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Nueva maternidad. 2: La batalla contra el reloj biológico

Después de alcanzar sus metas profesionales, viajar y disfrutar la vida, las mujeres de 40 años deciden ser madres por primera vez, pero se enfrentan a diversos problemas biológicos. Conoce la segunda parte de nuestro artículo de portada publicado en mayo de 2014.

 

En los años ochenta, Abigail, entonces de 21 años, comenzó a vivir en unión libre con Jorge. La pareja decidió postergar la posibilidad de convertirse en padres. Ella no se miraba cargando a un bebé, sus objetivos eran otros: estudiar una maestría en Química, un doctorado en Bioquímica y un trabajo como directiva en una empresa transnacional.

La idea de convertirse en madre le nació hasta que cumplió 38 años. El escenario era ideal: tenía una pareja estable, éxito profesional, madurez emocional y estabilidad económica. Sólo que no contaba con que embarazarse le resultaría muy difícil. Tuvo que pasar dos años en revisiones médicas y largos tratamientos de fertilidad. Ahora tiene 40 años y un embarazo de siete meses.

Abigail forma parte de una generación que decidió tardíamente preparar mamilas, cambiar pañales y enseñar a andar a sus hijos en bicicleta. En términos biológicos, la maternidad tardía se refiere a todas aquellas mujeres que conciben su primer embarazo con 35 años o más y cuya capacidad reproductiva se reduce del 50 al 72%, de acuerdo con Abraham Martínez Ruiz, especialista en endocrinología de la reproducción y director médico del Instituto Especializado en Infertilidad y Medicina Reproductiva (INSEMER).

El especialista refiere que cuando la mujer cumple 35 años sus óvulos envejecen y presenta dificultades para concebir un hijo. Una maternidad tardía en términos médicos es considerada de alto riesgo porque presenta una elevada tasa de abortos (hasta el 86%), ocasionada por los problemas cromosómicos o complicaciones como la preeclampsia, una enfermedad que se presenta en la etapa de gestación entre el 8 y 10% de las embarazadas, lesiona diferentes órganos como el hígado y el riñón, además de que altera la coagulación y, de no atenderse, deriva en la muerte de la madre.

Siete de cada 10 mujeres que acuden a consulta para reproducción asistida en el INSEMER rebasa los 36 años. Según estimaciones del instituto, llevan seis años tratando de concebir. En comparación, una mujer a esa edad en la década de los sesenta ya había tenido dos o tres hijos.

De acuerdo con los expertos, hoy se le da más importancia a la preparación académica que al hecho de convertirse en madre, pero a los 36 años comienza la angustia por la posibilidad de no serlo. Da inicio una excesiva presión de la pareja, la familia o los amigos, y la mujer se encuentra con no es tan fácil concebir un hijo. Así, las parejas suelen recurrir a alguna de las técnicas de reproducción asistida.

“Son indudables las ventajas al postergar la maternidad en el ámbito social, económico, académico –señala Martínez Ruiz, también especialista en cirugía reproductiva e infertilidad del Advance Fertility Center, de Houston, Texas–, se les puede ayudar a concebir un hijo con las técnicas de reproducción, pero no podemos cambiar el reloj biológico ni la fisiología de una mujer que rebasa los 35 años”.

 

Reproducción asistida

Las técnicas de reproducción asistida iniciaron en 1978 con el nacimiento de Louise Brown, la primera niña concebida fuera del útero, a quien se le conoció como bebé probeta. Los expertos en fertilidad estiman que cinco millones de niños alrededor del mundo son producto de la tecnología de reproducción asistida.

 

Foto: Pxhere.com

Los números hablan

En México, de acuerdo con cifras del INEGI, el grupo que domina la fecundidad por grupos de edad de 1976 al 2010 fue el de mujeres de 20 a 24 años. Los datos señalan que, a partir de los 35 años, la fecundidad empieza a disminuir de manera significativa; de esta forma, las mujeres mayores a los 40 años sólo aportan el 2.1% de los nacimientos registrados para el 2009 (INEGI, 2011). De acuerdo con el investigador universitario Carlos Welti, alrededor del 8% de las mexicanas no tienen hijos en toda su vida.

El crecimiento de la población ha disminuido paulatinamente, al pasar de una tasa anual de 3.2% en la década 1970-1980 a 1.4% en el decenio 2000- 2010. En los setenta la fecundidad alcanzó un nivel que se reflejaba en una tasa global de fecundidad de casi siete hijos por mujer. Actualmente la tasa es de dos hijos por mujer. Los estados con fecundidad más alta son Nayarit (2.7%), Guerrero, Durango y Chiapas (2.6 %); los estados con menores índices son el DF (1.8%) y Morelos (1.9%).

