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Venezuela: la batalla mundial que se asoma

Su crisis política se agrava con el involucramiento de potencias de uno u otro bando. Situación que lejos de ayudar a Venezuela, podría convertirlo en campo de operaciones de una nueva Guerra Fría en la que México necesitará tomar partido.

 

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“No aceptaremos un diálogo falso que sirva solamente para que el usurpador gane tiempo y retenga el poder, no descansaremos hasta que se vaya”, ha sido la sentencia que en los pasados días pronunció constantemente Juan Gerardo Guaidó Márquez, presidente de la Asamblea Nacional venezolana (el equivalente del Congreso de la Unión mexicano) y quien, luego de que su cuerpo legislativo desconociera el segundo mandato de Nicolás Maduro Moros al frente del Ejecutivo del país sudamericano, se proclamó “presidente encargado” con la misión de “organizar la transición y convocar a nuevos comicios presidenciales que acaten parámetros internacionales de apertura, transparencia y equidad”.

Venezuela tiene dos presidentes y esto se debe a que la comunidad internacional tomó partido activamente por uno u otro bando, especialmente los países con mayor fuerza militar: Estados Unidos al lado de Guaidó; Rusia y China respaldando a Maduro.

“Ha iniciado un nuevo capítulo en la crisis política de esta nación que puede ser utilizado por las potencias para reafirmar el alcance de su poder, y al que no es exagerado presentar como una nueva Guerra fría”, opina Eduardo Rosales Herrera, doctor en Relaciones Internacionales y catedrático en Posgrado de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM.

“En cuanto al asunto interno hay que recordar que, después de dos décadas en marcha, el modelo económico y político desarrollado por Hugo Chávez y desde su fallecimiento por Nicolás Maduro, se ha desgastado notablemente, incapaz de resolver los problemas económicos y sociales que aquejan a 33 millones de venezolanos, a quienes alguna vez ilusionaron con ideales de izquierda, pero que hoy forman parte de un discurso populista y demagógico”, señala el especialista.

Soluciones drásticas

Maduro y su régimen, enfrentados a un bloque opositor siempre desafiante y por momentos poco razonable y prudente, optaron por eliminarlo y contaron con el respaldo del Poder Judicial.

La estrategia quedó exhibida luego de que el oficialismo perdió las elecciones legislativas para el periodo 2016-2021. Entonces, para recuperar su predominio sobre ese poder público promovió la creación de una Asamblea Nacional Constituyente conformada únicamente con sus aliados y que absorbió la mayoría de las facultades de la otra instancia.

Sin embargo, la situación económica de Venezuela se deterioró gravemente en los siguientes meses, alimentando el descontento de la población. Como las expectativas para el futuro eran sombrías, la ANC adelantó la convocatoria a elecciones presidenciales, sin tener facultades para hacerlo y sin atender las recomendaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y de la Organización de Estados Americanos (OEA).

De esos comicios, celebrados en mayo pasado, fueron excluidas, por medio de argucias legales, las fuerzas políticas disidentes más beligerantes, cuyos líderes principales fueron encarcelados, enviados al exilio o inhabilitados por más de una década.

Bajo este marco de competencia a nadie sorprendió la reelección de Maduro, quien desoyó los llamados a no tomar posesión que hicieron 13 países americanos integrantes del Grupo de Lima. En ese momento el mandatario confió en el respaldo de sus principales socios políticos y comerciales, Rusia y China.

Maduro creyó contar con la indiferencia de Estados Unidos, que más allá de su retórica agresiva y de aplicar sanciones a varios funcionarios venezolanos por sus vínculos con el tráfico de drogas, le seguía comprando puntualmente grandes cargamentos de hidrocarburos, el único producto de exportación del país caribeño.

Maduro se colocó nuevamente la banda presidencial, pero el gobierno estadounidense incrementó las sanciones a su gobierno, confirmó su respaldo a la oposición y congeló los ingresos por venta de petróleo venezolano en Estados Unidos. A continuación avaló la autoproclamación de Guaidó y cabildeó para que otros 50 países y organismos como el Parlamento Europeo siguieran el mismo camino.

