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Nueva maternidad. 1: Las jóvenes y su renuncia voluntaria

En los últimos años se observa una polarización entre las mexicanas: un sector de mujeres jóvenes decide renunciar voluntariamente a convertirse en mamá y otra porción de mayores de 35 años resuelve embarazarse por primera vez. ¿Qué determina estas decisiones? Reportaje de portada publicado en nuestra edición de mayo de 2014.

El mayor anhelo de Adelina, una inteligente mujer de 29 años de edad que estudió Economía en una universidad privada de prestigio, es convertirse en analista de riesgos en la Bolsa Mexicana de Valores. Por ello, pese a que sostiene una relación estable de tres años con un colega de profesión, en sus planes no incluye ni siente la presión de tener hijos o contraer matrimonio. En contraposición, su madre, Margarita Argüelles, revela que en la década de los ochenta, cuando cursaba la carrera de Pedagogía, se podía sentir la presión social por formar una familia. Según ella, “a los 23 años ya sentía que se me estaba yendo el tren”.

Razones de cambio

Allá por los años cuarenta había un dicho muy popular: “Mujer que no tiene hijos, no es mujer”. Se asumía que antes de los 21 años se debía encontrar un hombre, casarse y empezar una familia; si no, se convertía en una “quedada”. Los expertos dicen que la vida de una mujer, en términos sociológicos, era simple, pues vivía dedicada a la crianza de los hijos, el hogar y la pareja. Se convertía en mujer y se consagraba por el simple hecho de engendrar y parir un niño.

En los sesenta, la mujer en México cambió la forma de ejercer la sexualidad, ésta se transformó en un instrumento de placer y dejó de ser algo que venía pegado con la condición del matrimonio. La mujeres pudieron ejercer un control sobre su cuerpo y disfrutar de las relaciones sexuales sin temor a quedar embarazadas.

En México existen 40.8 millones de mujeres en edad fértil (según el Censo de Población y Vivienda 2010 del INEGI), el 71.6% ha tenido al menos un hijo, y el 27% no ha procreado. ¿Por qué? Los expertos creen que las razones en su mayoría están relacionadas con un mayor acceso a la información y con el desarrollo de una carrera profesional.

En opinión del doctor Cuauhtémoc Borges Aguilar, investigador del Departamento de Ciencias de la Conducta y Humanidades del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México (ITESM), esto ha sucedido por el advenimiento de muchos cambios en la sociedad, que empezó con la llegada de los diferentes métodos anticonceptivos, lo que le permitió que las mujeres jóvenes encontraran en la sexualidad no la procreación, sino la satisfacción y el placer.

En México, la familia es el grupo social predominante; al interior de ella se logra satisfacer las necesidades esenciales, se logran desarrollar planes, decidir sobre cuándo y cuántos hijos tener, si ingresar o no al mercado laboral.

Y la madre es la figura central familiar: el pilar que sostiene en todos los sentidos el núcleo a través del cual se desarrolla la vida de los integrantes.

Cuando ser madre no es suficiente

Hace 20 años, la sociedad mexicana estaba llena de mamás jóvenes. “Muchas de ellas cambiaban su vida profesional por otra familiar –dice la profesora Mirna Ongay Valle, profesora titular de la Facultad de Psicología de la UNAM–, ahora puedo verlo con mis alumnas, para ellas lo más importante es concluir su etapa universitaria, terminar su carrera, trabajar y viajar, incluso empezar de inmediato en conseguir estudios de posgrado, lo que convierte a la maternidad en una opción de segundo plano”.

Para entender esto, dicen los expertos, debemos detenernos a observar que la sociedad –por decirlo de alguna manera– ya no premia el que la mujer se vuelva madre; por el contrario, está propugnando por la igualdad de géneros, porque la mujer se dedique también a trabajos que antes eran exclusivos de hombres. Actualmente se exhorta a la mujer a que alcance puestos altos, que por sus medios y bajo sus términos, escale posiciones en el mundo laboral, señalan los investigadores.

Esto, dice Borges Aguilar, ha impulsado a que las mujeres dejen de construir su identidad a partir de convertirse en mamás. “¡Pero ojo! –apunta nuestro especialista–, no estamos hablando de mujeres solas, la mayoría de ellas tienen una pareja estable, con la que pueden permanecer por mucho tiempo, son esos matrimonios Dinky*, en donde ambos buscan la satisfacción material, el placer, pero sin los hijos, porque con la llegada de éstos se generan distractores que los obligan a dejar de lado estas metas personales”.

Actualmente, la mayoría de las mujeres jóvenes en edad reproductiva (entre 19 y 35 años), está orientada a otro nivel de vida económico, y sabe perfectamente que al titularse el nivel de sueldos y salarios que existe en el mercado mexicano es muy bajo. Bajo esa lógica están dispuestas a trabajar por lo menos entre cinco y 10 años para alcanzar un sueldo competitivo como el que desean.