En cuanto a sus preferencias reproductivas, el 39.4% de las mujeres en edad fértil declaró que dos es un número ideal de hijos; si sumamos las mujeres que sólo desean tener un hijo (9.8%) y las que no desean tenerlos (4%) se tiene que más de la mitad de las mujeres en México (53.2%) desea tener familias poco numerosas.

De acuerdo con las encuestas, el número ideal de hijos sería de 2.7 en promedio.

¿Qué es lo que sucedió en estas décadas para tal cambio? La aparición, en los sesenta, de las entonces polémicas tabletas anticonceptivas, empacadas en papel de aluminio. Esos fármacos revolucionaron el mundo, controlaron la fertilidad y le confirieron poder a la mujer. Nada volvió a ser como antes porque se empezó a discutir públicamente la dicotomía entre sexualidad y anticoncepción.

Leopoldo Vázquez Estrada, médico y biólogo de la reproducción humana, certificado por el Consejo Mexicano de Ginecología y Obstetricia, menciona que la píldora permitió a la mujer espaciar el número de hijos y participar activamente en la vida pública, económica, laboral, académica y social.

Los datos así lo reflejan: 30% de los hogares mexicanos es dirigido por una madre soltera. “Es decir, una de cada tres casas, y esto no podría ser si no hubiera controlado su fertilidad y tomado las riendas de su vida, incluida la decisión de elegir embarazarse por primera vez a los 35 años o más”, menciona Vázquez Estrada.

 

Cambiando pañales

Carolina Reyes Torres, de 43 años, es mamá de Óscar Amauri, de tres meses y medio. Una exitosa profesional de la computación que siempre tuvo la idea de algún día ser madre, pero –dice– la ambición profesional fue mayor. “A las mujeres de mi generación nos enseñaron que no podíamos quedarnos sentadas, que teníamos que luchar, que si querías destacar profesionalmente tenías que trabajar duro. Y eso fue lo que hice, viví dedicada al trabajo y mi vida social con mis amigos, a viajar y a divertirme. Una vez que solvente esas inquietudes decidí la maternidad”, refiere.

Foto: Pxhere.com

  ¿Es riesgoso tomar la decisión de ser madre después de los 40?

Es una probabilidad. Si la edad fuera un factor determinante para el embarazo, pues a lo mejor no me hubiera animado. Acudí a un ginecólogo para recibir orientación. No me aplicaron ninguna técnica de reproducción asistida y por mi buena salud física y emocional tuve un embarazo sin complicaciones. Mi mayor satisfacción es abrazar a un hijo sano que no cambio por nada, quizá si no lo hubiera tenido me habría arrepentido.

En México, de acuerdo con el especialista Leopoldo Vázquez, cada año hay dos millones de embarazos; de ellos, 10 o 15% son de mujeres mayores a 35 años. Eso es importante, porque si la mujer decide retrasar el concebir un hijo enfrenta dificultades para lograr embarazarse, pero la tecnología en reproducción asistida puede ser una herramienta que le puede ayudar.

Poder femenino

Josefina Hernández Téllez –especialista en Estudios de la Mujer por El Colegio de México, docente en la UNAM y de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo– dice que en realidad nada ha cambiado para la mujer, pese a que ya existe un número mayor que no se embaraza a temprana edad. Para la especialista, las políticas públicas agresivas de control natal de los sesenta (con el eslogan: “La familia pequeña vive mejor”) prevalecen y le niegan el poder a las féminas a decidir cuántos hijos desean tener.

“Participamos en el mercado laboral como una estrategia de sobrevivencia por las crisis económicas, ni siquiera para nosotras sino para nuestras familias”, sostiene.

Más allá de que la mujer decida ser madre después de los 35 años, Hernández Téllez se muestra crítica y señala que al sistema le conviene que la mujer se emancipe, que sea la pagana de la independencia, la libertad y el acceso al trabajo. Considera dramático que cuatro millones de mujeres sean jefas de familia. “Eso no tiene que ver con el empoderamiento sino con la falta de corresponsabilidad de los hombres, porque no existe una política pública en relacionada con los derechos sexuales y reproductivos para ellos”, cuestiona.

Este escenario habla de la soledad y el abandono de las mujeres por parte de sus parejas.

Las féminas, según la académica, acaban postergando su maternidad por la aspiración legítima de estudiar, trabajar y acceder a ciertos puestos, algo a lo que no tendrían que renunciar si hubiera reciprocidad por parte de los hombres.

Los especialistas consultados coinciden en que si bien actualmente es mayor el número de mujeres que pospone su embarazo en pos de cumplir sus anhelos profesionales, tener buen sueldo, viajar y ascender laboralmente, también requieren reflexionar acerca de ello porque embarazarse por primera vez cuando se tienen más de 35 años es complicado. Si bien ellas han cambiado mucho en lo social y cultural, su biología sigue siendo la misma. Tiempo al tiempo.

 

Por Alejandrina Aguirre