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De nuestro archivo: Cuide a sus hijos del bullying

 

El bullying o acoso escolar ya no se ciñe únicamente a golpes y amenazas sino también a linchamientos virtuales a través de las nuevas tecnologías. El fenómeno y las víctimas parecen multiplicarse. La mejor receta para combatirlo sigue siendo mantener una estrecha comunicación con los hijos. Publicado en Contenido impreso en 2011.

Fotos: Pxhere.com

De pronto un golpe rompió el silencio del salón de clases en una conocida preparatoria capitalina y de inmediato se desencadenaron risas, silbidos y burlas de todo el grupo: Adrián Peña (nombre cambiado) había recibido un “zape” de un compañero. Los jóvenes que estaban reunidos en círculos de estudio armaron tal escándalo que fue necesaria la presencia del prefecto de disciplina para calmarlos. Esto sucedió mientras los alumnos se preparaban para un difícil examen de física. Durante la prueba y a lo largo del día el joven Peña no pudo concentrarse pues se convirtió en objeto de miradas y bromas por parte de sus compañeros de salón. Decidió tomarlo con filosofía, pues al fin y al cabo “sólo eran 39 alumnos”, y paulatinamente irían olvidando el asunto.

Sin embargo, días después las burlas se incrementaron y lo más raro fue que aun condiscípulos a los que no conocía, lo veían ahora con sorna y cuchicheaban a su espalda: ―Era el blanco de las miradas de todos y hasta algunos profesores me lanzaban indirectas en clase —relató Adrián.

Fue luego de varios días que recibió en su celular la respuesta a lo que pasaba. Un “amigo” le mandó el video de su “cate” con un mensaje donde le explicaba por qué era el más famoso de la escuela. Humillado, el joven vio el malogrado video. Lo peor llegó después; otra amiga le dijo que el video estaba ya en YouTube. Profundamente consternado decidió relatar los hechos a sus padres y comunicarles que había decidido cambiarse de escuela porque no soportaba el maltrato de sus compañeros. Los padres no sólo lo apoyaron sino que pidieron ayuda profesional y al cabo lograron que la compañía de videos retirara las alevosas imágenes.

Alicia Martínez (nombre cambiado) una chica de 15 años, estudiante de prepa tuvo que sufrir la vergüenza de ver cómo en un sitio conocido como “La Jaula”, cuyo slogan es “Chismes de escuelas, de la tuya” era materialmente linchada por supuestas compañeras que relataban episodios francamente deleznables y remitían a una dirección donde se observaban fotomontajes donde aparecía prácticamente desnuda. Otros cibernautas, amparados en el anonimato, exponían que la chica llevaba una intensa vida sexual e incluso aseguraban que ya se había practicado varios abortos. La muchacha cayó en una profunda depresión que a punto estuvo de llevarla al suicidio.

De víctima a victimario

—El maltrato o acoso escolar entre iguales, llamado bullying, se puede dar de manera física, psicológica, verbal y ahora hasta por medio de la tecnología ―explica Milagros Figueroa Campos, jefa del Departamento de Psicología Educativa y Desarrollo de la Facultad de Psicología de la UNAM. El concepto deriva del inglés bully, que se usa para nombrar a una persona cruel o malvada. En algunos países se le conoce como matón y en México se le llama bravucón, pendenciero, peleonero o gandalla, en términos coloquiales.

Y agrega la experta: ―Dentro del esquema tradicional del bullying existe una víctima, un agresor y testigos que están viendo y no actúan. En suma, todas las conductas agresivas, negativas y repetitivas que se realizan contra un individuo que tiene dificultad para defenderse a sí mismo. En todo acoso hay inherente un gran desequilibrio del poder —señala Figueroa.

—El agresor —continúa― tiene una gran diferencia con la víctima (sobre todo emocionalmente en cuanto al manejo de fuerzas) que casi siempre es más pequeño o diferente (güerito, el más chaparrito, el más estudioso, el más guapo, el más educado, etc.). La víctima generalmente muestra una actitud de sumisión y permanece callado frente a este abuso de la misma manera que los testigos, quienes no hacen nada por evitar el atropello ―enfatiza.