Punto de inflexión

Mientras tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Francia y Reino Unido) tomaron partido por “el gobierno encargado”, otros dos (Rusia y China) se pusieron del lado de Maduro, acusaron a Estados Unidos de injerencia y le advirtieron de “las funestas consecuencias” que tendrá una agresión militar para quitar al “legítimo presidente”.

De acuerdo con el internacionalista Rosales la situación es delicada porque cada bloque cuenta con sus aliados, por ejemplo, del lado estadounidense están Canadá, Colombia, Brasil, Argentina y gran parte de la Unión Europea, encabezada por España. Del otro lado hay una potencia militar y la economía más dinámica del mundo que suman a naciones con importante arsenal como Irán, Corea del Norte y Turquía, así como Cuba, Bolivia, Nicaragua, más otras pequeñas naciones del Caribe y África, cuyos votos en la ONU podrían servir para bloquear resoluciones desfavorables a Maduro.

“Estamos en un momento histórico en el que abiertamente, pero sin llegar a la amenaza militar, las potencias están enfrentadas por arrebatarse áreas de influencia, tal como ocurría en los años de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ahora extinta”, señala Rosales quien pone como ejemplos a Ucrania y Siria, con saldo favorable para los rusos. Ahora Estados Unidos no puede permitirse que se presente un caso similar en el continente americano, al que considera su “patio trasero”, y al que había relegado para dar prioridad al combate al terrorismo de grupos islámicos en Oriente Medio y Asia Central.

El panorama cambió con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. El actual inquilino de la Casa Blanca frenó el acercamiento con la isla e incrementó las sanciones a Nicaragua y Venezuela. A este último país “ha vuelto a otorgarle una importancia estratégica porque posee las reservas probadas más grandes de petróleo y gas en el planeta. Lo quiere de regreso en su área de influencia”, apunta Rosales.

Presencia oriental

En las últimas décadas tanto China como Rusia han fortalecido su presencia en América del Sur tanto con cuantiosas inversiones en distintas ramas productivas, así como con la venta de armamento y asistencia militar, muy especialmente en el caso ruso.

El acercamiento se facilitó por la instauración de gobiernos de izquierda en distintos países: Brasil con Lula Da Silva, Chile con Michelle Bachelet, y Argentina con el matrimonio Kirchner, por citar ejemplos.

Al deseo de Estados Unidos de recuperar su influencia en Sudamérica se suma un movimiento pendular en la tendencia ideológica de los gobiernos de la zona que hoy se inclina hacia la derecha, incluso en países como Ecuador, cuyo mandatario Lenin Moreno ha roto nexos con su antecesor Rafael Correa. Además de tener estrechos vínculos con Colombia, país que ingresará próximamente a la OTAN, Trump ha reforzado su relación con los nuevos gobiernos de Chile y Argentina.

Para Rosales no es obra de la casualidad que Estados Unidos haya tomado una estrategia más agresiva hacia Venezuela. Desde enero cuenta con un poderoso aliado en Brasil, debido al ascenso al poder de Jair Bolsonaro, cuyo país posee el ejército más numeroso y mejor pertrechado de América Latina. A diferencia de otros líderes de la región el mandatario brasileño exhibe su admiración por Trump, con quien le agrada compararse. Y, como lo hizo su colega estadounidense en su momento, Bolsonaro contó con la asesoría del estratega Steve Bannon para apuntalar su victoria electoral.

Ayuda interesada

¿Es Juan Guaidó un títere del gobierno de Trump? El investigador Rosales recuerda que el joven político venezolano proviene de la Asamblea Nacional electa en comicios validados por todos los participantes y avalados por la comunidad internacional. Su decisión de autoproclamarse presidente encargado puede justificarse con la falta de legitimidad del segundo mandato de Maduro, pero es imposible pasar por alto la influencia que Washington ha tenido en su ascenso al cargo. “Han sido frecuentes sus entrevistas con funcionarios del Departamento de Estado y no se sabe qué les ha ofrecido a cambio de respaldo. Lo que es inocultable es que Estados Unidos no da nada por nada”.

