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7 mexicanas que abren caminos

 

Estas mujeres mexicanas luchan por cambiar problemáticas sociales que, sin desearlo, terminaron tocando sus vidas y de paso señalan la ruta para que otros sigan su ejemplo.

Ellas dividen su día y su tiempo en sus actividades hogareñas, laborales y sociales. Cuando uno les pregunta por qué lo hacen, la respuesta es muy similar: “a mí me pasó, y no quiero que a nadie le pase”; “yo no sabía qué hacer y no había quién me indicara el camino”; “quiero que mi experiencia sirva a otros”.

El hecho de que las mujeres se involucren en temas sociales ocurre, principalmente y a decir de la doctora en Psicología Social Melissa García, por un mandato cultural en el que se les confiere la obligación de “cuidar” a los hijos y “velar” por el bien “familiar” y “social” como una extensión. Además, permitir la expresión de sus emociones favorece el desarrollo de la empatía por causas en común.

No obstante, esto no significa que los hombres no posean sensibilidad y fuerza para luchar por causas sociales. El problema es que culturalmente se les confiere la obligación de ser los proveedores, pero también existe un gran número de hombres que dan la batalla solos o con sus familias.

“Es una lástima que el mandato cultural ‘frene’ el involucramiento de hombres en asuntos de interés social, y sobrecargue a las mujeres”, afirma la doctora García quien también es académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

Es así como, por este mandato social y por interés personal, hoy existen cientos de mexicanas que con su esfuerzo y tiempo están abriendo brecha para que el camino sea menos sinuoso para otros.

Contenido reconoce su labor y rinde homenaje a estas precursoras. Presentamos una muestra dentro de este –por fortuna– rico mosaico de historias y acciones.

 

La abuelita que busca desaparecidos

“Servir es más satisfactorio que recibir”, María Elena Solís.

En 1997 María Elena Solís era una mujer dedicada al hogar y al comercio, hasta que una tarde alguien tocó a su puerta ofreciéndose para trabajar como empleada doméstica. Doña María Elena la aceptó sin sospechar que en realidad era una traficante de niños. Al día siguiente esa mujer y su nieta desaparecieron.

“Mi dolor era doble por la pérdida y el sufrimiento de mi hija. Me hinqué y le pedí a Dios que me ayudara a recuperar a mi nieta y yo a cambio dedicaría mi vida a ayudar a otras personas”, recuerda.

María Elena Solís y su hija no sabían por dónde comenzar a buscar, por lo que dividieron esfuerzos: levantaron el acta ante el Ministerio Público, visitaron televisoras y periódicos para difundir la foto e hicieron investigación por su cuenta.

Cincuenta días después, su nieta apareció, junto con otros dos niños robados.

Con su nieta en brazos y con experiencia y puertas abiertas por ellas, María Elena Solís creó la Asociación Mexicana de Niños Robados y Desaparecidos A.C.

“Difundimos fotos, damos seguimiento personal a los casos, acompañamos a los familiares en su búsqueda y hacemos campañas preventivas”. También crearon la Cartilla de Identificación, que consiste en un registro de huellas digitales, foto, datos básicos y la inclusión de cabello con raíz para la conservación del ADN.

Doña María Elena señala que desde el 2009 ha atestiguado un incremento en robo y desaparición de niños, jóvenes, adultos y ancianos: “Estado de México, Jalisco, Nuevo León y Coahuila son de donde vienen el mayor número de casos”, puntualiza.

Uno de los grandes problemas en la búsqueda es que no existe un banco general de ADN en todo el país. “Distintas dependencias y estados cuentan con algunos, pero el cruce de datos tarda. Además existen, sin identificar, muchos cadáveres y personas en albergues”, denuncia.

A la fecha María Elena Solís ha resuelto 4,339 casos (en 80% de los cuales las víctimas fueron halladas con vida) pero recibe de cuatro a cinco casos mensuales, de ahí que haga un llamado a medios de comunicación y a personas a difundir las imágenes de los desaparecidos, así como a descargar y llenar la Cartilla de Identificación (www.regresoacasa.org). “Nadie está exento de desaparecer, la delincuencia cada día sigue extendiendo sus garras. Tenemos que estar atentos y ayudar a quienes están pasando por esta terrible situación”, previene la señora Solís.

