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Mujeres de palabra

 

Son populares y algunas muy poderosas, han hecho de sus letras y su voz el instrumento para hacerse oír en los medios de México, pero aún enfrentan retos.

Foto: pxhere

Al leer sus nombres en los periódicos y revistas, al escucharlas en la radio o verlas en la televisión o en blogs de internet, no hay lugar a dudas: existen mujeres en México que con un estilo propio se han hecho presentes en el panorama de los medios; son conocidas, respetadas, incluso poderosas. Han abierto camino para otras que les sigan los pasos en un ámbito que hasta hace pocos años era completamente masculino.

Su sello en ocasiones es tan memorable y profundo que es difícil suponer que para alcanzar esa notoriedad –el éxito– han debido batallar mucho más de lo que uno imagina. Pero la realidad es que para muchas de ellas destacar no fue un accidente ni una graciosa concesión: debieron demostrar ardua y cotidianamente que son merecedoras del lugar alcanzado. Nadie les regaló nada.

Y sí, trabajan arduamente. Por ello no es raro sino más bien frecuente que su palabra la expresen en diferentes medios a la vez. Muchas de ellas empezaron escribiendo y de ahí saltaron a programas de radio y de televisión. O viceversa, de los micrófonos y pantallas aterrizaron sus opiniones en papel y a la larga combinaron esas actividades. Algunas, además, abrieron sus páginas web y mantienen blogs para seguir en contacto directo con las nuevas audiencias que prefieren informarse por medios digitales.

Pero detrás de esa pátina de celebridad que rodea a sus nombres, persiste una dificultad para que más mujeres se incorporen a los puestos de mando y decisión en los medios de difusión. Y ello no es nuevo ni privativo de México, sucede en todo el mundo. Según un reporte de la International Women’s Media Foundation (IWMF), que observa el papel de las mujeres en los medios de comunicación, aunque ellas están en casi la mitad de los puestos de alto nivel en el reporteo, recopilación y edición de noticias, sólo tienen 27% en los puestos de dirección, frente al 73% que ocupan los varones. Esto con base en un estudio que abarcó a 500 empresas del ramo en 59 países. El informe global de esta Fundación Internacional de Mujeres en los Medios identificó que existen barreras invisibles –el famoso “techo de cristal”– en 20 de los 59 países estudiados. Tales obstáculos suelen encontrarse en los niveles medios y altos de la gerencia.

Las antisolemnes

Dentro de los múltiples estilos que las mujeres han elegido desplegar en los medios desde el siglo XX hasta la fecha, hay casos especiales que se distinguen por un rasgo que en México ha mostrado ser una moneda muy escasa: la especial habilidad de comunicación donde igual se despliega el humor, una acidez inteligente y la antisolemnidad. Ellas encarnan diferentes momentos del desarrollo mediático, en tres décadas distintas –años de nacimiento: 1965, 1977 y 1983– y son, cada una a su modo, un claro ejemplo de cómo las mujeres de palabra se abren camino en distintos ámbitos con una voz propia, singular y fresca, quienes con su actividad validan formas de desarrollo y comportamiento femeninos.

Contenido las entrevistó bajo ese entendido. Las tres, al principio quizá de manera no del todo consciente pero que luego se hizo parte de su discurso, han tomado la pluma y el micrófono para describir las diversas posibilidades que tienen las mujeres –se dediquen a la comunicación o no– para lograr una convivencia más sana y solidaria entre ellas mismas y con los hombres. Las tres son multidimensionales –como muchas de las mujeres aquí señaladas– y siempre difíciles de clasificar.

Que hablen con sus propias palabras.

 

Foto: Naomi Kaizawa

Fernanda Tapia Canovi

“Saliendito” en el programa Diálogos en confianza la locutora, autora de libros, presentadora, actriz y cabaretera recibe en las instalaciones de Canal Once al equipo de Contenido. La charla será breve porque ella debe correr hacia TV Azteca, del otro lado de la capital, y más tarde moderar un debate entre los candidatos a senadores por la CDMX. Hasta hace poco era titular de lunes a viernes de una emisión radiofónica diurna (Triple W) pero aún se ocupa de su programa de televisión El Almohadazo. También se da tiempo para hacer cabaret con temas que algunos consideran fuertes; además, por cierto, ejerce como mamá.

El desenfado es su sello. Lo modera cuando es necesario, pero el flujo de su pensamiento es caudaloso, difícil de contener. “Soy una mujer de cuatro dimensiones, pero la esencia no cambia. Imagínense que soy agua: en Diálogos me vacían en una botella bonita color rosa. En El Almohadazo me congelan y me vuelven hielo. Luego llego a la radio, me calientan y hasta me evaporan. Mi esencia y mi línea editorial no cambian, digo lo mismo en todos lados sin importar que me pongan en tacones o de tenis, o que me encuere en el cabaret. Cambia la forma en que se presenta la línea editorial para llegar a diferentes públicos, sólo soy un puente entre quien tiene una pregunta o una necesidad y quien la puede atender”.

