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Crean implante líquido para contrarrestar efectos del Parkinson

Aunque un implante suele ser un dispositivo sólido, un grupo de investigadores del Instituto de Física (IF) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) creó un implante líquido capaz de liberar dopamina, el cual sería una nueva alternativa de tratamiento contra el mal de Parkinson.

Este implante líquido fabricado con dióxido de titanio es capaz de almacenar y liberar dopamina (neurotransmisor fundamental para el control del movimiento corporal) dentro del cerebro. La disminución de dopamina en las etapas intermedias de la enfermedad de Parkinson conlleva a movimientos involuntarios cada vez más frecuentes e incapacitantes en los enfermos.

“La idea es introducir, mediante una jeringa muy fina, el implante entre los dos hemisferios del cerebro, en las zonas donde se requiere dopamina, para que libere gradualmente la sustancia y atenúe los síntomas del mal de Parkinson”, explicó el líder del proyecto, el doctor en física José García Macedo.

Al llegar a la zona donde hace falta, la dopamina mejoraría su eficacia en comparación con la Levo-dopa, precursor de dopamina que actualmente es utilizado por la mayoría de los pacientes; pero que sólo llega al cerebro en pequeñas cantidades (además de que, a mediano plazo, disminuye su eficacia y tiene efectos secundarios negativos).

Las pruebas in vitro realizadas en ratas demuestran que el implante líquido es inocuo y biocompatible a corto y mediano plazo, ya que es capaz de disminuir los síntomas del mal de Parkinson hasta por periodo de dos meses. El siguiente paso de los investigadores es elaborar un protocolo para ensayos preclínicos en humanos, lo que podría abrir la puerta para ser utilizado en el tratamiento de pacientes con este mal.

La enfermedad de Parkinson es una alteración neurodegenerativa caracterizada por trastornos del movimiento, cuyos casos crecen en México. Su origen es desconocido, pese a que se han encontrado grupos que padecen el mal en regiones que se encuentran en contacto prolongado con pesticidas. Suele ser diagnosticada hasta 10 años después de iniciada, luego de que se han perdido 60% de las neuronas dopaminérgicas.