 

Una mamá diseña un regalo para pequeños sordos

“Mi hija se convirtió en una ‘dulce batalla’ que hoy ha dado hermosos frutos”, María Elena Rodríguez.

 En México existen 7.2 millones de personas con discapacidad, de las cuales 33.3% (2.4 millones) tienen discapacidad auditiva, el problema es que sólo 14% de estos va a la escuela, porcentaje muy por debajo del 42.4% con discapacidad visual y del 23.9% de personas que no pueden caminar, pero que sí asisten a la escuela. A esta problemática se enfrentó la maestra María Elena Rodríguez cuando se convirtió en madre de Dulce María, una niña que al nacer quedó sorda y con parálisis cerebral debido a una negligencia médica.

Esto no desanimó a la señora Rodríguez quien buscaba que su hija no tuviera problemas laborales y sociales al no poderse comunicar con los demás o por falta de escolaridad.

Se dio cuenta de que si bien las escuelas regulares han abierto las puertas a sordos, estos “al ingresar encuentran que sus profesores y compañeros no conocen el Lenguaje de Señas Mexicano (LSM) y no cuentan con materiales adecuados”, comenta.

Para ayudar a su hija, María Elena Rodríguez se preparó como profesora en educación preescolar y años después, junto con su esposo, el diseñador gráfico René Pontón, creó Mi cuaderno de lectoescritura y señas, un material bilingüe (español y LSM) especial para niños sordos con los contenidos propios de preescolar y los primeros años de primaria, para que los pequeños se familiaricen con el español al tiempo que adquieren los conocimientos propios de su edad.

A la fecha, el libro ha gustado mucho en México y es solicitado en países de Latinoamérica y España.

María Elena ya prepara un par de materiales nuevos con los que espera “ayudar a que más pequeños sordos puedan desarrollar todo su potencial y regalar al mundo todas las ideas que emergen de sus mentes silenciadas”.

 

Las Patronas ayudan a “viajeros” frecuentes

“No hay nada más angustiante que ver a niños viajando solos en La Bestia”, Norma Romero.

En 1995 Norma Romero y su hermana Bernarda caminaban a la orilla de las vías del tren –en la comunidad La Patrona, municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz– tras comprar la leche y el pan que su madre les había encargado, cuando la máquina de carga denominada La Bestia, repleta de migrantes centroamericanos y del sureste del país, pasó a su lado y escucharon decenas de gritos de “tenemos hambre”. Esto las conmovió tanto que, sin dudarlo, les arrojaron la comida que llevaban.

Tan pronto llegaron a su casa, contaron a su madre, Leonila Vázquez, lo que había pasado, pero contrario al regaño esperado, la mujer las conminó a que diariamente, con la despensa hogareña, armaran lonches y botellas de agua que arrojarían a los migrantes en el tren.

También ofrecieron techo y comida a migrantes de a pie en una galera que tenían.

La acción de las mujeres llamó la atención de vecinos que ofrecieron su ayuda en especie y trabajo. En 2006 abrieron el albergue “La esperanza del migrante” que para muchos viajeros cansados y exhaustos es la diferencia entre la vida y la muerte.

Las Patronas, como hoy se les conoce a escala mundial (por el nombre de su pueblo), aseguran que cada día observan cómo más jovencitos y niños atraviesan el país solos. “No sabemos si se trata de tráfico de niños o van a alcanzar a sus familias y eso nos preocupa mucho”, dice Norma, compungida.

A la fecha este grupo de 12 mujeres no cesa de trabajar ofreciendo hasta 500 lonches diarios que arrojan a los migrantes arremolinados a su paso sobre el tren. Afortunadamente esta loable labor ha llamado la atención de la comunidad internacional e incluso de escuelas cuyos alumnos las visitan para ayudarlas en esta incansable labor. “Nos queda claro que la migración no va a parar, mientras no cese la pobreza en México y el mundo”, dicen con filosofía.

 

La abogada que devuelve a los niños a su mamá y papá

“En los conflictos conyugales no se debe meter a los hijos, pues sólo la pareja sabe lo que hay detrás de la puerta”, María del Rocío Medrano.