Al recordar sus inicios, cita a quienes la antecedieron. “Para la mujer implica un doble reto porque los medios no se han democratizado. En los ochenta las mujeres estábamos borradas. Estaba Paty Kelly en cosas culturales en Radio Educación o Janet Arceo en El maravilloso mundo de la mujer pero hablaban de recetas y macramé. Era impensable que una mujer estuviera en cabina comercial anunciando una canción. Nos tenían para acompañar al señor de las noticias. Pero vino un rompimiento cuando comprobaron que la teoría no se sustentaba, que la voz de una mujer no era rechazada por las escuchas”.

Sobre las profesionales de los medios que le sucedieron propone que sigan abriendo brecha en los nuevos medios, en internet o en los tradicionales. “No estudié comunicación, me fui haciendo. Pero ellas ya tienen otros nichos, otros escenarios y plataformas y qué bueno que también les acerquemos este conocimiento que busca la equidad para quienes somos iguales –hombres y mujeres– y para los grupos en desventaja, que tienen alguna discapacidad, más en este país de la pigmentocracia donde si eres moreno ya no la hiciste, o la tallafobia, si eres de talla grande…”.

Sobre el humor que la caracteriza responde sin pensarlo siquiera: “Lo más retador, provocador y disruptor es lo que más nos libera: la risa y la sexualidad… El día que nos podamos reír de nosotros mismos y de este absurdo que nos han hecho representar, a ver qué sistema nos oprime”, dice la Fer con una sonrisa orgullosa.

Foto: Axel Camacho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juana Inés Dehesa Christlieb

Viene de mujeres fuertes. Su abuela materna María de los Ángeles estudió Filosofía en los años treinta con Alfonso Caso, en la centenaria Mascarones. Su mamá, Concepción Christlieb siguió esos pasos pero en la UNAM y dirigió la Biblioteca de la Facultad de Arquitectura. Para colmo, el padre de Juana Inés fue Germán Dehesa, quien destacó en periodismo, literatura, radio, teatro y televisión. Con esos antecedentes cualquiera pensaría que destacar era una cosa de trámite, pero precisamente hacerlo con una voz propia fue el reto.

Hace rato superó el peso de los apellidos –colegas como Tomás Granados y León Krauze la ayudaron a entenderlo–, pero es innegable la herencia del humor fino, cáustico de su padre. Aun en las intelectuales entrevistas en Primer movimiento de Radio y TV UNAM, emisión de la que es jefa de información, Juana Inés (“con este nombre a qué más me iba a dedicar, digo yo”) deja traslucir esa vena irónica y coloquial que despliega desde hace años en columnas del diario Reforma, en sus libros infantiles o en exitosas ficciones con tintes biográficos como Treintona, soltera y fantástica –que se adaptó al cine– o Manual del treintón.

En su amplio y sobrio departamento al sur de la capital, en medio del horario de su siesta recibe a Contenido. Su hablar es divertido pero cuidado, coloquial más no procaz. Hay razones. “En mi casa no se albureaba, por un asunto de que el humor que recurre al albur ya no tiene nada más. Yo crecí oyendo a Les Luthiers, a Benny Hill, Monty Python, con otra idea de lo que es el humor, ese donde juntas dos cosas y llegas a un lugar inesperado aparentemente de manera lógica. Y además, con la entrada a Radio UNAM dijimos: ‘nuestro trabajo debe dar otras posibilidades, no sólo por la audiencia sino por la construcción de otro tipo de lenguaje, haremos lo que hacen los otros pero en español. Las groserías y los anglicismos nos quitan la posibilidad de dar matices y de conocer otros vocablos’”.

Coincide en que los medios pueden ser hostiles para la mujer (“es un trabajo muy difícil, parece que el feminismo y todo el discurso a favor de la equidad de género ha propiciado una reacción muy fuerte”), y por eso es necesario mostrar a las nuevas generaciones de profesionales que puede haber más alternativas.

En lo personal esta experta en Letras Hispánicas pretende crear un personaje que intenta ser atemporal, que echa mano de múltiples haberes. “Por supuesto crecí con Parchís y Flans, pero también con otras cosas ajenas a mi generación. Juego todo el tiempo con ello; soy mujer pero trato temas que no necesariamente pertenecen al ámbito femenino. Mi personaje no habla de una sola cosa y puede ir y venir en diferentes espacios cultivando mucho la irreverencia, o tratando una misma idea elaborada de muchas maneras. Tengo claro el respeto que me despiertan personas e instituciones pero no creo que haya que ser solemne, nunca”.

