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Buñuel en la Ciudad de México

Luis Buñuel, uno de los grandes directores mundiales vivió en el país y dejó el alma en sus creaciones.

 

Más allá de las colosales fotografías plasmando escenas de su película más polémica: Viridiana. Más allá de los carteles de El Gran Casino, Los olvidados, La ilusión viaja en tranvía. Más allá de los apuntes vueltos guiones, garabateados en San José Purúa, en la casona vuelta museo de la colonia Del Valle, cerrada de Félix Cuevas 27, está el alma de Luis Buñuel.

La locura del joven que filmaría, en andanzas con Salvador Dalí, Un perro andaluz, con la novedad de que no hay perro ni sombra de Andalucía.

El extravagante que provocaría la ira conservadora con la Edad de Oro. El rebelde que desde el exilio representó a la República española aun al fragor de su derrota por el fascismo.

El puño en alto al recuerdo de la muerte de su amigo el poeta granadino Federico García Lorca, que le costaría su expulsión de Estados Unidos.

La primera vez en México, 1946, fue en una modesta casa ubicada en Nilo 52. Tres años después se naturalizaría mexicano.

Para entonces había llegado ya la primera de las 20 películas en el país, tras un largo paréntesis de 10 años. El Gran Casino se estrenaría en el desaparecido cine Palacio, con escenas en el viejo Tampico. Y luego El gran calavera con los hermanos Fernando y Andrés Soler. El libertino al que en el papel castiga la vida con la pobreza.

Los olvidados

Nacido el 22 de febrero de 1900 en Calanda, una ciudad de la provincia de Teruel en España, Buñuel recorrería los rincones oscuros de la ciudad de México para ubicar las escenas de Los Olvidados: el barrio de Romita, la zona ruinosa de Nonoalco, los llanos de Narvarte, Tlalpan, Huipulco. La miseria al desnudo. El realismo brutal con un toque de surrealismo. La orquesta de 100 músicos cobijada por un edificio en construcción que toca entre las ventanas y los andamios al paso desesperado del músico callejero ciego al que asalta la pandilla del Jaibo.

El escándalo de mostrar al mundo las vergüenzas de la metrópoli mexicana. El quite del poeta Octavio Paz, entonces agregado cultural de la embajada de México en Francia. La mejor realización, diría el jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes.

En otro retrato, este del México viejo: el rastro, la Calzada de Peralvillo, el Centro Histórico, llegaría La ilusión viaja en tranvía. La nostalgia al rescate de la máquina a la que espera el panteón… aunque sea robándosela. Las curvas de Lilia Prado. El ingenio de Fernando Soto “Mantequilla”, la picardía de Carlos Navarro.

El paisaje cambiaría radicalmente con la película Subida al cielo, un viaje en un camión destartalado entre lo más agreste de Guerrero. La selva. El río. Las piernas de Lilia Prado. Mi diputado. Mi jefa se está muriendo.

En el encuadre del genio desfilarían, lauros al calce, Silvia Pinal, Pedro Armendáriz, Katy Jurado, Rosita Quintana, Miguel Inclán, Roberto Cobo, Stela Inda, Víctor Manuel Mendoza.

Del inolvidable Archibaldo de la Cruz de Ensayo para un crimen, con Ernesto Alonso como figura, a los celos maniáticos de Arturo de Córdova y el calvario de Francisco Rabal en Nazarín. El nuevo nazareno.

***

Luis Buñuel murió en México el 29 de julio de 1983. Insuficiencia renal y cardiaca decía el parte del Hospital Inglés.

Sus cenizas están un convento dominico de Copilco.

Su casa sigue viva.

 

Por Alberto Barranco Chavarría