Los Dinky

Matrimonios Dinky (Double Income, No Kids), parte de las generaciones “X” y “Y”, y son aquellos que provienen de padres que se quejaban de haber perdido su libertad por los hijos. Estas parejas perciben un ingreso alto, y deciden posponer la paternidad al grado incluso de renunciar a ella, para dedicar la mayor parte de su tiempo al desarrollo de su vida profesional. Se trata de individuos con un perfil social medio alto, cuya principal motivación es consolidarse en un estrato social de clase media alta hacia arriba.

 

La ciudad vs el campo

De acuerdo con Ivonne Silva Márquez, coordinadora del programa nacional Gente Joven de Mexfam (Fundación Mexicana para la Planeación Familiar A.C), la renuncia a la maternidad está condicionada por el contexto, es decir, no es la misma percepción que se tiene en un ambiente citadino-urbano de las grandes ciudades (ciudad de México, Monterrey o Guadalajara), donde se tiene mayor acceso a la información y los diversos métodos anticonceptivos; que lo que sucede en un contexto rural, donde hay opciones limitadas y en donde todavía se ve a la procreación como única opción de independencia social.

En el caso de las zonas rurales, “la maternidad está directamente relacionada con usos y costumbres, les permite a las mujeres ser tomadas en cuenta pero, cuando esto no se satisface, llega incluso a ser penado con violencia física”, informa la experta.

Para Borges, especialista del ITESM, ser madre en un ambiente de comunidad rural, es motivo de orgullo, y al venir un hijo tras otro, la mujer se consagra a esta familia y al hacerlo “santifica” su figura; ello a la larga le permite garantizar su subsistencia, obligando a que los hijos se preocupen por su vejez.

Esto no sucede en las ciudades. Aunque las mamás de estas mujeres jóvenes fueron criadas en generaciones diferentes, no esperan vivir del cuidado de sus retoños, por el contrario, la gran mayoría fueron mujeres de trabajo, que aportaron tiempo, dinero y esfuerzo a la manutención del hogar, por lo que al llegar a la etapa adulta, lo que esperan es tener un buen envejecimiento al lado de su esposo o pareja.

Fenómeno mundial

La renuncia voluntaria a la maternidad es un fenómeno mundial que puede apreciarse mayormente en países de primer mundo como Holanda, Alemania, Suiza, Dinamarca, Japón y Canadá, donde las mujeres simplemente “no desean embarazarse”.

Stewart Friedman, en su libro Baby Bust: New Choices for Men and Women and Work in Family, explica que según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), en 1991 el porcentaje de mujeres jóvenes que tenían deseos de tener descendencia era de 78%, pero 20 años más tarde la situación cambió y la cifra descendió hasta 42%. El autor afirma que no se trata, como otras veces en el pasado, de una renuncia por cuestiones de crisis económica, sino cada vez más por una decisión consciente que toma la mujer, ya sea sola o en pareja, por razones de estilo de vida y desarrollo profesional.

Aunado a esto sumado, actualmente 80% de las mujeres laboralmente activas dentro del rango de 20 a 30 años, trabaja en promedio 10 horas más a la semana de lo que indica su jornada laboral.

Los expertos consultados coinciden que en países latinoamericanos como Chile, Argentina, Colombia y Perú se observa un fenómeno similar al que se vive en México, donde las mujeres renuncian a la maternidad porque además de buscar realizarse en el plano profesional, han vivido crisis económicas durante los últimos 30 años, de tal manera que han crecido en una constante “estire y afloje”; viendo a sus progenitores trabajar muy duro para conseguir lo poco o mucho que han construido. Así, lo que ellas quieren es consolidarse y tener un nivel socioeconómico que les sea holgado, sin presiones.

Y después de la independencia…

Si bien es cierto que cuando las mujeres toman la decisión de no tener hijos e inician su vida profesional (o están por ejercer como empresarias), llevan una vida de relativos placeres y lujos durante 10 o 15 años, máximo. Una vez que llegan a los 40-45 años comienzan a contemplar, ya de frente, a la soledad. Entonces sienten la necesidad de trascender, y es cuando, según dicta la vox populli, “suena su reloj biológico”.

Lo que sucede en tales momentos es que surgen nuevas necesidades: comienzan a pensar a quién dejarán todo lo que construyeron. Se cuestionan cómo van a trascender.

Entonces, se preguntan los expertos: ¿estamos hablando de una renuncia definitiva, una negación, o se trata simplemente de la postergación de un deseo que viene inherente con la condición de la esencia femenina?

Lee la segunda parte de nuestro reportaje: Nueva maternidad. 2: La batalla contra el reloj biológico

 

Por Celeste Colin