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¿Cómo afectará a nuestros empleos la inteligencia artificial?

Desde hace algunos años la inteligencia artificial gana terreno en muy diversos sectores e industrias, al grado que causa revuelo sobre sus posibles alcances en la vida cotidiana. ¿Podrá una combinación de algoritmos y programación sustituir a los humanos en el mundo laboral?

 

No es la primera vez que leemos que la tecnología, la ciencia y la informática están evolucionando a pasos agigantados para transformar nuestra vida. Centros gubernamentales y laboratorios de empresas y universidades desarrollaron máquinas que simulan la inteligencia humana para resolver algunos problemas básicos. Sin embargo, en fechas recientes este modelo migró hasta conseguir realizar con éxito tareas más complejas, de ahí que saltaran algunas alarmas para preguntarnos si la inteligencia artificial (IA) será capaz de sustituir a los humanos en la realización de algunos trabajos.

Una búsqueda normal en Google, escanear una canción de la radio a través de una aplicación o app, hablar con el asistente virtual de un teléfono inteligente o pedirle a Alexa de Amazon que busque el clima en la ciudad son ejemplos de cómo la IA gana terreno en las tareas cotidianas más comunes, donde no sólo ofrece un servicio sino que también aprende de nuestra interacción con ella.

Y esa es precisamente la clave de la evolución de la IA: estamos dejando de decirles a las máquinas o aplicaciones qué hacer y les estamos mostrando qué aprender, concluyeron especialistas en reuniones como la celebrada en 2017 en el centro de conferencias de la ciudad costera de Asilomar, California, para discutir de qué forma la nueva inteligencia debe ser beneficiosa para el ser humano.

 

Con intervención humana

El primer paso para saber si la IA puede o no tomar el trabajo que los humanos realizan es definir de lo que se trata. La IA “es una rama de las matemáticas que se encarga de implementar algoritmos de aprendizajes automáticos que pueden ser supervisados o no por personas”, explica a Contenido Vicente Cubells Nonell, profesor del departamento de Tecnología de información y computación en el Instituto Tecnológico de Monterrey (Itesm). A su vez, el académico de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, Jesús Savage Carmona, complementa también en entrevista: “La IA es cuando se busca que una máquina haga lo que haría un humano para resolver un problema”.

Así pues, este resulta un sistema capaz de analizar datos en grandes cantidades para identificar patrones o tendencias que permiten formular predicciones de manera automática con rapidez y precisión. “Así lo hacen algunas marcas en redes sociales como Facebook, que implementa anuncios dirigidos a las personas […] y se hace con técnicas de procesamiento digital de señales; un sistema como este puede detectar los intereses de las personas”, explica el doctor Savage.

Pero una cosa es la definición y otra cómo percibe la gente la inclusión de la IA en las diversas industrias. Morning Consult, una prestigiosa firma de investigación estadounidense –y una de las de más rápido crecimiento–, realizó una encuesta en Estados Unidos entre 2,000 personas y destacó que casi 60% de la población está segura de que las tecnologías de IA reducirán las oportunidades de trabajo.

Tal percepción, sin embargo, cambia según la edad. Por ejemplo, mientras el promedio de los adultos con miedo a perder su trabajo por la IA es de 16%, la cifra se dispara a 23% en el rango entre 18 y 29 años. Se evidencia que los más tranquilos ante la llegada de tecnologías especializadas en automatización son las personas de más de 65 años. Lo ven lejano. El 89% de este grupo de edad está seguro de permanecer en sus puestos independientemente de la implementación de las innovaciones.

El nivel de estudios, según datos de la muestra mencionada, parece otro factor que sirve para identificar el miedo por la llegada de la IA. Un 38% de las personas con licenciatura y posgrado consideraron que la automatización ha sido más benéfica para la clase obrera; menos de una quinta parte de las personas sin licenciatura opinó de la misma forma. En promedio la gente no confía realmente en los efectos positivos de la tecnología inteligente, pues casi 50% de la población total considera estas innovaciones dañinas para el entorno laboral.

Sin embargo, la IA representa un buen negocio. Hasta finales 2018 el valor comercial a escala mundial era de aproximadamente 1.2 billones de dólares (millones de millones), un aumento de 70% contra el año previo. Se calcula que el monto derivado de las innovaciones alcanzará 3.9 billones dólares para 2022, según la firma consultora Gartner. Indicó que 37% de las empresas en el planeta ya implementaron de alguna forma la AI en sus procesos, lo que supone un aumento de 270% en apenas cuatro años.

