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Una hondureña y sus dos hijos pequeños fueron interceptados este miércoles por la Guardia Nacional de México cuando intentaban cruzar la frontera con Estados Unidos, aunque el trato que les dieron fue diametralmente distinto al que mostraron en días pasados con otros migrantes indocumentados, constató la AFP.

A member of the Mexican National Guard helps a Honduran family on the banks of the Rio Bravo, in Ciudad Juarez, State of Chihuahua, Mexico, in the border with the US, on June 26, 2019. – Mexico’s president vowed Tuesday to investigate the controversial detention of migrants trying to cross the US border, saying the 15,000 troops he has deployed there have no such orders. (Photo by HERIKA MARTINEZ / AFP)

“Es algo muy duro porque uno lucha para obtener algo, pero cuando no se puede…”, comentó resignada al ser detenida por los uniformados la hondureña Johana García, de 23 años, que llegó a la inmediaciones del río Bravo -límite natural entre México y Estados Unidos-, a la altura de Ciudad Juárez, con sus hijos Kaleb de 10 meses y Aracely de cuatro años.

El fin de semana pasado, una fotógrafa de AFP capturó el momento en que dos mujeres y una niña fueron detenidas a forcejeos por miembros fuertemente armados de la Guardia Nacional, mientras intentaban cruzar el río Bravo a la altura de la misma ciudad, donde el afluente está seco.

La imagen causó indignación y encendidas críticas que apuntaron que la detención de estos migrantes constituye un muro invisible, en alusión a la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump de hacerle pagar a México una nueva muralla fronteriza que frene la migración.

La misma fotógrafa presenció este miércoles en el mismo punto un momento que parecía que iba a terminar igual que el forcejeo del fin de semana, pero no fue así.

Los militares se colocaron enfrente de Johana y sus hijos y sin tocar a nadie les pidieron que detuvieran su andar hacia la frontera con Estados Unidos.

Los militares custodiaron a los hondureños más de una hora hasta que llegaron elementos del Instituto Nacional de Migración que los llevó a un sitio que se negaron a revelar. Durante ese tiempo, los soldados, que dijeron tener órdenes de no tener contacto físico con los migrantes, les ofrecieron agua e incluso una soldado ayudó a Johana a cargar al pequeño Kaleb.

El episodio sucedió el mismo día en que los que los cadáveres de Oscar Alberto Martínez, de 25 años y de su hija Valeria, de un año y 11 meses, ambos salvadoreños, fueron entregados a sus familiares.

Los dos murieron ahogados el domingo al intentar cruzar el río Bravo a la altura de Matamoros, en el estado de Tamaulipas, donde el afluente tiene fuertes corrientes.