En México se estima que alrededor de 100,000 niños viven sin su padre o madre producto de un divorcio conflictivo. La rabia por la ruptura lleva a muchas parejas a “abandonar” a los hijos o a impedir que el excónyuge los vea, difundiendo mentiras ante las autoridades o manipulando al hijo para que se niegue a convivir. “A la manipulación de los hijos se le llama interferencia parental y es muy común”, informa la abogada y activista de derechos humanos María del Rocío Medrano. Ella se interesó en esta temática cuando estudiaba la maestría en Derecho Parlamentario y acudió a una manifestación de padres que buscaban visibilizar este problema.

“Me encontré con padres y madres destrozados que lo único que pedían era ver crecer a sus hijos y ser parte de su vida. Yo perdí a un hijo y me dolía saber que ellos no podían verlos a pesar de que estaban vivos”, puntualiza la también asesora de la organización Mil pelotas para ti.

Aclara que cuando existe violencia física, sexual y emocional, el juez pone restricciones para salvaguardar la salud del hijo, sin embargo, en México ocurre que “algunos abogados aconsejan a quien tiene la custodia acusar a la expareja de violencia sexual o física para alargar el proceso y presionar económica o emocionalmente. En cuanto el padre acepta dar la pensión, se olvida la agresión”.

Medrano afirma contundente: “Cuando un padre sabe que su hijo ha sido abusado, lo último que quiere es el dinero del agresor”, y refiere que también hay casos donde, incluso otorgando la pensión, se le impide ver a sus hijos o se les manipula para que se nieguen a convivir con el padre que no tiene la custodia, pues de lo que se trata es de hacer sufrir a la expareja”.

En la mayoría de los casos, de acuerdo con la especialista, los niños son cambiados de escuela continuamente para que el padre no los encuentre, vulnerando el derecho de los niños a la educación.

Hoy Medrano trabaja en un análisis a la ley para poner candados al divorcio exprés. “Antes de divorciarse, los padres deben llegar a acuerdos financieros y demostrar que son emocionalmente estables, pues de otra forma se divorcian y los hijos son usados como moneda de cambio o sometidos a una vida de inestabilidad y agresión”.

 

 

Una socióloga que lucha por la vivienda

“Asumirme como parte de esta lucha me hizo renacer”, Alejandra Guerrero.

Hasta antes del 19 de septiembre, Alejandra Guerrero de 63 años era una socióloga retirada que jamás pensó convertirse en líder de un movimiento social. “Yo nunca había hablado en un mitin, encabezado una marcha o dado entrevistas, pero poco a poco tuve que sacar esa fuerza interior”, revela.

El sismo que afectó a la Ciudad de México, el 19 de septiembre del 2017, dañó seriamente su edificio en la unidad habitacional Girasoles III, delegación Coyoacán. Ella, al igual que muchos damnificados, pronto descubrió que la autoridad estaba lejos de entender la problemática y apoyar, así que se reunió con varios vecinos afectados de las delegaciones Coyoacán, Xochimilco, Iztapalapa, Tlalpan y Benito Juárez y juntos integraron el grupo de Damnificados Unidos, desde el cual han dado la batalla para lograr que el gobierno de la CDMX los apoyara en la reconstrucción.

“Si se rescató a la banca, ¿por qué no apoyarnos a los damnificados? Especialmente si sabemos que 60% son adultos mayores sin posibilidad de endeudarse para reconstruir; mientras que otros perdieron sus hogares por corrupción del gobierno y las constructoras”, denuncia.

Gracias a Alejandra y a Damnificados Unidos varios edificios de la Ciudad de México ya comenzaron a ser rehabilitados, entre estos, el suyo, sin embargo, ella no piensa parar.

¿Hasta cuando seguirá?, se le pregunta. Responde: “Hasta que cada uno de los damnificados vuelva a su casa”.

¿Qué la motiva a seguir? “Quiero dejar el camino bien trazado para futuros damnificados porque es un hecho que en México seguirá temblando y si algo quedó demostrado es que solamente organizados podemos hacer las cosas”.

 

El ángel de los niños con cáncer

“La felicidad es que la alegría de la vida sea evidente en nuestras acciones”, Gabriela de la Torre.