Más allá de la desconfianza hacia la automatización inteligente y su potencial para mejorar las condiciones de sus ambientes laborales, los trabajadores, al menos en EU, no ven hoy mismo a la IA como competencia real por sus plazas. Sólo uno de cada cuatro individuos la considera el principal factor de riesgo en la pérdida de empleos en su respectiva industria. Resulta más preocupante para la población en general (57%) que las industrias decidan cambiar la sede para llevar la mano de obra a otro país.

El académico Cubells Nonell atribuye el miedo al desempleo por tecnología a una mala concepción de la IA: “Muchas veces las personas piensan que las computadoras hacen las cosas solas, que pueden aprender a hacerlo por su cuenta pero no es así, siempre tras la tecnología hay especialistas [humanos] que se encargan de programar los algoritmos que les permiten después a las computadoras desarrollar las tareas automatizadas”.

 

La IA es la facultad de razonamiento y desarrollo de conductas y actividades de un agente que no está vivo, conferida gracias al diseño y desarrollo de varios procesos estudiados y aplicados por los seres humanos, con la intención de que actúe como un ser humano.

 

 

Miedo antiguo

El temor a que la tecnología sustituya la mano de obra humana nació en el siglo XVII, con la Revolución Industrial, donde había trabajadores que se oponían a la utilización de máquinas en los telares e incluso llegaron a quemar fábricas debido a que pensaban que les quitarían sus empleos, refiere el doctor Savage Carmona. “No obstante, ello ha traído muchos beneficios para la humanidad, quizá no al principio –pues muchas personas perdieron su trabajo–, pero a largo plazo revolucionó la forma en cómo vivimos”, dice.

La primera Revolución Industrial, cuando por vez primera las máquinas de vapor y la mecanización se apoderaron de la industria, generó un temor no del todo infundado. Se anunciaba entonces el fin de la era del trabajo humano e incluso que el descubrimiento de ese gran poder llegaría mucho antes de que los hombres pudieran manejarlo. Esos mismos temores se ven hoy reflejados en quienes se preocupan por los avances de la inteligencia artificial sobre millones de puestos laborales y la manera como funciona la humanidad entera.

De forma similar sucedió con la agricultura, que ocupaba hace sólo dos siglos la mayor parte de la población activa mundial, puesto que se necesitaban muchas manos para trabajar la tierra. Primero llegaron las segadoras mecánicas y los arados tirados por caballos, que reemplazaron al trabajo manual; luego los tractores que reemplazaron a los caballos en el siglo XX, y después aparecieron las cosechadoras mecánicas, que hicieron disminuir radicalmente el uso de mano de obra en la agricultura. Pero ello no significa que los empleos ya no existan, sólo cambiaron de giro, tal como lo describe Andrés Oppenheimer en su libro ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización. Tal situación “requerirá que nos actualicemos mucho más y que en muchos casos nos reinventemos […]. La automatización del trabajo traerá consigo un enorme aumento de la productividad que nos beneficiará a todos”.

Historias similares se pueden contar de la fabricación metalúrgica, del armado de automóviles o de cientos de trabajos de oficina. En todos ellos, “las tareas más rutinarias han ido poco a poco automatizándose y desplazando así a una gran parte del trabajo empleado”, reconoce el profesor Cubells Nonell.

Otro ejemplo del pánico sobre el “desempleo tecnológico” fue el que apareció en la década de los sesenta, cuando las empresas empezaron a instalar las primeras computadoras, y en los ochenta, cuando estas finalmente aterrizaron en los escritorios de todo el mundo. Cada vez parecía más común que la automatización generalizada de puestos de trabajo era inminente. Pero “tampoco ocurrió nada”, confirma el doctor Savage.

En la mayoría de los ejemplos históricos, señalan los expertos, no se observó una gran cantidad de desempleados a causa de la tecnología tras los cambios. Todo lo contrario: a medida que aumenta la automatización, también aumenta la productividad y el empleo. Entender por qué y cuándo esto sucede así es importante debido a que ahora nos enfrentamos a grandes transformaciones a causa del avance de la inteligencia artificial.

Aprenden mucho y rápido

Pese a las múltiples alarmas encendidas entre trabajadores –y hay que decirlo, también entre notables científicos e innovadores, como Elon Musk, el fundador de Tesla– finalmente la IA logra establecerse en muchos campos y con ello arribar a un estadio de desarrollo extraordinario gracias a una técnica llamada “aprendizaje profundo” o deep learning, en inglés.