“Estados Unidos tiene ante sí un escenario favorable para convertir a su aliado en el único presidente de Venezuela, pero no tiene el camino pavimentado para hacerlo”, opina Miriam Soria Rodríguez, catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. La internacionalista parte del fuerte vínculo que Maduro y su régimen han cultivado con Rusia, especialmente en el terreno militar. En los últimos años los europeos le han vendido armamento por cerca de 5,000 millones de dólares, además de invertir enormes cantidades de dinero en los sectores petrolero y minero (oro y diamantes).

La cooperación militar entre ambas naciones ha llegado al grado de que a principios de este año realizaron ejercicios conjuntos en el Caribe. Actualmente hay bombarderos de la fuerza aérea rusa en Caracas y corre el rumor de que la seguridad personal de Maduro está a cargo de un grupo de mercenarios entrenados por el Kremlin.

En cuanto a China, ese país ha otorgado préstamos a Venezuela por unos 67,000 millones de dólares, tomando como garantía gran parte de la factura petrolera y confiada en las reservas de hidrocarburos que posee su deudor. Con inversiones multimillonarias en dólares, los asiáticos han incrementado su influencia con la idea de controlar no sólo la economía y la política venezolana, sino de tener una “cabeza de playa” para extenderse a otros países.

Guerra de baja intensidad

Por los intereses en juego no puede descartarse una intervención militar del lado estadounidense, pero de darse se originaría desde Brasil, Colombia y el mar Caribe. Rosales y Soria creen que el gobierno de Trump no tiene necesidad de mostrar músculo, pero el panorama podría cambiar si rusos o chinos envían más tropas, así sea con el argumento de realizar ejercicios militares.

Ahora bien, Rusia y China seguirán interesadas en que el conflicto interno venezolano se solucione favorablemente para ellos, por una sola razón: necesitan recuperar lo que han invertido y eso implica impedir la llegada de un gobierno que desconozca los compromisos económicos adquiridos con anterioridad. Hasta dónde se sabe Juan Guaidó ha buscado contactar a representantes del gobierno chino, pero no ha tenido respuesta.

¿Podría darse un acercamiento entre China y el autoproclamado presidente? “No hay que descartarlo porque el país asiático lleva tiempo enfriando su relación con Maduro”, apunta Víctor Manuel Prudencio Vallejo, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Prudencio atribuye el distanciamiento a la creciente insolvencia del régimen venezolano, sobre todo por el desplome en su producción de petróleo. “En algún momento del año pasado China anunció que ya no haría más préstamos a sus socio caribeño y fueron necesarias dos visitas de Maduro a Pekín para convencer al presidente Xi Jinping de mantener abierta una línea de crédito de 5,000 millones de dólares”, opina el académico, quien ve muy poco probable que el Gigante amarillo se involucre en un pleito militar para defender a Maduro.

Por su parte Soria Rodríguez cree que el enfriamiento chino-venezolano habría abierto la puerta a Rusia. “Moscú aprovechó la desesperación de Maduro para obtener en muy buenos términos acceso a gas y petróleo y no para enviarlo al país europeo, pero sí para surtir desde América a su empresa Rosneft que lo ha comercializado en el mercado internacional”.

Para la académica, el interés de los rusos en los sudamericanos va más allá de los negocios y de incrementar su área de influencia que ya está bien consolidada en Europa oriental y Asia central; tiene que ver con la necesidad de mostrarle al mundo que no está aislada.

Amigos por conveniencia

La anexión rusa de Crimea en 2014 provocó una dura condena de países de Occidente y una oleada de sanciones económicas que se siguen renovando. A partir de entonces, las relaciones del Kremlin con Washington y la Unión Europea se deterioraron drásticamente. “Ante el repudio de una parte de la comunidad internacional, Rusia ha buscado amigos y los encontró entre los gobiernos de izquierda de Centro y Sudamérica, especialmente en Venezuela, uno de los pocos países que avaló las acciones en Crimea y minimizó las agresiones a Ucrania”, señala la especialista.

