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Cuando el amor enferma

Existen muchas clases de amor, pero hay uno que lastima, hiere y hasta mata. Si bien los mexicanos no tenemos obstáculos culturales para expresar nuestro amor, tampoco para manifestar enojo e ira hacia la pareja.

En septiembre del año pasado la capitalina Olga R., de 21 años de edad, entró en una crisis nerviosa que la obligó a tener que confesar a sus padres por lo que estaba pasando: su exnovio, Julio, la había acosando por varios meses tras su ruptura amorosa, la cual se debió a una celotipia excesiva. “No me dejaba vestirme como me gustaba y me acompañaba a todos lados, me hablaba de todas las miradas lascivas que recibía y de todos los peligros a mi alrededor: abusadores, violadores, traficantes. Justificaba su comportamiento diciéndome que yo era su gran joya, y me debía cuidar”.

La relación se volvió todavía más intensa cuando Julio comenzó a llamarla todos los días a la escuela, durante las horas de descanso, y si Olga no respondía, se molestaba. Cuando finalmente ella se armó de valor para terminarlo, Julio la amenazó: “Si no eres mía no serás de nadie”. A partir de entonces la joven recibió mensajes y fotos que describían su día a día.

Olga y su padres acudieron a la policía, quienes averiguaron que Julio había sobornado a compañeros de la escuela para que le reportaran las actividades de Olga. Cortaron por lo sano, decidieron que Olga terminara la escuela en otro estado donde tenían familiares.

“Yo pensé que Julio me quería, pero ahora entiendo que lo último que sentía por mí era amor y respeto. Terminó con mi autoestima, me aterrorizó y me alejó de mis amigos y escuela; pero lo que más me costó fue recuperar mi valía y la confianza en mí misma”, confiesa Olga.

“El amor es un sentimiento innato al ser humano y se expresa a través de la empatía, el apego, el respeto, el cuidado del otro. Cuando un ser humano se siente amado se desarrolla su creatividad, salud física y emocional. Confía en sí mismo y en los otros, es más productivo, tolera y encuentra diversas formas de enfrentar la frustración”, explica Vanessa Nahoul Serio, presidenta del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social (IIPCS), quien añade que algunos estudios demuestran que aquellos que tienen una pareja estable y amorosa se enferman menos y tienen menor riesgo de padecer depresiones.

La falta de amor, en cambio –advierte la especialista Nahoul– puede llevar a la muerte y ejemplifica con estudios realizados en primates a quienes desde pequeños se les alejó del cariño materno, que murieron a pesar de tener el alimento básico.

Los seres humanos aprendemos a amar a través del vínculo que se establece con la madre y después con la familia. Ella otorga el alimento y cuidados iniciales necesarios para que el bebé sobreviva. Sus caricias y cuidados otorgan al bebé el sentimiento de protección, pero también de su propia valía, explica Claudia Sotelo, directora del Centro de Especialización en Estudios Psicológicos de la Infancia (CEEPI).

Cuando el bebé está satisfecho en sus necesidades y cuidados básicos establece una apego seguro, lo que le permite confiar en el otro, entender que si no está presente igualmente lo ama, puntualiza la doctora Nahoul Serio.

La díada madre e hijo, a decir de la psicoterapeuta Sotelo, se ve interrumpida por la aparición del papá y luego de los hermanos, quienes también lo cuidarán y lo acompañarán, pero con quienes deberá compartir el cuidado y la atención de mamá.

De esta manera el niño se va desarrollando como ser humano independiente, autosuficiente y cariñoso, capaz de recibir amor, pero también de otorgarlo, además de aprender que tiene que esforzarse por compartir y ser mejor persona para sí y para convivir con los demás.

Te odio y te quiero

Los expertos entrevistados señalan que entre los elementos que pueden llevar a que “malentendamos el amor” se encuentran: la falta da cuidados o el abandono en la infancia, lo cual puede provocar que la persona crezca pensando que no es valiosa, que desarrolle desconfianza y un sentimiento de vulnerabilidad que la lleven a crear un gran armazón emocional que le impedirá recibir amor y también otorgarlo, pues se dice a sí misma: “no vaya a ser que lo pierda otra vez”.

En ocasiones la falta de amor se transforma en una especie de odio hacia los padres, que luego se traslada a la pareja. “La agresión vivida en la infancia también puede llevarnos a relaciones donde ‘suplicamos’ a la pareja que nos otorgue el amor y la compañía que no se recibió, aceptando cualquier tipo de maltrato con tal de que no nos abandone”, dice Nahoul. De la misma manera, puntualiza Claudia Sotelo, cuando existe una crianza ambivalente, donde el amor y el odio van de la mano, también se malentiende el amor y se piensa que la violencia es normal.

Una mala experiencia amorosa puede llevar a las personas a cerrarse y blindarse ante nuevas oportunidades, o incluso a crear la falsa ilusión de que “no necesitamos de nadie”, tal como le sucedió a Rocío, que luego de varias rupturas amorosas, decidió que el amor no era para ella, puesto que “no necesitaba de nadie” ya que siempre “le tocaba lo peor”.