(El agresor disfruta de amedrentar a los otros compañeros y, contrario a lo que se piensa, no presenta problemas de autoestima porque tiene el ego muy grande y se siente el rey, afirma el especialista mundial en bullying, el noruego Dan Olweus hace algunos años.)

—En ocasiones dentro de este circulito ―abunda la psicóloga Figueroa— el problema se convierte en una intrincada red donde la víctima puede pasar al papel de agresor, generalmente cuando aparece otro más débil y entonces se desempeña como nuevo miembro del clan. Los agresores gustan de la violencia psicológica y de esta forma empiezan a atacar a sus víctimas para ir sopesando sus reacciones ―explica.

Toque femenino

Para la maestra en pedagogía Mariel Sarai Martínez Dueñas, de la Universidad Panamericana, se debe identificar el perfil de los agresores que generalmente son niños o niñas inseguros que encuentran en la violencia una forma de adquirir nombre o estatus y que en ocasiones también sufrieron bullying.

En un principio se creyó, según la investigadora, que este fenómeno era exclusivo de los hombres, pero conforme se multiplicaron los estudios se descubrió que también el maltrato femenino era muy común aunque se dirigía principalmente al aspecto psicológico. Entre mujeres es más duro porque a la víctima se le margina, se le ignora o se le aplica la famosa “ley del hielo”, que a veces es más doloroso para un adolescente que los golpes físicos. La maestra en pedagogía hace notar que el acoso entre niñas es mucho más agresivo e hiriente y genera muchos problemas a quienes lo padecen.

De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior, realizada por el Instituto Nacional de Salud Pública a 13,104 jóvenes de entre 15 a 19 años, en abril del 2008, entre los abusos más frecuentes que se presentan en los estudiantes mexicanos están los insultos, la discriminación, los apodos ofensivos, el rechazo, los chismes y los golpes.

Por otro lado, cifras del estudio sobre Maltrato e Intimidación entre Estudiantes, realizado por la Secretaría de Educación del DF y la Universidad Intercontinental, reflejan que siete de cada 10 estudiantes de escuelas primarias y secundarias públicas mexicanas, reconocieron sufrir de acoso escolar, maltrato o bullying. Fue realizado entre 3,480 alumnos de 29 escuelas públicas del DF y, según sus datos, el 38% de la población encuestada es acosada mediante insultos, 29% con violencia física o patadas y un 6% a través de “manoseo”.

Un hecho que llamó la atención de los investigadores fue que únicamente un 19% de los agredidos lo cuenta a sus amigos y un 14% a sus papás o maestros. Antiguamente se sabía que la violencia entre estudiantes se daba a la hora de la salida, pero de acuerdo con este estudio los lugares donde más se presenta el maltrato son el salón de clases y el patio de la escuela.

Los primeros estudios empezaron en Noruega en los años setenta. Pero fue a raíz del suicidio de tres adolescentes víctimas de hostigamiento escolar (según lo documentó el investigador Dan Olweus, hoy considerado una autoridad mundial en el tema) que los estudios en el mundo se multiplicaron y gracias a ello la violencia escolar que antes era vista como algo natural, hoy ya es considerada un problema social.

―De acuerdo con estudios sobre maltrato escolar éste también se presenta en sociedades de mucho desarrollo o en países considerados como de primer mundo (Noruega, Suecia, Finlandia) donde se piensa que la población tiene resueltas sus necesidades, pero sorpresivamente nos topamos con gente con una gran problemática social y emocional —destaca la doctora Figueroa Campos.

