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¿Cómo era José, el papá de Jesús?

 

Conoce cómo fue José, este humilde hombre que se echó a cuestas la difícil tarea de educar al hijo de Dios y decidió permanecer en la sombra por mucho tiempo.

Si nos apegamos únicamente a lo que dice la Biblia, la figura de José es escurridiza, se sabe muy poco de su biografía, y aún menos de su voz, o de su descripción física. Resulta extraño pues siendo copartícipe en la educación de Jesús, su figura sea tan nebulosa, casi como una sombra que se evapora.

En la Biblia se le menciona poco o casi nada, lo cual se explica, pues “la mayor labor de san José se lleva a cabo durante la vida oculta del Mesías. Durante esos años, entre su nacimiento y hasta los 30 años, no se escribe sobre José, ni sobre nadie más, tanto la virgen María como Jesucristo viven una vida de familia normal que no se detalla de forma extensa en ninguno de los cuatro evangelios”, explica el docente Francisco García Pimentel de la Universidad Panamericana (UP).

Se sospecha que José falleció durante los años de adolescencia de Jesús, después de los 12 años de edad, porque a esa edad todavía se le menciona. Sin embargo después su presencia desaparece, por ello se especula que su muerte debió ocurrir en este periodo; cuando Jesús aparece, ya en su vida pública, en las bodas de Caná, José ya no está ahí. El apócrifo Historia copta sitúa el deceso de José cuando Jesucristo tenía 19 años de edad.

Padre adoptivo

La última vez que aparece en las escrituras sagradas es cuando, acompañado de Jesús y la virgen María, acude a Jerusalén para la fiesta de Pascua, pero en el regreso hacia Nazaret pierden al niño. Al regresar al punto de partida lo hallan ante los doctores de la ley. Ante la recriminación materna, él se muestra tranquilo: “Hijo, ¿por qué has hecho así con nosotros? He aquí tu padre y yo te buscábamos con angustia”, dijo María, a lo que Jesús respondió: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabías que es necesario ocuparme de los asuntos de mi padre?”.

Naturalmente el “padre” no es otro que Dios, y José se yergue en este episodio como el padre putativo (PP) es decir adoptivo, de ahí –señala nuestro entrevistado– que las letras iniciales hayan derivado en “Pepe”, como se les nombra también a los Josés.

Para conocer más en extenso de la figura paterna y vislumbrar algunos detalles de la biografía de José, los estudiosos deben recurrir a los evangelios apócrifos. Estos se llaman así no por ser falsos sino porque fueron escritos “sin la inspiración divina” y bajo la pluma de personas que conocieron o escucharon parte de la historia, aunque no están exentos de exageraciones, señala el experto de la UP.

¿Quién era José? Era descendiente del rey David, era un varón justo, virtuoso, no precisamente un viejo, de acuerdo a los estándares actuales, hay que recordar que la esperanza de vida en la antigüedad era diferente, de ahí que un hombre que pasara de los 40 años pudiera ser considerado un anciano. Por ende, señala García Pimentel, José era un adulto capaz de mantener a una familia y de soportar las vicisitudes que implicaban los viajes a Belén y Egipto.

Si bien en la Biblia se le menciona como artesano y no tanto como carpintero, la tradición del magisterio de los primeros siglos de la iglesia empezó a considerarlo como un carpintero, oficio que sobrevivió hasta nuestros días y con el cual empezó a ser representado en las imágenes religiosas con un serrucho o cualquier otro instrumento propio de esa labor artesanal.

Para Corrado Augias y Marco Vanninni, autores del libro María, publicado por editorial Aguilar: “Hay que decir que mientras María es declarada Theotókos, la ‘madre de Dios’, a José no se le atribuye en ningún momento una paternidad divina, desempeña siempre el papel marginal de padre-vigilante de un niño llamado Jesús”.

El elegido

De acuerdo con la Historia copta de José el carpintero, una colección de mitos egipcios con apariencia de cristianos, Cristo contó a sus discípulos que José fue natural de Belén y que tomó a su primera esposa a los 40 años de edad.