Una revisión a su historia familiar mostró que la pérdida de sus padres cuando ella era niña sembró la idea de que siempre “sería abandonada”, de tal forma que buscaba parejas que en el fondo sabía que la abandonarían. El problema es que había creado un caparazón incluso con sus compañeros de trabajo y amigos a quienes trataba con desdén, porque “no requería del amor, cuidados ni comprensión de nadie”.

 

Mensajes ocultos

Además de las malas experiencias, coinciden las entrevistadas, el estilo de vida y los valores actuales están tergiversando la forma de entender el amor.

Cabe notar, señala la psicoterapeuta Sotelo, que actualmente en las familias es común ver que los padres se desviven por atender y otorgar más de lo que necesitan sus hijos, incluso por encima de la pareja, además de sobreprotegerlos. “Este comportamiento lejos de formar seres humanos seguros, libres y generosos, genera personas inseguras o tiranas”.

La sobreprotección envía el mensaje de “sin mí tú no puedes vivir” o “requieres de alguien que te cuide, porque tú no eres capaz”. En el futuro los “protegidos” establecen relaciones de codependencia donde viven a la sombra del otro y serán capaces de tolerar situaciones agresivas con tal de “no perderlo”, detalla Sotelo.

El otro extremo son aquellos “supertiranos” para los cuales nada es suficiente, entonces no se vinculan emocionalmente, se vuelven maltratadores o establecen varias relaciones siempre convencidos de su superioridad.

Tantos los tiranos como los codependientes, dicen estudios especializados, suelen caer en la celotipia, es decir, no soportan que haya otro con quien compartir. Para los tiranos “ellos y sólo ellos” son el centro. Para los codependientes “compartir” es perder y por ende quedar vulnerables. Los tiranos piensan que nadie puede estar antes que ellos, de ahí que ambos necesiten controlar a su pareja en todo y generalmente la estrategia para lograrlo es soportar, ejercer maltrato o ambos.

Así le sucedía a la diseñadora gráfica Nayelli, una mujer hermosa, además de talentosa, quien pese a lo anterior, siempre hacía sentir “insuficientes” a los que la rodeaban. Lo que nunca reconocía era la profunda soledad en que vivía y la envidia que le generaban las allegadas que se casaban o consolidaban sus relaciones sentimentales, a quienes bombardeaba señalándoles los defectos de sus parejas.

 

Cero tolerancia

Otra variante de amor dañino es producto de una sociedad desechable, donde las cosas aun siendo útiles, se sustituyen por una nueva versión “mejorada”. Bajo esta óptica, las personas no toleran la frustración y la “incomodidad” aunque sea momentánea, de ahí que en lugar de detenerse a pensar qué están haciendo mal ambos y reparar lo que no está funcionando, les resulta mucho más sencillo aplicar el next (lo que sigue), pues para qué esforzarse si hay nuevas versiones. “No se trata de quedarse a sufrir en una relación no sana, pero sí detenerse a pensar en uno mismo y el tipo de relación que establecemos. Valorar lo bueno y proponer acuerdos para una convivencia equitativa”, comenta la psicoterapeuta Claudia Sotelo.

Otra variedad es el placer urgente, a veces promovido por la publicidad, “¿para qué esperar si lo podemos tener ya y te lo mereces?”. Esto también ha originado relaciones basadas exclusivamente en lo inmediato, sin permanencia y sin compromiso alguno.

Finalmente en una sociedad donde por “lo que tienes, vales”, se buscan relaciones basadas en la superficialidad o en las que el ganar dinero impera sobre la convivencia con la pareja y los hijos. “Lo que esconden estas personas es el temor a establecer vínculos cercanos que impliquen un compromiso y ‘desnudarse’ emocionalmente ante el otro”, comenta Sotelo.

 

Raíces culturales

Para evitar el “temido vínculo” Gabriel, regiomontano de 34 años, establecía relaciones a distancia u ocasionales utilizando redes sociales. Su última pareja vivía en Canadá y se comunicaba por Facebook. Todo iba bien hasta que se reunieron. El encuentro fue emotivo, sin embargo, a su regreso centró su atención en las decepciones que sufrió y finalmente la cortó.

Estas nuevas formas de amar, a decir de los especialistas, conviven con ideas arcaicas, como el machismo o el matriarcado, presentes desde hace siglos en nuestra cultura.

Tanto el machismo como el matriarcado enmascaran poca valía interior. Es decir el macho, asegura que es superior a la mujer; en el matriarcado, alimentado por el abandono del hogar por parte del varón, se generaliza la idea de que los hombres son “pésimos” o “no aportan” y hay que “maltratarlos para evitar que te maltraten”, favoreciendo en ambos casos una cultura de agresión.

