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El valor de la economía informal

La economía informal produce 23 de cada 100 pesos del PIB de México. Ha sido un “salvavidas” durante las épocas de crisis y ante la falta de empleo, no obstante, es caldo de cultivo para la corrupción y el bajo crecimiento económico de México.

Foto: Pxhere.com

Muchos comensales han disfrutado de los diversidad de platillos que ofrece una cadena de comida mexicana en la capital del país llamada La Casa de Toño. Sin embargo, pocos saben que este negocio nació un sábado del mes de marzo de 1983, cuando Antonio Campos, “Toño”, que entonces tenía 18 años, decidió sacar a la calle un anafre, un comal y algunos guisos elaborados por su madre, su abuela y Aurora, una persona muy allegada a la familia, en la calle Floresta, colonia Clavería, en la actual alcaldía de Azcapotzcalco.

Los precios, las porciones, el sabor, la calidez y rapidez de la atención encantaron al público y en breve el negocio creció tanto que Toño tuvo que establecerlo en el zaguán de su casa, a sólo unos metros de donde estaba su puesto en la calle. Así surgió La Casa de Toño. Pero el éxito no paró ahí. Gracias a la visión de este joven mexicano y la asesoría de expertos, el negocio pasó de la informalidad a la formalidad, que entre otras cosas, le permitió crecer de manera exponencial: actualmente cuenta con 49 sucursales en la Ciudad de México y su zona metropolitana.

“En México, 45% de las empresas surge en la informalidad”, afirma Juana Ramírez, socia fundadora de la Asociación de Emprendedores de México (ASEM). Otros llevan el pan a la casa a través del “autoempleo, venta de productos por catálogo, estableciendo puestos en calles, tianguis, etcétera, y esta serie de actividades informales se ha convertido en el salvavidas de muchas economías como la de México”, afirma por su parte la maestra en población con especialidad en inmigración Esperanza Ríos.

Los números lo confirman: entre los años 2003 y 2017 el valor agregado que generó la economía informal contribuyó en promedio con 23% al Producto Interno Bruto del país (en algunas entidades como la CDMX genera 40% del PIB), refiere el estudio Medición de la economía informal del Inegi.

La Oficina Internacional del Trabajo (OIT), en su reporte Mujeres y hombres en la economía informal: un panorama estadístico, estima que 61% de la población ocupada a nivel mundial (unos 2,000 millones de mujeres y hombres) trabaja en la informalidad. En México 57% de la población ocupada –algo así como 30.5 millones– es informal según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo.

Matices y origen

La economía informal en México y en América Latina tiene su origen en la década de los cincuenta, producto de la industrialización y en consecuencia la pérdida de empleos, hecho que se agudizó con el paso del tiempo. “Los latinoamericanos somos muy creativos e ideamos diversas formas de supervivencia económica”, afirma la maestra Esperanza Ríos, también académica de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (UNAM).

En este contexto, sugiere Ríos, la informalidad ha tomado dos matices:

 

  1. La informalidad dentro de la formalidad, que ocurre cuando los trabajadores a pesar de laborar para una empresa formal no cuentan con los derechos o prestaciones que por ley les corresponden, o bien trabajan pocas horas y su salario es muy bajo, por lo que tienen que completarlo a través del empleo informal.

Con otra variante, las empresas de venta por catálogo que ofrecen “empleo” a través de la oportunidad de vender sus productos, pero a pesar de que hay una empresa fuerte y consolidada atrás, los empleados no reciben ningún tipo de protección o prestación y a cambio adquieren compromisos y deudas.

 

  1. El autoempleo, donde la persona ante la falta de fuentes laborales decide emprender un negocio u ofrecer sus servicios sin registrarse. De acuerdo con la OIT, en el mundo1% de los trabajadores por cuenta propia son informales. En Europa y Asia Central la tasa es menor, 60%.

