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Luna de miel. Columna de Sergio Sarmiento

¿Cuánto tiempo durará el inicial capital político del presidente López Obrador? ¿Qué podría cambiar si no se realizan los cambios ofrecidos durante la campaña?

Todo presidente tiene su luna de miel. Ya no lo recordamos, pero la tuvo Enrique Peña Nieto, al que la prensa extranjera consideró el salvador de México por sus reformas estructurales; Vicente Fox, quien se presentó como constructor de una nueva democracia; y Carlos Salinas de Gortari, elogiado en su momento como uno de los mejores gobernantes del mundo. Todos ellos sufrieron, posteriormente, fuertes caídas en su popularidad.

Ninguna luna de miel, sin embargo, ha sido tan espectacular como la de Andrés Manuel López Obrador. Todas las encuestadoras señalan que el presidente goza de una aprobación sin precedentes, aunque las cifras oscilan entre el 86% de El Financiero y el 67% de Consulta Mitofsky. La confianza del consumidor, medida por el Inegi y el Banco de México, alcanzó en febrero pasado el mayor nivel de la historia.

La luna de miel no se ha extendido a los especialistas. Fitch Ratings bajó la perspectiva de la deuda soberana mexicana de estable a negativa desde el 31 de octubre de 2018, como consecuencia de la decisión de López Obrador, antes de asumir como presidente, de cancelar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México. La misma calificadora redujo en enero la perspectiva de deuda de Pemex debido a los planes de ya no tener nuevas licitaciones para operaciones privadas de crudo y de usar los pocos recursos disponibles de la empresa para invertir en una nueva refinería con pocas o nulas posibilidades de ser rentable. Ni siquiera el plan de rescate de Pemex, anunciado por el gobierno en febrero, fue suficiente para cambiar esta visión. Posteriormente, S&P modificó a negativa las perspectivas del gobierno mexicano, de Pemex, de la CFE y de muchas empresas privadas nacionales.

Los analistas han empezado ya a bajar sus pronósticos de crecimiento de la economía nacional. El Banco de México redujo primero, el 28 de noviembre de 2018, la banda de expansión previsible para 2019 de 2.2-3.2 a 1.8-2.8 y después, el 27 de febrero de 2019, a 1.1-2.1%. También el Banco Mundial y la OCDE han reducido sus pronósticos de expansión para el país. Los economistas privados, que el Banco de México sondea cada mes, han bajado igualmente sus predicciones y esperan, por lo pronto, un crecimiento de solo 1.8%.

La luna de miel puede prolongarse debido a que el gobierno de López Obrador está regalando dinero público a millones y se muestra públicamente como responsable de este gran reparto. Los gobiernos anteriores tenían también programas sociales importantes, pero los presidentes no se presentaban a sí mismos como los generosos repartidores de recursos, sino que dejaban este papel a las instituciones, como la antigua Secretaría de Desarrollo Social. Con el nuevo régimen, Andrés Manuel es presentado públicamente como el responsable y así compra lealtades. Es la misma táctica que en su momento usó Hugo Chávez en Venezuela y que funcionó muy bien durante años.

Como en Venezuela, sin embargo, el esquema puede desplomarse si no va acompañado de un crecimiento económico sólido que permita la creación de empleos y prosperidad. El presidente López Obrador ha declarado que, al contrario de Chávez, respeta la propiedad y las inversiones privadas. Ha prometido también que llevará la economía a una tasa de expansión de 4% al año, el doble de lo obtenido en las últimas décadas.

Las intenciones son impecables, pero nadie sabe si pueden cumplirse. Por lo pronto, los especialistas están bajando las previsiones de crecimiento, no porque deseen contrariar al presidente, sino porque las medidas que está tomando parecen destinadas a reducirlo. Los especialistas pueden estar equivocados, pero si no lo están el presidente podría enfrentar una brusca interrupción de su luna de miel en un futuro no tan lejano.

Por Sergio Sarmiento