Para Vladimir Putin es muy importante mostrarle a sus electores que, pese a las sanciones, Rusia cumple su rol como superpotencia y tiene países amigos. “Y ha estado dispuesto a pagar por ello, en el caso de Venezuela con préstamos en condiciones preferenciales que suman unos 17,000 millones de dólares”, comenta Soria.

Ese ánimo de mostrar que Rusia juega un rol decisivo en la política internacional ha convencido a Putin no sólo de mantener su apoyo a Maduro, sino de rechazar a Juan Guaidó, a quien, hasta el momento de escribir este reportaje, acusaba de “intento de usurpación” al tiempo que condena a los gobiernos que lo reconocen como presidente encargado. El gobernante ruso asegura que “han violado el principio de no injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano”.

La académica de la FCPyS considera que Rusia estaría dispuesta a socorrer al régimen de Maduro en caso de una intervención militar estadounidense, pero advierte que su margen de acción estará limitado por su capacidad financiera que no resistiría el costo de un conflicto largo en una región que está a miles de kilómetros de Moscú.

Daños colaterales

La eventual caída de Maduro sacudirá a regímenes aliados como Nicaragua y Bolivia que han apuntalado sus finanzas con préstamos a tasas simbólicas y petróleo subsidiado que ocupan no sólo para consumo interno, sino para revenderlo en el mercado internacional. De acuerdo con el internacionalista Rosales es de esperarse que el nuevo gobierno termine con el trato preferencial y exija el pago de deudas.

Un caso muy especial es Cuba, cuyo gobierno comunista ha disfrutado por casi dos décadas del respaldo de Venezuela, tan generoso que le permitió reducir su dependencia de capitales canadienses y de la Unión Europea. Mientras Caracas enviaba petróleo e invertía en distintas industrias de la isla, La Habana correspondía con el envío de brigadas de médicos y personal del sector salud, entrenadores deportivos, trabajadores sociales y asesores militares.

En 2013 el flamante régimen de Maduro erogó unos 7,800 millones de dólares en estos “servicios profesionales”. Tan sólo el Ministerio de Salud de Venezuela tenía contratados a 29,996 cubanos: 13,020 médicos, 2,938 odontólogos, 4,170 enfermeros y 9,168 técnicos.

Ahora, ¿cómo podría afectar a Cuba una hipotética consolidación de Juan Guaidó en el poder? “Tendría un fuerte impacto en su economía y en el nivel de vida de la población”, opina José Antonio Hernández Macías, académico del Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM.

De acuerdo con Hernández el deterioro paulatino de la economía venezolana ha debilitado el intercambio entre ambos Estados. Esa actividad alcanzó 8,562 millones de dólares en 2012, pero cinco años después apenas llegó a 2,213 millones, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba.

Mientras que en la primera década del siglo Venezuela enviaba 105,000 barriles diarios de petróleo para su refinación en Cuba, el año pasado pudo mandar solamente unos 50,000 barriles.

La salida de Maduro ocasionaría la caída del PIB cubano en un 10 o 12% anual, según cálculos de la ONG venezolana Control Ciudadano, que la considera comparable en su efecto devastador con la contracción de 35% en un periodo de cuatro años que ocasionó el derrumbe de la URSS.

Cuba cuenta con el ejército muy bien entrenado y con suficientes pertrechos provenientes de Rusia y Corea del Norte pero, ¿estaría dispuesta a enviar ayuda militar al régimen de Maduro? El académico Hernández considera que el apoyo cubano se dará en el terreno diplomático, pero no descarta que brigadistas voluntarios acudan a socorrer al régimen con el que tienen afinidad ideológica.