 

Entre los factores que contribuyeron y aún hoy agudizan la falta de empleo se encuentran las tecnologías que reducen la utilización de mano de obra, y la globalización y el aumento de la competitividad, lo cual “obligó a las empresas a basarse en modalidades de trabajo atípicas y no regulares que son más económicas para los empleadores, pero aumentan la precariedad de los trabajadores”, señala el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados (CEFP) en su informe Impacto fiscal de la economía informal en México.

La falta de seguros de desempleo es otro factor agravante, pues a decir de la maestra Esperanza Ríos, los seguros permiten la supervivencia del trabajador y su familia en tanto este consigue empleo: “En América Latina cuando se escribieron las primeras leyes de protección al trabajador la mayoría pertenecía al sector agrario y no se consideró”.

El bajo nivel educativo resulta otro factor clave pues, de acuerdo con la OIT, si bien la educación no es garantía de acceso a un empleo formal y más productivo, a escala mundial se observa que a mayor nivel de educación, menor nivel de informalidad. No obstante, también cifras de la OIT reportan un panorama difícil: poco más del 7% de los trabajadores en empleo informal en todo el mundo han alcanzado el nivel de educación terciaria. Este hecho da lugar a otra variante de la informalidad: el emprendimiento y al autoempleo fuera de la ley.

A decir de Juana Ramírez, de la ASEM, lo anterior obedece principalmente a la excesiva y costosa tramitología que existía para hacerse formal. Hasta hace algunos años –continúa– el trámite para dar de alta un negocio tardaba hasta 70 días y costaba alrededor de 45,000 pesos. Y no hay que olvidar que en México sólo 2% de la población gana más de 20,000 pesos mensuales.

Bajo esta óptica la informalidad era la “opción” pues permitía, con una pequeña inversión, iniciar un negocio con ganancias a corto plazo, pero con un gran obstáculo para crecer.

De acuerdo con la Canaco, la proliferación de la informalidad también se fomenta por el uso de grupos de vendedores ambulantes para fines políticos electorales e incluso las propias empresas formales promueven la informalidad pues venden al ambulantaje productos defectuosos que de otra forma les generarían perdidas.

La economía informal en el mundo

  • África 85.8%
  • Asia y Pacífico 68.2%
  • Estados árabes 68.6%
  • América 40.0%
  • Europa y Asia Central 25.1%

Fuente: OIT

 

Contribución de la economía informal al PIB mexicano

Año % del PIB producto de la economía informal
2003 23.6
2005 23.8
2007 23.5
2009 24.4
2011 23.1
2013 23.6
2015 22.8
2017 22.5

Fuente: Inegi

 

La informalidad en números

  • El 18% del empleo en América del Norte y 53% en América Latina y el Caribe es informal.
  • El 43% de los empleados informales trabajan en el sector formal y 15% en los hogares.
  • La tasa de informalidad es mayor para las mujeres (54%) que para los hombres (52%), mientras que la tasa de informalidad es de 46% en la población joven y de 40% para los adultos.
  • El 53% de la población ocupada de las zonas rurales y 36% de las zonas urbanas está en el empleo informal.
  • La informalidad representa 76% del empleo en la agricultura, 38% en la industria y 36% en los servicios.

Fuente: OIT

Claroscuros

Como todo fenómeno social, la economía informal tiene aspectos positivos y negativos. Entre los primeros se debe resaltar que además de ser un contenedor de crisis y un paliativo ante la falta de empleo, moviliza la industria local. Por ejemplo, un grupo de fabricantes de tamales dinamiza la producción de tomate, masa, carbón, entre otros productos, indica la maestra Esperanza Ríos, de la FES Acatlán.

Y de acuerdo con el Consejo Coordinador Empresarial, se dan casos en que los informales ganan 62% más que aquellos que están en la economía formal.

Sin embargo, algunos consideran que son mayores las consecuencias negativas: a nivel individual la persona no adquiere los derechos laborales que le garanticen seguridad social, descanso y pensión. Y una enfermedad puede mermar la economía de una familia.

Desde un enfoque fiscal, señala el reporte del CEFP, toda persona que labora o emprende proyectos en la economía informal genera pérdidas respecto a la recaudación fiscal potencial que puede alcanzar la hacienda pública federal.