Esto es algo que ya se está trabajando en México, informa el académico del Tec de Monterrey. Con suficientes datos, las redes neuronales artificiales pueden ser entrenadas para hacer todo tipo de cosas: potencian motores de búsqueda de Google, el etiquetado automático de fotos de Facebook, el asistente de voz de Apple, las recomendaciones de compras de Amazon y los coches de autoconducción de Tesla (cierto; han acusado fallas con consecuencias fatales, por lo que aún es una tecnología en desarrollo).

La mayoría de la gente, de forma consciente o no, ya interactúa con la inteligencia artificial de forma cotidiana, por ejemplo al ir al banco, utilizar redes sociales, usar asistentes virtuales –como Siri o Alexa–, comprar por internet o incluso visitar un museo.

Vicente Cubells, quien además de catedrático es el director de tecnología en la empresa NDS Cognitive Labs, especializada en resolución de problemas con IA, explica que si bien es verdad que hay un número de empleos que se está perdiendo, en realidad están “migrando a resolver otro tipo de necesidades, la IA tiene la capacidad de realizar tareas básicas, pero son los humanos quienes programan los algoritmos que permiten automatizar las labores”.

Y utiliza como ejemplo los chatbots de la empresa NDS, un tipo de IA básica que resuelve dudas simples de los usuarios a través de conversación o chat. El especialista abunda: “Es una solución complementaria, el primer contacto con los usuarios […] cuando esta herramienta se ve rebasada en sus capacidades para resolver problemas, transfiere la información a un agente humano que tiene las habilidades de resolver las dudas”.

Este ejemplo podría reforzar el argumento de que en última instancia la tecnología creará más empleos de los que pudiera sustituir en determinado momento, como la automatización de las tareas de mayor demanda que están más allá de las máquinas. Otros casos los podemos encontrar en sucursales bancarias, en donde con la implementación de cajeros automáticos se abarató la apertura de nuevas sucursales que demandaron más empleos y mayor número de técnicos especializados en mantenimiento y reparación de estos centros automáticos de transacciones.

Una vez que se ha definido que la IA no puede existir sin la intervención de la mano del humano, ¿hasta qué punto puede afectar el mercado laboral, para bien o para mal? Los especialistas consultados por Contenido coinciden en que si bien posiblemente la IA llegue a un punto de evolución en el que sea capaz de resolver asuntos de mayor dificultad, llegar a hacer trabajos humanos se ve muy lejano, al menos no sucederá en el corto, mediano e incluso largo plazo.

Oppenheimer por su parte advierte que “hay un hecho indudable: las empresas hace dos o tres décadas empleaban más gente que las de nuestros días y daban muchas más prestaciones y servicios que en la actualidad […] La transformación a un mundo automatizado (con IA) será cruel y creará terremotos sociales como ya los está produciendo en muchos países industrializados”.

 

El hecho de que un trabajo tenga el potencial técnico para ser automatizado, no significa que así sucederá. Existen factores económicos, políticos, normativos y organizativos que podría bloquear o al menos retrasar la automatización.

 

Educación: Presente y futuro

A medida que la tecnología cambie las habilidades necesarias para cada profesión u oficio, los trabajadores tendrán que ajustarse. Esto significa que la educación y la formación profesional y académica deberán ser lo suficientemente flexibles como para poder enseñar nuevas habilidades de manera rápida y eficiente. Se requerirá un mayor énfasis en el aprendizaje permanente y la formación en los puestos de trabajo y un uso más amplio de la enseñanza en línea.

Andrés Oppenheimer coincide: “Tendremos que crear cuanto antes los remedios educativos y sociales para evitar que el desempleo temporal por la automatización se convierta en un terremoto social a largo plazo. Si no lo hacemos veremos un aumento en protestas contra la automatización”.

Cubells Nonell, por ejemplo, de la mano de NDS y del Tec de Monterrey, ofrece asesorías gratuitas para los trabajadores, pues reconoce el área de oportunidad que es la capacitación de los futuros empleados. “Los capacitamos [a los estudiantes y futuros trabajadores] para que cuando lleguen a la industria laboral tengan información útil en la materia […] nuestro interés es formar profesionistas capacitados en estas áreas, con ello podremos avanzar para que cada vez más empresas encuentren beneficios palpables en el mundo de la IA”, sostiene.

