciertas escritoras como Laura Esquivel han desarrollado, porque para empezar no hay el menor indicio que la relación de Cortés con Malinche tuviera el menor elemento sentimental y, por otro lado, se le subordina otra vez al macho español y se le quita su capacidad de acción, su fuerza como mujer indígena”.

En el plano político su figura ganaba importancia. José Antonio Crespo en su libro Contra la historia oficial refiere que Cortés la llevaba durante sus expediciones de reconciliación con los diversos jefes derrotados para ir preparando el terreno de la pacificación. Pablo de Ballester acota: “Al disponerse Cortés a penetrar en el interior de México necesitó indefectiblemente a doña Marina para que lo guiara, para que le explicara y para que lo explicara a los demás”.

La doctora Alcántara resalta “se puede inferir que de joven perteneció al estrato noble de una sociedad náhuatl porque dominaba esas formas de discursos propias de la nobleza que fueron las que le permitieron establecer las alianzas que ella llevaría a cabo después”.

La madre del mestizaje

Considerar a la Malinche como la madre del mestizaje es un asunto que se debe revisar. Esta idea de finales del siglo XIX no tiene sustento biológico-ideológico real, no puede ser precursora de un fenómeno que en realidad no sucedió. El hecho de que Marina haya tenido un hijo con Hernán Cortés y se le presente como arquetipo de lo que se supone fue el mestizaje a nivel general, es erróneo. Martín Cortés se consideraba español, independientemente de que tuviera una mamá indígena. En la sociedad mexicana colonial hubo mucho menos mestizaje de lo que dice la leyenda. A finales de este periodo los mestizos no eran más del 10 o 15% de la población, pues muchos de los mal llamados mestizos en realidad eran indígenas que habían dejado sus pueblos, vivían en la ciudades y hablaban español.  Fuente: Federico Navarrete

Estratega militar

Ya para septiembre de 1519, cuando los españoles marcharon a Tlaxcala, el estudioso Barjau especifica: “Malina había aprendido el lenguaje militar, sobre todo las órdenes con redoble de tambor y las instrucciones del corneta, para trasmitirlos a los escuadrones de cempoaltecas”.

No es de extrañar que en varios de los códices la representación de Malinalli tiene una gran importancia. Por ejemplo, los tlaxcaltecas le dieron atributos de una diosa, mientras que en el escudo de Tabasco aparece como la figura principal. Diego Muñoz Camargo, en su Historia de Tlaxcala, describe a Malintzin “hermosa como diosa, porque hablaba la lengua mexicana y la de los dioses, y que por ella se entendía lo que quería y que se llamaba Malintzin”, de ahí que en Tlaxcala la montaña Malinche lleve su nombre.

Es común que en los muchos libros de historia que tratan sobre el asunto de la Conquista sólo se refieran al ejército español sin tomar en cuenta a los indígenas a los que a menudo se les ve como una masa compacta. La doctora Berenice Alcántara precisa que “los indígenas no eran comandados por los peninsulares, cada pueblo aliado llevaba su propia tropa y sus propios generales”.

Malintzin fue el gozne que permitió esta unión debido a que estaba presente en las negociaciones y permitía que los hombres se pusieran de acuerdo a pesar de sus diferencias. “No solamente va a traducir, va a interactuar como mediadora política porque se da cuenta de lo que pasa, los hombres que formaban parte de los ejércitos pertenecían a culturas completamente diferentes, a distintas tradiciones sobre cómo se hacía la guerra y cómo funcionaba la política, y los hace ponerse de acuerdo y colaborar”.

La Conquista en tiempo real

En marzo de este año un grupo de académicos e historiadores de la UNAM lanzó el proyecto Noticonquista donde a través de redes sociales, principalmente en Twitter (@noticonquista), da cuenta de los sucesos de la Conquista en “tiempo real”. De igual manera, en abril un colectivo de mujeres creó la cuenta @Malintzin_NC para darle la voz a doña Marina, curiosamente su primer tuit apareció el 15 de abril, fecha en que Marina conoce a Hernán Cortés.

El nuevo Estado

En noviembre de 1519 Cortés, su pelotón armado y varios soldados aliados fueron recibidos en Tenochtitlan por el emperador Moctezuma, quien hizo caravanas a los visitantes. Ya en privado y a una señal del conquistador Malinalli empezó a reclamarle al gobernante del imperio tenochca sus falsas cortesías haciéndolo responsable de la muerte de varios españoles en Veracruz, y de paso reprocharle por la matanza de Cholula. Incrédulo y furioso el tlatoani al que sus súbditos no podían ni mirar a los ojos, no concebía que una mujer le hablara de esa forma. Estupefactos, los miembros de la corte observaban la escena, que empeoró cuando los soldados apresaron a Moctezuma, a pesar de que él aseguraba que iba por su propia voluntad.

Otro cronista, fray Bernardino de Sahagún, sugirió que durante el famoso tormento a Cuauhtémoc fue Malinche quien tradujo e interrogó a los testigos.

Barjou escribió: “Era la encargada de negociar cualquier asunto, grave o cotidiano, con los principales de todos los reinos y con sus más altos príncipes, la de organizar a todos los aliados y vencidos en la gesta conquistadora”.

Para Navarrete, en esta revisión del papel de Malinche llama la atención la forma en cómo la ven los indígenas y los mismos españoles. Algunos códices la pintan adelante del conquistador y en otros aparece como más grande e interesante que Cortés. De lo que no hay duda, considera el investigador, es que ella ha sido una de las mujeres con mayor importancia política en la historia de lo que luego se llamaría México.

Se sabe que los indígenas, incluido el mismo Moctezuma, llamaban Malintzin a Cortés, es decir, le daban el nombre de la mujer. Para Navarrete, Malinche fue “la mediadora que permitió la entrada de los españoles y las alianzas, y en ese sentido sí es una mujer de Estado, que fue de alguna manera la catalizadora de un gran cambio político en Mesoamérica, que fue la incorporación de los españoles al Estado mexicano y la destrucción del dominio mexica”.

En el balance de la figura de Malintzin, a 500 años de la llegada de los españoles, la doctora Alcántara llama a revalorar a esta mujer de gran carácter y personalidad que realizó una labor de mediación política fundamental para terminar con los mexicas y con el dominio tributario sobre ellos, un deseo de muchos pueblos indígenas. También es la oportunidad para “acercarnos a los estudios históricos y tratar de comprender cómo eran estas sociedades que comenzaron a chocar e interactuar a partir de ese momento”.

Develando mitos

El documental Malintzin, la historia de un enigma, dirigido por Fernando González-Sitges y coproducido por Claro Video, la UNAM, Fundación UNAM, la Fundación Miguel Alemán, el Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano y la casa productora INMEDIA, pretende encontrar la esencia de una mujer que en un mundo de hombres cambió su tiempo y circunstancia. Para el historiador Navarrete se trata de un esfuerzo loable por criticar algunos mitos y presentar una visión más balanceada de Malinche y de otros protagonistas. Se puede disfrutar en la plataforma de Claro Video.

 

 

Por Alberto Círigo