miércoles , agosto 21 2019

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La crisis energética en México

 

La Cuarta Transformación tiene ante sí el desafío de reconocer que la producción de petróleo tocó su pico en 2003 y desde entonces sólo se ha administrado el decaimiento de la producción de combustibles fósiles sin que la política pública haya enfatizado la sustitución de ese energético en México.

Según Luca Ferrari, investigador de la UNAM, México continúa siendo un país altamente dependiente de combustibles, y del consumo total, el 89% sigue dependiendo de combustibles fósiles y 62% de hidrocarburos (¿o sea 89% de gas o de qué hablamos? ¿Es 62% de petróleo? De todos modos la suma excede 100%), a pesar de que la producción nacional desde hace cinco años ha caído, no sólo por malas inversiones o corrupción e incluso huachicoleo, sino por la caída geológico-térmica de los dos grandes yacimientos que México tuvo, el Ixtoc de ligeros en los ochenta y el de Cantarell de los noventa.

El programa petrolero presentado por Petróleos Mexicanos y del que depende aún la generación del 19% del ingreso del gobierno federal, ha recibido enormes críticas porque hasta ahora el mandato expresado por la secretaria de Energía, Rocío Nahle, y respaldado por el presidente López Obrador, ha sido el de “rescatar a las empresas petrolera y eléctrica del Estado”, limitar la participación de la inversión privada a los contratos ya firmados, y esperar a ver sus resultados para confirmar si siguen o se cancelan las rondas de exploración y producción pendientes, incluyendo las de cuencas de gas no convencional.

En la presentación a inversionistas realizada por el director financiero de Pemex, Alberto Velázquez, en febrero, se manifiesta que el objetivo de la empresa para este año es “estabilizar la caída de la producción”, que al cierre del 2018 se ubicó en 2,584 millones de barriles de crudo, de los cuales 1,863,000 barriles diarios fue petróleo crudo extraído de 7,725 campos con 256 plataformas operativas.

La propuesta implica elevar la producción en 16 campos marinos de aguas someras y cuatro terrestres, donde hay suficiente reserva probada, para estabilizar en 1.8-1.0 millones de barriles la producción de crudo con mejoría en la calidad del mismo (extracción del más ligero para que pueda ser utilizado en las refinerías).

Según el Plan, para el 2024 se estarían produciendo 2,400,000 barriles diarios de crudo, rango similar al que producía el país en 2014 cuando la paraestatal enfrentó el colapso de varias plataformas e instalaciones marinas. Sin embargo, se considera altamente probable el incremento de producción con el desarrollo de 20 nuevos campos, entre los que se encuentra el megadescubrimiento de Ixachi, de la administración pasada, de crudo ligero.

En cuanto al gas natural, la decisión adoptada a finales del sexenio del presidente Felipe Calderón para dejar de usar combustóleo en las centrales termoeléctricas y sustituirlo por gas natural ha aumentado la dependencia, como en el caso del crudo y los combustibles, de producto importado desde Estados Unidos, sin que hasta ahora se haya realizado una evaluación que permita el desarrollo de energías de fuentes renovables a un mayor ritmo, de manera que se procure que esa inversión crezca conforme lo hace la demanda de energía y, de esa forma no s ,as petrolera y eléctrica del Eectorlasaves lo cual da esperanzas para fabricar serie de pruebas de manejoólo se recupere soberanía energética sino la sostenibilidad de la demanda futura de México.

 

Tampoco en la política energética hay estímulo gubernamental para el desarrollo de transporte limpio, de manera que el alto consumo de combustibles tanto en el transporte como en la industria parece eternizar una demanda superior a 850,000 barriles diarios de combustibles y destilados, en lugar de reducirla como ocurre con la electricidad, donde la dependencia de hidrocarburo (gas o combustible) responde al 60% de la energía ofertada en México.

De ahí que una verdadera transformación del balance energético nacional tendría que atender las dos prioridades: 1) estabilizar la caída de la producción pero asumiendo que la riqueza perdida ya no existe y tenderá a disminuir, y 2) sustituir la oferta por energía sostenible distinta al petróleo y gas, esto es, hidráulica, biomasa, hidrógeno, solar, eólica.

Es por ello que la Cuarta Transformación sí tiene un problema de energía que va más allá de los argumentos de corrupción y huachicoleo que buscan explicar la problemática de la industria petrolera y eléctrica.