Foto: Pxhere.com

Ciberbullying

Algunos estudios mexicanos indican que el bullying se presenta con mayor frecuencia en las ciudades y principalmente en escuelas públicas, más que en las poblaciones rurales. Con la aparición de las nuevas tecnologías se empezó a presentar el ciberbullying o e-bullying y, según la pedagoga Mariel Sarai Martínez Dueñas, es una variante de la violencia escolar a través de medios electrónicos tales como Internet, teléfonos celulares, email, redes sociales, sitios web de chismes escolares y blogs, donde se ventila algo de la vida de una persona, generalmente algo que no es cierto.

—Ahora los niños son agredidos en Facebook, en sus celulares o con fotomontajes, en sus páginas personales ―señala Martínez Dueñas—. Afortunadamente en algunos países europeos se firmó un acuerdo para incrementar la seguridad de los adolescentes y menores cuando estén utilizando páginas de Internet —apunta.

Para detener este acoso algunas escuelas mexicanas han establecido programas con la Secretaría de Educación Pública para que se incluya en los planteles información y materiales para prevenir el abuso. Por ejemplo, en la Escuela Lancaster al sur del DF, se realiza una semana antibullying entre sus 800 alumnos y, de acuerdo con los directivos, ellos tomaron el ejemplo de Inglaterra donde la violencia escolar ha generado miles de intentos de suicidio entre jóvenes y una veintena de muertes.

En 30 escuelas primarias y secundarias consideradas como de alta marginalidad en el DF, ya se está efectuando un plan piloto para capacitar a los maestros a que apliquen entre sus alumnos estrategias pedagógicas para solución de conflictos, fomentar una cultura de respeto y paz, así como planes de comunicación y autoestima. De manera paralela se han repartido millares de folletos a maestros y padres de familia para que estén conscientes del problema.

La solución debe partir, según la pedagoga Mariel Sarai Martínez, de fomentar la cultura del respeto y tolerancia hacia la diferencia. —Hay que hacer mucho hincapié en las escuelas con los padres quienes deben enseñar a los hijos a dialogar acerca de la diferencia. Hacerles entender que el hecho de que un niño sea diferente, no tiene por qué ser malo ―apunta la estudiosa.

De acuerdo con los especialistas consultados, el trabajo escolar debe ser conjunto entre maestros y padres del agresor, a este último se le debe encaminar y ayudarlo a reencontrarse y socializar. De igual manera se debe inculcar en él la tolerancia ante la frustración y no temer al equívoco. También se debe orientar a los alumnos para que reporten el bullying, pues si se detecta a tiempo se puede solucionar el problema.

Martínez Dueñas aconseja que para un mejor manejo del bullying debe existir una mancuerna entre el colegio y los papás, porque es un tema que debe resolverse de manera conjunta. La mejor ayuda que un chico acosado puede tener es la de su propia familia, donde además de amor y comprensión se debe propiciar el diálogo. Los conocedores dicen que la mejor herramienta para evitar este problema es que los padres dialoguen diariamente con los hijos y promuevan dentro de la familia una cultura de respeto entre los hermanos para que los niños aprendan a compartir y convivir con los demás.

La maestra Figueroa Campos dice que los padres deben estar pendientes de los cambios de conducta en los hijos, que puedan hacerlos sospechar que están sufriendo de acoso escolar. Recomienda practicar el diálogo con los hijos, realizar actividades conjuntas para promover el clima de comunicación y respeto, porque de esta manera se podrán evitar tragedias.

 

     Cómo reconocer si sus hijos son víctimas de bullying:

  • Están ansiosos
  • Presentan estrés o angustia por ir a la escuela
  • Hacen hasta lo imposible por faltar y fingen enfermedades
  • Tienen variaciones en su patrón de sueño
  • De extrovertidos pasan a ser retraídos
  • No quieren salir de casa
  • Descuidan su aspecto y apariencia física
  • Tienen pesadillas y sueños aterradores
  • Se tornan agresivos contra hermanos, primos o amigos
  • En ocasiones encorvan la espalda y presentan ojeras
  • Bajan sensiblemente en su rendimiento escolar

 

Por A.C.