 Cuando esta psicóloga cursaba la carrera visitó como parte de sus prácticas un hospital donde se atendía a niños con cáncer. La conmovió tanto la fuerza y entereza de los pequeños que soportaban años de quimioterapia, que decidió dedicar su vida a contribuir a su recuperación. Fue así que creó en 2012 la fundación México Sonríe, dedicada a impulsar el tratamiento exitoso de estos pequeños.

“En México aproximadamente 6,000 niños al año se enferman de cáncer, principalmente leucemias, cuyo largo tratamiento es causante de abandono”, comenta. Con base en esta experiencia lo primero que hizo fue crear el programa Pasaporte a la Aventura: “A los niños se les da una cartilla, donde van acumulando puntos cada vez que asisten a quimioterapia, llegan temprano o aceptan una vacuna. Estos puntos se cambian por premios tanto para el niño como para su familia y al final del tratamiento se les otorga un viaje, todo pagado, al Caribe mexicano”.

Otra de sus campañas se llama Trenzatón, donde se reparten pelucas oncológicas a niños o mujeres en tratamiento. “Lo que más nos interesa es transmitir que junto con la peluca está el abrazo de cientos de personas que donaron su cabello para que fueran felices”.

También interviene directamente en el tratamiento de los niños apoyándolos con medicamentos y quimioterapias.

A la par de toda esta labor, Gabriela de la Torre ha trabajado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la Secretaría de Desarrollo Social en el Gobierno Federal. También fue directora de Responsabilidad Social y Promoción en Échale a Tu Casa, y es miembro honorario del Sistema de Protección Integral de niñas, niños y adolescentes en el Estado de México.

Esta mujer incansable, recientemente ha lanzado una nueva campaña para rehabilitar la sala de quimioterapia ambulatoria del Hospital Juárez de México, para que la estancia en este lugar sea mucho más agradable.

 

La psicóloga que reconstruye almas y cuerpos destrozados

“Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí. Que no se quede callada quien quiera vivir feliz”, Laura Martínez.

En México se estima que tres de cada cinco mujeres y un gran porcentaje de niños sufre de violencia sexual. La psicóloga Laura Martínez Rodríguez cree que puede haber muchos más casos por aquellos que no se denuncian principalmente porque ocurren en la primera infancia (de cero a cinco años de edad) así como por la falta de sensibilidad y de atención por parte de las autoridades. Fue justo esta realidad la que la llevó a dedicar toda su vida a la rehabilitación de niños y adultos violados.

“Cursaba secundaria cuando una amiga me confió que acababan de asaltar el negocio donde trabajaba su prima a la cual habían violado. Desde entonces la jovencita no salía de su recámara debido al terror y depresión que sufría. Sin embargo, la atención de las autoridades sólo estaba puesta en el robo. Decidí estudiar psicología y luego especializarme en abuso sexual”, comenta Laura Martínez.

En 1989 fundó la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas A.C. de Adivac, por iniciativa de nueve mujeres que habían sido víctimas de abuso y a las cuales atendió Laura cuando trabajaba como presidenta del Centro de Apoyo para Mujeres Violadas, primera asociación civil al pendiente esta problemática, pero que desapareció tras el sismo de 1985.

Desde Adivac, Laura y su equipo de profesionales atienden (legal, médica y emocionalmente) alrededor de 1,500 casos al año.

Gracias a su trabajo y al de otras organizaciones se logró reformar la ley para que la violencia sexual incluyera prácticas anteriormente no consideradas como tales, se abrieran agencias especializadas en la atención a delitos sexuales, y posteriormente una subprocuraduría especializada.

Adivac también brinda contención a las familias y ofrece cursos preventivos y capacitación a instancias públicas y privadas para la detección y atención de víctimas.

Hoy Laura quiere seguir extendiendo las “alas” de Adivac a otros estados de la República. “Ahora los criminales han encontrado en las redes sociales un aliado”.

¿Qué podemos hacer los ciudadanos de pie para contribuir con Adivac? “No callarse, denunciar y educar para terminar con toda la cultura del ‘poder’ sobre el ‘otro’ que fomenta la violencia sexual y social”, afirma categóricamente.

 

 

Por Mariana Chávez Rodríguez