En ese matrimonio José concibió cuatro hijos: Judá, Josetos, Jacobo y Simeón, y dos hijas: Lisia y Lidia. La mujer del carpintero murió cuando Jacobo era muy pequeño. Un año después, por disposición de los sacerdotes, José –ya de 90 años– desposó a María, quien a la sazón tendría 12 años de edad (14 o 15 según otras versiones). (Ver La vida real de la virgen María, Contenido, Fin de año 1999).

La elección de José como esposo de María es narrado de forma similar, con ligeras variantes, por algunos evangelios apócrifos como el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio del pseudo-Mateo.

Tras la muerte de los padres de la virgen María, ella permaneció en el Templo hasta que empezó su pubertad y fue entonces cuando el sacerdote, llamado Abiatar, recibió una revelación divina para hallarle un esposo a María, de ahí que convocara a los viudos de las tribus de Judá y Jehová para tal acontecimiento. Cada varón acudió con su cayado, mismo que debía quedarse en el altar por una noche. Al día siguiente, Abiatar los devolvería a sus dueños, de uno de ellos brotaría una paloma, señal clara de que el Espíritu Santo intervendría, para identificar al elegido y desposar a la joven.

Sin embargo, cuando el sacerdote devolvió las varas a sus propietarios no sucedió nada; regresó al templo a pedir ayuda divina y descubrió una pequeña vara olvidada perteneciente a un carpintero nativo de Belén, llamado José.

El sacerdote llamó a gritos al olvidadizo hombre, quien acudió temblando. Cuando José recuperó su cayado una paloma blanca sobrevoló el templo como señal inequívoca de quién sería el favorecido.

Rodrigo Álvarez, autor de La vida de María, publicado por editorial Grijalbo, describe este episodio donde da cuenta de la resistencia de José para aceptar: “Soy un hombre viejo y tengo hijos, ¿por qué ustedes me entregan a esa muchacha que es incluso más joven que mis nietos?”.

Abiatar le recordó que quienes se negaban a cumplir la voluntad de Dios solían ser maldecidos. Álvarez señala, de acuerdo con Protoevangelio de Santiago, que “José no quería aceptar el matrimonio con una adolescente por miedo a ser blanco de desprecio, a causa de la diferencia de edades entre ellos”. A José no le quedó otra opción que aceptar y guardar la virginidad de María.

Dudas y sueños

José instaló a María en Nazareth y partió a trabajar a Cafarnaum en la construcción de unos edificios. Es en esta etapa cuando aconteció la llamada Anunciación, cuando el ángel Gabriel le anuncia que está embarazada y la sorprendida María pregunta cómo ha sido esto si no había tenido vida marital con José ni con ningún varón, a lo que el enviado de los cielos respondió: “¡Para Dios nada es imposible!”.

Cuando José descubre que María está embarazada, empieza a tener dudas sobre ella y se encuentra ante la disyuntiva de exhibirla, ser objeto de burlas o repudiarla secretamente. La Biblia consigna: “José, su esposo, siendo justo y no queriendo denunciarla públicamente, resolvió repudiarla en secreto”.

Sin embargo el Evangelio del pseudo-Mateo refiere que José al enterarse, se angustia, llora, tiembla y se hiere en el rostro, y reclama a María: “¿Acaso te olvidaste de Dios? ¿Cómo fuiste capaz de vilipendiar tu alma, tú que naciste de los Santos y recibiste alimentos de las manos de un ángel?”.

María relata entre sollozos que no había tenido contacto con ningún hombre. “Por el Señor, mi Dios, yo juro que no sé cómo pasó”.

En lo que sí coinciden todas las fuentes es que en este periodo de dudas, un ángel se le presentó a José en sueños para anunciarle que el hijo de María era fruto del Espíritu Santo; ante ello José aceptó su papel y agradeció a Dios.