Foto: Axel Camacho

Tamara de Anda Prieto

Ay de aquel o aquella que despierte el instinto de justicia social y antidiscriminación de esta que fuera una de las primeras blogueras, cuando en 2004 se autobautizara como Plaqueta. De ese entonces a la fecha deja muy claro que desde la tribuna que elija, armará las batallas que su conciencia y perspectiva le dicten. Pueden ser profesores acosadores, la Real Academia de la Lengua, señoras adineradas que menosprecian a sus trabajadoras del hogar, la carrera de Comunicación de la UNAM (donde ella estudió), violentos o esnobs, contra ellos blandirá su voz.

Tuvo que ser en internet y luego en una columna de El Universal donde pudo finalmente expresarse con la libertad necesaria. Fue un trabajo arduo. Tanto la universidad como anteriores empleos en revistas (Chilango, Gatopardo, Selecciones, DF) pretendían moderar su estilo de escribir que se devanea entre lo agudo, furioso, malhablado y cálido según amerite la ocasión, pero siempre riguroso. Hoy no le interesa disimular su feminismo y su amor por la Ciudad de México. Ello le ha valido ser la conductora de Itinerarios, de Canal Once, o de la emisión Macho en rehabilitación en Radio Fórmula, o de escribir en el diario máspormás y en la renovada Chilango. Ya elaboró y pronto lanzará un libro ilustrado para adolescentes, “una alternativa chingona”, según ella, a textos semejantes y el cual será una “guía de sexualidad, de vida, bullying, relaciones tóxicas y salud mental”.

Afectuosa y desvelada hace pasar al equipo Contenido a su casa, una especie de museo de la cultura pop mexicana. Desayuna un Red Bull, una barrita energética y acaricia a uno de los gatos que por ahí deambulan libremente.

“¡No represento nada, no soy nadie!”, dice entre risas, pero concede: “Soy alguien de la generación de chavorrucos que empezó a hacer contenidos por sí mismo y que empezó a autopublicarse, porque antes con tu fanzine y tu editorial independiente no podías tener el alcance que ahora tenemos; pertenezco a esa primera generación que descubrió los blogs, ‘la Web 2.0’ –así le decían (risas)–, y que no tenía que seguir las reglas de los medios tradicionales”.

Su estilo hizo que tales medios la buscaran. Se formó como reportera de la capital de México, ese es su tema, pero Plaqueta ya es varias cosas a la vez, como muchas de sus colegas en medios. “Me sé comportar, con el tiempo me di cuenta que no venía al caso ser extrema en todos lados”, pero su corazón “es mal portado, uno de mis pasatiempos es hacer escándalos en internet”.

Se confiesa tímida, “un poco sociópata”. Sus primeras lecturas eran de Stephen King, luego pasó a “puro cliché”: Ibargüengoitia, Cortázar, José Agustín. “No sé si alguno de ellos pasaría hoy mi feministómetro (risas)”. Pero por sobre todo, ama el humor. “Los ingleses tenían a Monty Python, nosotros tenemos a Polo Polo, guácala… Pero a mí Andrés Bustamante me marcó en cómo escribo y cómo hago videos. Las pendejadas de las que lleno mi casa están directamente relacionadas con él y con su otra influencia, Melquiades Herrera [pionero de las artes visuales]. Los absorbí muy fuerte. Bustamante es mi héroe porque demostró que en un país clasista, racista, misógino y homofóbico se podía hacer humor sin ser un desgraciado”.

Las que abrieron brecha

Florence Toussaint ha estudiado desde hace años el desempeño de los medios en México. Y al ser mujer ha vivido la realidad mediática desde dos trincheras: como periodista, y analista e investigadora. Como periodista, señala que tuvo suerte porque a poco de haber egresado de la carrera en la UNAM, en 1980 se incorporó como columnista en la revista Proceso –la de Julio Scherer, Vicente Leñero– donde escribe desde entonces sobre temas de radio y televisión con una perspectiva crítica. “Fui afortunada de trabajar con varones con criterio abierto, que sólo reconocían a los periodistas por su talento, no por su sexo. Sé que en otros lugares no sucede eso; hay discriminación de género en muchos medios”, afirma a Contenido la también doctora en Sociología y maestra en Comunicación.