Voz mexicana

Prácticamente toda América Latina ha tomado posición en el conflicto venezolano, excepto México que, bajo el argumento de no intervenir en asuntos internos de otros países, ha mantenido sus vínculos con el presidente Maduro, y ha recomendado, al lado de Uruguay, que las partes en conflicto se sienten a dialogar. Sin embargo, al cierre de la edición, el país sudamericano se unió a la exigencia internacional de que Maduro convoque a elecciones anticipadas. México se quedó prácticamente solo en su iniciativa. Incluso el papa Francisco ha mostrado su renuencia debido a la falta de compromiso de Maduro a quien se lo hizo saber por medio de una carta.

Los académicos entrevistados para este reportaje tienen distintas posiciones en torno a la utilidad de tal propuesta. Rosales, Prudencio y Soria creen que llega a destiempo porque la solución de la crisis venezolana pasa por la inmediata salida de Maduro; Hernández cree que el diálogo es necesario, sobre todo porque toma en cuenta al sector de la población que, por una u otra causa, sigue respaldando al presidente.

Venezuela necesita elecciones libres y justas, tal como lo ha recomendado la Unión Europea, pero mientras los tres primeros creen que debe incluir la presidencia de aquel país, el académico de CIALC cree que debe atender la propuesta de Maduro de llamar a elecciones legislativas. De ganarlas, la oposición tendría más fuerza en su demanda de cancelar el mandato presidencial.

“Bajo cualquier escenario que se presente en el futuro, México no podrá mantener su posición actual sin enfrentar costos”, advierte Eduardo Rosales.

Neutralidad cuestionada

El presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en que “para no equivocarse” no tomará partido por ninguna de las facciones que se disputan el poder en Venezuela, pero en los hechos ha tenido dos gestos de deferencia que lo colocan más cerca del régimen de Nicolás Maduro. Lo invitó a su toma de posesión y envió a un representante (el encargado de negocios de la Embajada de México en Caracas) a la juramentación de Maduro para su segundo periodo presidencial.

Resultado electoral cuestionado

En las más recientes elecciones presidenciales venezolanas participó 46.07% del padrón electoral y los votos se repartieron de la siguiente manera:

Candidato                             votos                          %

Nicolás Maduro                   6,245,862                  67.84

Henri Falcón                         1,927,387                  20.93

Javier Bertucci                      1,015,895                  10.82

Otras opciones                    199,912                   0.41

Total                                       9,389,056                  100

Fuente: Consejo Nacional Electoral de Venezuela

¿Quién está con quién?

Aliados de Maduro:

Rusia, China, Irán, Turquía, Sudáfrica, Guinea Ecuatorial, Bolivia, Cuba, Nicaragua.

 

Aliados de Guaidó:

Estados Unidos, Canadá, Brasil, Colombia, Argentina, Alemania, España, Reino Unido e Israel.

 

Los que piden elecciones generales pero no reconocen a Guaidó: 

Uruguay e Italia.

Foto: Pxhere

Escenarios posibles

De acuerdo con el periodista Andrés Oppenheimer existen tres escenarios principales que puede seguir la crisis venezolana:

 

  1. Maduro se ve obligado a permitir elecciones libres con observadores internacionales creíbles.

Probabilidad: 50%

Maduro es forzado por los militares a aceptar elecciones libres, las pierde y se exilia en Cuba.

 

  1. Maduro se mantiene en el poder indefinidamente.

Probabilidad: 30%

El gobernante logra mantenerse en el poder con la ayuda de Rusia y China. Millones de venezolanos más huyen del país. Eso lo deja con menos bocas que alimentar.

 

  1. Una invasión militar de Estados Unidos, o de una fuerza multinacional.

Probabilidad: 20%

El presidente Trump recibe autorización del Congreso para intervenir en Venezuela, pero necesitará 100,000 efectivos bien pertrechados para enfrentar a un ejército de 351,000 efectivos.

También podría pedir una intervención panamericana o de las Naciones Unidas, como en República Dominicana en 1965, o en Bosnia en 1992.

 

Por Pedro C. Baca