La versión de los evangelios apócrifos no es tan idílica. Un vecino descubrió el embarazo de María y dio parte al sacerdote, por lo que la pareja fue llevada al templo a testificar. Allí el sumo sacerdote Abiatar reprochó a ambos haber rotos los votos de castidad. Como ambos alegaron inocencia fueron sometidos a una prueba considerada irrefutable: beber el líquido de una fuente consagrada a Jehová: se dice que cuando los acusados eran culpables presentaban huellas o dolores que los delataban, cosa que no sucedió en María y José, quienes salieron incólumes. La suspicacia de los sacerdotes fue sustituida por un convencimiento de que estaban ante un misterio inescrutable de la voluntad divina.

Francisco García Pimentel es claro: tanto María como José se habían comprometido a Dios y aunque desposados, se prometieron mantenerse castos, así que según la tradición católica eran castos. “Él ama a María, tiene una confusión humanamente comprensible, toma una decisión pero cuando el ángel aparece se levanta y continúa su labor”, explica en entrevista.

Vida en el destierro

San José guarda cierto paralelismo con el primer José, hijo de Jacob, famoso por interpretar los sueños del Faraón de Egipto, ya que nuestro carpintero, durante sus sueños, debido a una inspiración divina o el consejo de algún ángel resuelve las dificultades. No hay que olvidar que fue un ángel quien le ordenó huir rumbo a Egipto toda vez que el rey Herodes estaba asesinando niños, y también quien le aconsejó regresar una vez que el peligro se había disipado.

Diversos evangelios apócrifos dan cuenta del parto de María y de cómo José participó yendo a la gruta por una comadrona que auxiliara a su esposa durante esos momentos. También estos evangelios no reconocidos relatan la estancia de María, José y su hijo en tierras egipcias y en otros reinos, donde el joven Jesús obró numerosos milagros, narrados con lujo de detalles.

El exilio duró casi un lustro, vio su fin cuando el Mesías cumplió cuatro años y un ángel ordenó a José que regresara a Israel. Durante el camino Jesús realizo varios milagros, como resucitar a un niño que cayó de un tejado, o devolver la vista a otro niño que perdió un ojo. Incluso el Evangelio armenio de la infancia narra un episodio donde José enfrentó un juicio, culpado de la muerte accidental de un compañerito, e incluso fue encarcelado fugazmente pero todo se solucionó cuando Jesús resucitó efímeramente al difunto. El evangelio de Tomás también refiere otras maravillas y algunas reprimendas que José dio al niño.

Los últimos minutos

En su vejez, José era un roble, no sufría de enfermedades, conservaba todas sus piezas dentales y tenía una buena vista, refiere el apócrifo Historia copta. A los 111 años de edad un ángel anunció su deceso. Jesús, al enterarse, viajó al templo, en Jerusalén, para pedir a Dios el envío del arcángel Miguel para que lo guiara hacia su destino final.

En su lecho de muerte José se declaró un pecador irredento y recordó los momentos en que reprendió a su hijo y le pidió misericordia al no haber comprendido a cabalidad el misterio de su nacimiento y su misión. (Ver La vida desconocida de san José, el carpintero, Contenido, fin de año, 2008).

Otro apócrifo, Historia de José el carpintero, se presenta como una especie de biografía escrita por el mismísimo Jesús. Narra la agonía y muerte de san José.

Jesucristo lloró la muerte de su padre humano y consoló a la virgen María, según las distintas versiones. La agonía del carpintero se alargó un poco debido a que la muerte no se decidía a entrar en el cuerpo de José, intimidada por la presencia de Jesús. Fue necesario que este se acercara y le ordenara cumplir su tarea a cabalidad.

Historias refieren que después de que el cuerpo del carpintero fue amortajado, los recuerdos asaltaron a Jesús, especialmente los episodios de penurias y de tribulaciones durante el destierro, y sus ojos se llenaron de lágrimas. Abrazó el cuerpo de José y recordó lo especial que fue el carpintero en su vida: le enseñó a transformar la materia inerte en cosas sencillas y necesarias.

 

Por A.C.