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Y llegó el danzón. Columna de Barranco Chavarría

 

 

“Heeey familia, danzón dedicado…”, de Cubita la bella, con escala en Mérida y Veracruz y proa al Salón México, grito de guerra al calce de Consejo Valiente Roberts, mejor conocido como Acerina, llegó para subirse a un ladrillo el ritmo que escandalizaría a la aristocracia porfiriana en el ocaso del siglo XIX…

…hasta que Don Porfirio, bigote arriscado en almidón, medalla cruzada al pecho, sombrero de dos picos con ribetes de plumas, abrió el baile en pleno Castillo de Chapultepec.

Dicen que el maestro cubano conocido como Changarena, la figura más popular entre la tropa de estibadores del puerto jarocho, subía con todo y pareja a un cartón de cerveza para mostrar que sí se bailaba en un cuadrado de 30 por 30.

Dicen que las parejas de la fiesta del 20 de noviembre del 2001 en la calle de La Paz de la colonia San Rafael, cuya historia la haría inmortal el suelto de Vanegas Arroyo, ilustración al calce del maestro José Guadalupe Posada, Los 41, bailaban danzón cuando llegó la redada.

Ni tiempo dio la sorpresa a disimular bigotes con vestidos; crinolinas con patillas.

El único que se salvó fue Ignacio de la Torre y Mier. La credencial lo acreditaba como yerno de Don Porfirio.

¡Danzón dedicado…!

Adoptado como divisa por la aristocracia pulquera, el danzón se metió al Salón de Baile Smyrna, enclavado en lo que fuera el convento de monjas convertido hoy en el Claustro de Sor Juana, para llenar los tres salones del Salón México: Cebo, Manteca y Mantequilla.

Al lugar le compondría Aarón Coplas, turista aterrizado desde Nueva York, el danzón Salón México, cuya leyenda cobijaría dos películas de idéntico nombre.

Marga López sufriendo las infamias de Rodolfo Acosta… cuyos mejores pasos de baile los grabó el director de la cinta, Emilio “El Indio” Fernández.

En la cumbre, María Rojo estelarizaría Danzón, con vueltas y pausas en el malecón de Veracruz y cadencia en el Salón California, la otra catedral del danzón.

La ola traería a México en 1953 al gran Acerina para abrir el baile del cabaret con “Nereidas, la canción mítica del oaxaqueño Amador Pérez Torres, conocido como “Dimas”. Y a Mariano Mercerón, el director de otra orquesta inolvidable, le decían El Feo. De su inspiración nacieron Adiós Malena, Angelina y Caldo de Oso.

Del ingenio surgiría, en paralelo, el danzón “Pulque para dos, en reminiscencia de la canción estadounidense “Té para dos. Y dicen que el verso de “Si Juárez no hubiera muerto”, era en principio para el libertador cubano José Martí (“Si fuera el maestro del día/ otro gallo cantaría/ la Patria se salvaría/ y Cuba sería feliz”).

***

En la catarata, los boleros se volvieron danzones. Así Agustín Lara con Amor de mis amores, Para siempre o Mi viejo amor, por más que cualquier pretexto era bueno para bailar: El gozo de Tomasa, Teléfono de larga distancia, y en la catarata hasta los hechos lo merecen: Triunfó la democracia, Bonos de la Libertad, La venganza de Toribio.

Y de pronto el danzón se metió al mariachi o el mariachi se metió al danzón, mientras la marimba sigue cantando en los portales de Veracruz.

Y a ver quién nos quita lo bailado.