Es indiscutible que el desarrollo de nuevas modalidades de inteligencia en máquinas y servicios pondrá en jaque a muchas industrias y formas de hacer las cosas como hasta ahora se ha venido haciendo. Pero también, como indican los especialistas, necesitamos, mediante la educación y preparación en estos temas, dejar el alarmismo. La inteligencia artificial, dice el doctor Savage, significa un cambio similar al que venimos presenciando desde hace 250 años, pero “llegar al punto de que una IA desarrolle consciencia tomaría 300 años más”.

Y eso quizá signifique un cambio más rápido que requerirá una adaptación más veloz, y quizá una transformación para la cual muchos segmentos de la población tengan que adquirir nuevas habilidades.

Un cambio en buena medida similar al que ya el ser humano ha experimentado en el pasado.

 

Empleos que podrían desparecer por la implementación de IA

 

  1. Choferes

Los autos sin conductor que vemos en las películas de ciencia ficción han salido de la pantalla y empresas como Google, Apple, Uber y varias armadoras de autos chinas y occidentales trabajan constantemente en implementar transporte autónomo inteligente.

  1. Cajeros y ejecutivos de cuenta en bancos

Los servicios bancarios ya usan la inteligencia artificial. La banca virtual reemplaza las visitas al banco, así como los cajeros inteligentes que también son capaces de apoyar en diversas transacciones a los usuarios.

  1. Asistentes jurídicos

La implementación de sistemas robóticos en el sector de la justicia facilitará la búsqueda de información, ahorrando así tiempo a los abogados (y a sus clientes). Existen sistemas de inteligencia artificial que pueden revisar detalladamente miles de documentos jurídicos simultáneamente.

  1. Armadores de autos

Tan sólo de 2012 al 2014 el número de robots empleados en el proceso de construcción de autos ha incrementado considerablemente. Las empresas buscan satisfacer la alta demanda de automóviles reduciendo costos.

  1. Ejecutivo de call center

Debido a la alta demanda de atención que exigen los usuarios, las empresas han optado por la inclusión de chatbots, un sistema impulsado por inteligencia artificial que busca resolver problemas o dudas de los usuarios mediante el uso de chats, conversaciones.

  1. Cocina

Ya abrió en Boston el restaurante Spyce, un establecimiento de comida en el que no hay chefs: la cocina está totalmente automatizada por siete robots, quienes preparan los alimentos. El cliente pide a través de una pantalla táctil lo que desea dentro de un menú establecido, y el plato es preparado en siete estaciones con sartenes autónomos, que cocinan el plato. Al terminar se limpian automáticamente.

  1. Hoteles

Ya hay establecimientos en Japón donde todo está automatizado y manejado por robots con inteligencia artificial que atienden las demandas básicas de los huéspedes.

 

 

Los trabajos del futuro en la IA

 

  1. Asistentes de salud

A los trabajadores de la salud tradicionales se le sumarán nuevos especializados como los expertos en medicina robótica, ingenieros médicos, expertos en impresión 3D de órganos y tejidos, y farmacéuticos virtuales.

  1. Analistas de datos, ingenieros y programadores

Los datos serán el producto más valioso en unos años y quien los analice tiene su trabajo asegurado, incluso hoy podemos observar cómo instituciones financieras ya reclutan a quienes gracias a estudios en este segmento son capaces de localizar posibles nuevos clientes.

  1. Policías digitales

Actualmente la mayoría de los gobiernos destina un porcentaje de su presupuesto a grupos selectos encargados de velar por la seguridad digital de empresas y datos personales de la población general. Los hackers y piratas virtuales son cada vez más ambiciosos.

  1. Asesores de ventas

A medida que las tiendas físicas sean sustituidas por su versión en línea harán falta especialistas que puedan asesorar al público sobre las cualidades y precios del producto en cuestión.

  1. Cuidadores y programadores de robots

En apenas unos años, las ventas de robots se han disparado, sobre todo en Asia, de manera que se requerirán cada vez más ingenieros y mecánicos para darles apoyo técnico. Desde quien aceite los engranes hasta quienes diseñen, implementen y actualicen su software.

  1. Especialistas en energías alternativas

La creciente alarma mundial por el cambio climático y el abaratamiento de los costos de energías limpias, provocará que aunado a la creciente producción de robots y otras tecnologías crezca la necesidad de especialistas que desarrollen alternativas para el consumo.

  1. Académicos

Con la creciente automatización de los empleos harán falta profesores y maestros especializados capaces de adoctrinar a la gente en la utilización de robots para que puedan resolver tareas más sofisticadas.

Fuente: ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización, de Andrés Oppenheimer, editorial Debate.

 

Por Mario Ostor Chávez