Otro observador de lo que acontece en los medios electrónicos e impresos en el país es el periodista Álvaro Cueva. Categórico como es su estilo, afirma que a pesar de que hay mujeres brillantes en la comunicación y el periodismo, “su presencia no es tan poderosa como parece, es como un requisito de género o una pose o una moda y no representa mucho”.

No soslaya los casos de Carmen Aristegui, Denise Maerker, Talina Fernández, Lolita Ayala. Agrega a esa lista a gente como Adela Micha, Paola Rojas, Hannia Novell, Carla Iberia Sánchez, Yuriria Sierra, Adriana Pérez Cañedo, Azucena Uresti. “En noticias hay cualquier cantidad de mujeres en los horarios estelares –sostiene Cueva– pero ninguna iguala lo que hace Joaquín López Dóriga, y antes Jacobo Zabloudovski o Guillermo Ortega, Javier Alatorre o José Cárdenas. Esto es como un cuento de hadas donde se dice: ‘mira qué bonito país, abierto hacia la mujer’, pero no cuentan con el respaldo económico por parte de las marcas ni la popularidad que dan las audiencias. Son mujeres con cerebros brillantes, pero sin la posibilidad que tiene, por ejemplo, Carlos Loret. Sólo porque Carlos es hombre”.

Como analista e investigadora Toussaint ofrece contexto para explicar el actual papel de la mujer en los medios. Recuerda que aunque desde principios del siglo XX ya había reporteras en México, “tenían poco peso, estaban en las fuentes de espectáculos, o en sociales. Había otras fuentes vedadas, como deportes, porque no podían entrar a los vestidores de los estadios ni entrevistar a jugadores, entre otras muchas restricciones”.

Casos como el de Elena Poniatowska, que persistente se coló como entrevistadora estrella en grandes periódicos de los años sesenta como Excélsior y Novedades, y con su libro La noche de Tlatelolco (1971) se hizo célebre, eran realmente infrecuentes.

Sin embargo, a fines de los años setenta incidió un factor decisivo: abrieron escuelas de Periodismo y de Comunicación. Recuerda Toussaint: “Las egresadas ya tenían una formación y fueron contratadas por periódicos como el unomásuno, La Jornada y posteriormente Reforma; otros empezaron a ver que ellas tenían un desempeño y comportamiento diferentes, así que hubo una gran explosión de mujeres como reporteras y editoras”.

En esos años el papel de la estación estatal Radio Educación fue fundamental, al ser la primera en habilitar locutoras. “Antes no había en ningún lado –dice Toussaint–, y eso lo transformó todo, la forma de hablar dejó de ser con la voz engolada y solemne de los locutores, lo cual también llega a la radio privada y lo mismo sucede con la televisión, donde las mujeres llegan en segundo nivel en el noticiario de Jacobo Zabloudovski, con Lolita Ayala, pero paulatinamente empiezan a tener su propio espacio, como María Victoria Llamas, quienes fueron de las pioneras en la pantalla”.

Ellas, por cierto, no eran ningunas improvisadas. Tanto Ayala contaba con estudios universitarios en Estados Unidos y en Radiotelevisione Italiana antes de llegar al totémico noticiario 24 Horas en 1974; como Llamas, con estudios en Economía, Letras Francesas y era traductora previo a que en 1976 fuera protagonista de noticiarios y en los ochenta colaborara en el exitoso Hoy Mismo, y en los noventa en el Canal 13.

Hubo más mujeres que hasta la fecha son identificadas en periodismo especializado de espectáculos, sociales o el que pretende cautivar a amas de casa. Entre otras, fueron y son referencia Evelyn Lapuente, Janet Arceo, Maxine Woodside o Pati Chapoy, y otras que se situaron en un rango de información más general como Cristina Pacheco, Gabriela Warkentin, Fernanda Familiar, Martha Debayle.

Varias de ellas, observa Álvaro Cueva, “son grandes personajes, incluso hacen grandes negocios, pero brillan por algo diferente a su sexo: representan marcas, ideas, estilos, y eso no tiene sexo”. Sin embargo, insiste el crítico de los medios, “si bien vemos que ellas cada vez conducen, dirigen, mandan y consumen más, los medios siguen siendo una industria de hombres”.

La doctora Toussaint reconoce que las mujeres mencionadas, con todo y lo que han logrado, “siguen siendo la excepción, no la regla ni lo cotidiano y aún no tienen el peso específico de los varones, a excepción quizá de Carmen Aristegui”.

Eso tenderá a cambiar en la medida de que, como ha insistido desde hace 20 años ONU Mujeres a todos los países miembros del organismo internacional, se reconozca el papel crucial de los medios de comunicación en el cambio de estereotipos de género. Es imprescindible, señala, presentar a las mujeres como líderes y modelos a seguir.

Por José Ramón Huerta