De acuerdo con la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco) y la Cámara de Comercio, Servicios, Turismo en pequeño (Canacope) la informalidad provoca pérdidas a los negocios establecidos que van desde 285 millones de pesos hasta 3,600 millones anuales.

La economía informal se asocia con productos de baja calidad y sin garantía, fomenta la piratería y la corrupción, pues se forman guetos de vendedores ambulantes que pagan cuotas, mismas que se concentran en manos de líderes o funcionarios en vez de entrar al fisco, considera la maestra Esperanza Ríos.

De acuerdo con la Canaco, 60% de la mercancía que se comercializa en las calles de la CDMX es robada o pirata, y 40% son productos que entraron de manera ilícita al país. Lo peor, asegura la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es que las ganancias obtenidas por la piratería financian al crimen organizado y la corrupción.

Además la piratería y falsificación, de acuerdo con la American Chamber of Commerce México (Amcham) cuestan al país 43,000 millones de pesos y provocan una pérdida recaudatoria de 6,000 millones.

Los remedios y los trámites

Concuerdan los entrevistados que, como ocurre con cualquier problema provocado por diversos factores, la industria informal requiere de soluciones sistémicas.

Un estudio realizado por la Asociación Mexicana de Administradoras de Fondos para el Retiro (Amafore), dio cuenta de que 75% de los trabajadores de la economía informal quieren ser formales, incluso ganando menos de 10,000 pesos mensuales siempre y cuando se les otorguen las prestaciones laborales de ley (seguro social, Infonavit y afore).

Explica la maestra Esperanza Ríos que “bajo el sistema neoliberal, se ha creado una estrategia un tanto funcional que es el outsourcing, que consiste en la subcontratación de empresas que envían trabajadores que cuentan con las prestaciones de ley.

“La ventaja para las empresas es que se deslindan de la responsabilidad de los trabajadores que otorgan su talento. El trabajador recibe, por parte de la empresa subcontratada, prestaciones de ley y no pierde su antigüedad y tiene la oportunidad de ser contratado directamente por la empresa si esta gusta de su capacidad”. Asimismo reconoce que bajo este esquema se pierden prestaciones de ley como el incremento de vacaciones por año, caja de ahorro o algún otro beneficio extra, pues la mayoría de las empresas outsourcing ofrece sólo las prestaciones básicas.

Otra vía para luchar contra la informalidad ligada a la carencia de empleo, documenta la maestra Esperanza Ríos, es el impulso al seguro de desempleo, que ya empieza a generar eco en México.

En cuanto el autoempleo, agrega la académica, la otra opción para salir de la informalidad es capacitarse, dejarse guiar por expertos y tener una visión empresarial tal como lo hizo el fundador de La Casa de Toño, quien comprendió que la formalidad le otorgaba beneficios a él, a sus empleados y a sus clientes, además de capacitar a su personal y cuidar la calidad de sus productos y escuchar, a través de encuestas, las necesidades de sus consumidores.

“No obstante, también parece importante reconocer que en México todavía existen elementos burocráticos que han frenado el emprendimiento formal”, afirma Juana Ramírez, quien señala que desde su creación la ASEM se ha dado a la tarea de impulsar leyes que fomentan el emprendimiento formal. El primer fruto fue la Ley General de Sociedades Mercantiles (LGSM) que entró en vigor en septiembre de 2016 y permite crear empresas en un día y sin costo, gracias a la incorporación de la Sociedad por Acciones Simplificada (S.A.S.) como nueva especie de Sociedad Mercantil.

El segundo gran impulso fue la Ley de Reemprendimiento, que entró en vigor en julio del 2018, y tiene como objetivo resolver la tramitología y costos del cierre de un negocio. “Hoy siete de cada 10 emprendimientos cierran en los primeros cinco años y además deben invertir más de seis meses de trámites y hasta 60,000 pesos de costos notariales, lo que representa tres veces más de tiempo y dinero que abrirla. Con esta reforma, el procedimiento se realiza vía internet sin costo y en un plazo de dos meses”.

