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Gasto social y pobreza. Columna de Sergio Sarmiento

 No es la primera vez que un gobierno mexicano busca combatir la pobreza elevando el gasto social, ¿cómo nos ha ido?

Foto:pxhere.com

Andrés Manuel López Obrador está buscando hacer un cambio radical en la forma de gobernar y en la manera de ejercer el gasto público. Quiere reducir no sólo la corrupción sino también los gastos gubernamentales que considera dispendiosos, como los sueldos altos de los funcionarios o la operación de un avión presidencial. En contraste, está ofreciendo un incremento importante en los subsidios sociales.

No es la primera vez que un gobierno mexicano busca combatir la pobreza elevando el gasto social. Esto se ha hecho en distintos momentos de nuestra historia, pero siempre con resultados decepcionantes ya que la pobreza se ha mantenido a niveles inaceptablemente altos. La gran pregunta es si el nuevo gobierno podrá hacer un cambio en el gasto social que realmente permita disminuir la pobreza.

El gasto social representaba 38.2% del gasto programable del gobierno federal en 1990. Fue aumentando hasta alcanzar 61.8% en 2016. Si se compara con el Producto Interno Bruto, el gasto social subió de 4.9% en 1990 a 14.2% en 2015 (Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, Cámara de Diputados, 2015).

La pobreza, sin embargo, no ha caído a pesar del aumento en el gasto en programas sociales. La pobreza general o de patrimonio pasó de 53.1% en 1992 a 69% en 1996, después de la crisis económica de 1995, para después bajar a 42.9% en 2006 y volver a subir a 53.2% en 2014. La pobreza extrema, la que afecta a quienes no pueden siquiera comprar una canasta básica, pasó de 21.4% en 1992 a 37.4% en 1996, para bajar a 14% en 2006 y subir a 20.6% en 2014, según el Coneval.

El presidente no considera pertinente seguir el viejo adagio que señala que en vez de regalar pescado a un pobre hay que enseñarlo a pescar. Para él, este es un concepto neoliberal. Los pobres son como “animalitos”, como mascotas, y la responsabilidad del gobierno es cuidarlos y alimentarlos.

López Obrador ha decidido entregar los apoyos directamente a los necesitados, sin pasar por intermediarios políticos y sociales. Esto le da una mayor transparencia al gasto social. Lo curioso es que un presidente de izquierda está aplicando una de las políticas recomendadas por Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo, quien aseguraba que es más eficaz dar el dinero directamente a los pobres que crear costosos aparatos burocráticos. La entrega directa de recursos a los pobres, por otra parte, genera lealtades políticas y compra votos, lo cual no le desagrada al presidente.

La experiencia nos dice, no obstante, que la real salida de la pobreza no radica en la caridad sino en la creación de prosperidad. Un buen programa de apoyo social puede quizá evitar que las personas que viven en pobreza extrema dejen de sufrir hambre durante un tiempo. El verdadero escape a la pobreza, en cambio, sólo puede provenir del trabajo productivo.

En un sexenio que empieza es razonable dar al nuevo gobierno el beneficio de la duda. La idea de aumentar los subsidios oficiales a los pobres puede ser razonable, siempre y cuando no se desequilibren las finanzas públicas, lo cual provocaría nuevas crisis económicas. El presidente López Obrador parece hasta ahora comprometido, sin embargo, con el compromiso de aumentar las ayudas públicas sin perder el balance en las finanzas públicas.

Al final, el verdadero éxito del programa de combate a la pobreza dependerá menos de la caridad, del reparto de dinero público, y más de la inversión productiva que genere empleos y prosperidad. Aunque al presidente le parezca un concepto neoliberal, la única manera en la que realmente un pobre puede salir de la pobreza es a través del trabajo.

 

Pobreza pese a gasto en programas sociales

Años Pobreza % Pobreza extrema %
1992 53 21.4
1996 69 37.4
2006 42.9 14
2014 53.2 20.6

Fuente: Coneval