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Dos testimonios fidedignos sobre el Caudillo del Sur que podrá observar en el Centro de Estudios de Historia de México-Carso.

Emiliano Zapata muerto. Foto: Agustín Víctor  Casasola. Reprografía: Centro de Estudios de Historia de México Carso

La mañana del 10 de abril de hace 100 años, el general Emiliano Zapata llegó en su caballo, As de oros, a la Hacienda de Chinameca a petición de Jesús Guajardo, hombre de Venustiano Carranza. Con él supuestamente pactaría la paz. Las pugnas entre las distintas ideologías revolucionarias marcaron un punto de inflexión y la sangre del caudillo regó el campo del Estado de Morelos. Agustín Casasola capturó con verismo el momento en una fotografía. En la cruenta imagen, del lado derecho se lee: “Propiedad asegurada conforme a la ley. Cuautla, Morelos”. Ataviado en saco y con la mirada al cielo –propio del montaje del artista de la lente–, aparece Salvador Reyes Avilés, quien fuera el secretario particular de Zapata. Más tarde escribió: “Y nuestro inolvidable general cayó para no levantarse más”.

La memoria y el olvido no son espacios neutrales. Ambos son electivos y desde ahí se decide el presente y el futuro. Emprender el trazo de personajes del pasado sin duda conlleva una carga simbólica, y desde hace un siglo el personaje histórico rebasó la vida particular del individuo. Emiliano Zapata es por antonomasia emblema de los valores de resistencia y revolución. Historiadores, políticos, artistas, manifestantes… han (hemos) encontrado en su efigie aliento para la lucha.

Se han rescatado y resignificado sus estrategias tanto en el campo de batalla como en el espacio rural, simiente de cultas milenarias. Entre los documentos emblemáticos del zapatismo, sobresale, con cuidada caligrafía, el mítico Plan de Ayala. Los firmantes habían constituido una Junta Revolucionaria y el 28 de noviembre, a un año de la convocatoria maderista, Otilio Montaño y Emiliano Zapata convocaron a generales, coroneles y capitanes, “todos miembros del Ejército sureño”, subraya la investigadora Josefina Moguel.

El documento fue redactado en 1911 sobre un modesto papel de estraza y hoy está perdido; por lo humilde del soporte se cree incluso destruido. No obstante, en la Villa de Ayala, Morelos, se reescribió y firmó en original por las huestes revolucionarias en aquel año o en los albores de 1912. Así, el General de División del Ejército Nacional Gilardo Magaña certificó “que este documento es auténtico o sea uno de los pocos originales que se firmaron en la época en que fue proclamado. México. 10 de noviembre de 1926”.

El célebre testigo de la historia patria se conserva en el Centro de Estudios de Historia de México-Carso de la Fundación Carlos Slim y se exhibe en el vestíbulo de Museo Soumaya.

Símbolo legítimo de la ancestral defensa de la tierra, los históricos papeles subrayan la relación de los habitantes de Morelos con el entendimiento de la tierra que Francisco I. Madero ignoró. De hecho, dio la espalda a las promesas de 1910 e incluso llegó a llamar “bandidos” y “rebeldes” a los integrantes del Ejército del Sur. La reivindicación de la tierra comunal no vendría con el término del movimiento armado y habría que esperar al gobierno del general Lázaro Cárdenas para iniciar, no sin dificultades, el reparto agrario.

Figura heroica, Zapata no es un vengador ni un anarquista; en el pensamiento del general:

[…] No es preciso que todos luchemos en los campos de batalla, no es necesario que todos apartemos un contingente de sangre a la contienda, no es fuerza que todos hagamos sacrificios iguales en la revolución; lo indispensable es que todos nos irgamos resueltos a defender el interés común y rescatar la parte de soberbia que se nos arrebata. […] Cumplir con vuestro deber y seréis dignos; defended vuestro derecho y seréis fuertes, y sacrificaos si fuese necesario, que después la patria se alzará satisfecha sobre un pedestal inconmovible y dejará caer sobre vuestra tumba un puñado de rosas.

 

El lema magonista retomado por el zapatismo, y con el cual el Caudillo del Sur firmó el 20 de octubre de 1912 el Manifiesto a la Nación, marca el sendero por el que México debe transitar en un marco legal de equidad: Reforma, libertad, justicia y ley.

 

Emiliano Zapata, Plan de Ayala, Villa de Ayala, Morelos, 1911. Manuscrito, 34.3x 22.2. Centro de Estudios de Historia de México-Carso

Por Alfonso Miranda