De acuerdo con una encuesta realizada por la ASEM, de los emprendedores que han cerrado al menos una empresa, sólo 12% ha formalizado el trámite ante notario. De ellos, 716% pagó hasta 40,000 pesos y a 43% les tomó más de tres meses finalizar los trámites. “Este gasto de tiempo y dinero obstaculiza la posibilidad de que vuelvan a emprender” puntualiza Juana Ramírez.

Los números no mienten. Desde el 2016, con la entrada en vigor de la LGSM “se han logrado constituir 22,000 nuevas empresas cuyos emprendedores se han ahorrado más de 300 millones de pesos en trámites”, señala Juana Ramírez, quien añade que todavía hace falta mucho por hacer y para ello han desarrollado un Emprendecálogo que plantea 10 puntos clave para impulsar el emprendimiento formal.

Ramírez asegura que la sobrevida de una empresa que se constituye desde el inicio en la formalidad se duplica respecto de aquellas informales pues, entre otras cosas, tiene acceso a crédito y apoyos financieros gubernamentales y privados. Además resulta mucho más sencillo si tiene algún problema de tipo legal.

“En México existen cinco millones de empresas constituidas de las cuales 4.3 millones son micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) que generan 72% de los empleos y 52% del PIB. ¡Imagínense el potencial que se tendría si 45% de los emprendimientos que nacen informales fueran formales! México alcanzaría niveles de crecimiento muy importantes, de ahí que hoy más que nunca debemos impulsar la formalidad”, concluye Juana Ramírez.

Foto: Pxhere.com

Millones en el subempleo

Ante la falta de oferta de empleos, los profesionistas se ven obligados a emplearse en un trabajo, oficio o puesto inferior (en lo económico, en horas de trabajo o en prestigio) al que les correspondería con base en sus capacidades, experiencia y estudios. Ellos están en el subempleo. Datos del Inegi reportan que actualmente hay 807,232 personas con estudios de medio superior y superior desocupadas (o al menos que no reportan trabajo fijo); de hecho, 3.4% de la población económicamente activa, es decir 1.8 millones de mexicanos, están desempleados. Para detener este fenómeno y generar el millón de empleos que demanda el mercado actual, México requeriría crecer a una tasa anual de 5% durante cinco años consecutivos.

Fuente: Inegi e Instituto Belisario Domínguez

 

¿A qué se llama informalidad?

Mexicanos que venden, compran, reparan, fabrican, prestan servicios sin inscribirse en ninguna oficina de gobierno ni gestionar permisos, licencias, ajustarse a códigos; un mundo más allá de la Secretaría de Hacienda pero que sí tienen que dar mordidas, pagar a líderes, alcaldías, inspectores.

 

¿Formalizar a los informales?

Desde programas que invitaban a los informales a regularizarse a través de beneficios como seguridad social o vivienda, la creación de plazas con servicios para reubicarlos, pasando por la persecución, han sido intentos gubernamentales para acabar con la informalidad pero ninguno ha funcionado. El nuevo gobierno pretende atacar el problema creando más empleos y propone:

 

  • Mejorar el crecimiento económico: a través del incremento en la inversión pública en infraestructura, para generar condiciones que motiven un mayor crecimiento económico, la creación e inversión privada y más empleos.

 

  • Reforma fiscal: para simplificar la tramitología en torno a los negocios formales.

 

  • Transparencia y austeridad: pues considera que si un ciudadano sabe que su dinero no se lo van a robar los gobernantes asumirá el compromiso.

 

  • Aumentar la recaudación fiscal sin subir impuestos: reducción en 60% del dinero federal destinado a estados (Ramo 33), para que ellos encuentren nuevas formas de recaudar impuestos y este dinero se destine al gasto social y la inversión pública.

 

  • Combate a la ilegalidad: persiguiendo no al ambulante sino a prácticas como evasión de impuestos, esquemas de lavado de dinero, el crimen organizado, y otras.

 

  • Educación: para sacar a los jóvenes de las calles, donde son presa fácil para el crimen organizado y el trabajo informal.

Por Mariana Chávez