Así le sucedió al matrimonio de Romina y Javier, el cual entró en crisis cuando ella cayó en cuenta de que cada vez que no estaba de acuerdo, este la acusaba de ser incomprensiva y autoritaria, así que, él sintiéndose víctima, la castigaba retirándole el habla por largas temporadas e incluso la amenazaba con dejarla.

Antídoto contra las relaciones tóxicas

Antonio, un morelense de 35 años de edad, logró separarse de su pareja tras ocho años de maltrato. Como venganza ella le solicitó una alta pensión pero, mientras duró el pleito legal, le impidió ver a sus hijos, a los que llenaba de ideas macabras acerca de su padre. “Fue un proceso terrible, muy desgastante, pero del que salí fortalecido y entendí que yo no era ‘el malo de la película’, pues mi presencia y compañía era importante para mis hijos a pesar de todo lo que les había dicho su madre sobre mí”.

Los amores que lastiman son amores abusadores que empiezan sutilmente sin que sean detectados. Muchos piensan que si ceden, con el tiempo la situación cambiará pero en realidad no es así, la agresión crece, afirma la psicoterapeuta Avery Neal en su libro Si él es tan bueno, ¿por qué me siento tan mal?, donde desenmascara las características y juegos de la pareja abusadora, y las acciones de quien es maltratado que de manera inconsciente contribuyen a la dinámica. Aquí algunas de las características de los “abusadores” y las “víctimas”.

 

Estrategias y personalidad de los abusadores

  • No se responsabilizan de sus acciones, culpan a los demás.
  • Tienen periodos de amor y luego maltrato que confunden a la pareja.
  • Utilizan el humor para burlarse o el alcohol para lastimar y justificarse.
  • Critican todo el tiempo y no reconocen la valía ni los éxitos de su pareja.
  • Chantajean continuamente a la pareja o amenazan con dejarla.
  • Internamente son muy inseguros por lo que necesitan que el otro dependa de ellos para sentirse fuertes maltratando.
  • Castigador a través de humillaciones, ataque físicos, aplicación de la ley del hielo, alejándose emocionalmente o robándose a los hijos.

Estrategias de supervivencia de la víctima y personalidad

  • Complaciente con todo.
  • Cree poco en su valía y en sus decisiones y deja que los demás decidan.
  • Mucho más responsable de lo que corresponde.
  • Evita confrontación.
  • Altamente empática con las emociones del otro, pero indiferente a sus propias emociones.
  • Espera que su pareja llene todas sus expectativas.
  • Puede intentar responder con igualdad en agresión.
  • Buscan mantenerse atractivos pensando que así disminuirá la agresión.
  • Justifica todos sus actos buscando el entendimiento del otro.
  • Abandona sus deseos y necesidades por servir a los otros.

 

Ante este panorama, las especialistas entrevistadas señalan que si se quiere salir de una relación dañina, lastimosa o tóxica se tiene que hacer un trabajo de “sanación” y transformación interna y tanto la terapia individual o de pareja pueden ser una vía mucho más corta para logarlo.

Para la doctora Nahoul, el núcleo de cualquier sociedad es la pareja y la familia. El odio, la violencia y el maltrato vivido en casa se lleva al exterior y se transmite generacionalmente. Por ello llama a evitar el machismo, el matriarcado y la violencia pues fomentan la intolerancia hacia lo diferente ya sea por género, raza o aspectos sociales y económicos.

“El amor es como una planta que hay que cuidar y regar todos los días, y no esperar que crezca por sí sola y rápido. Si cada miembro de la pareja trabaja en ello, probablemente podamos tener una sociedad mucho más sana y limpia”, recomienda la terapeuta Nahoul Serio.

Estrategias para salir de una dinámica de maltrato

  • Ser amable con uno mismo.
  • Perdonarse por haberse aferrado a alguien, ponerse en peligro, por no ser más fuerte, por haberse dejado maltratar.
  • Respetar y escuchar sus emociones y sentimientos.
  • Hacer a un lado las críticas externas pero ante todo las internas.
  • Hacerse responsable de su vida, de la satisfacción de sus necesidades y de sus emociones, sin temor a equivocarse o a ser criticado.
  • Recuperar sus espacios de placer y aprendizaje.
  • Construir su identidad a partir de sus acciones y propias definiciones, no a partir de la mirada de otros.
  • Aprender a decir “no” y establecer límites personales sin importar si lo otros están de acuerdo.
  • Aprender a confiar en sí misma.
  • Enfrentar sus miedos.
  • Entender que por más doloroso que fue el proceso, sirvió para crecer y fortalecerse.

Fuente: Si él es tan bueno, ¿por qué me siento tan mal?, Avery Neal.

 

La relación sana…

  • No está salva de conflictos pero ambos están dispuestos a escucharse entre sí y respetar el punto de vista del otro.
  • Ambos trabajan para encontrar una solución al problema y no devalúan las opiniones del otro, aunque sean contrarias a la propia.
  • No hay ataques personales, insultos o comentarios humillantes, amenazas, manipulación o agresión física.
  • Ambos se hacen responsables de su propio comportamiento.
  • Se alientan y se apoyan en sus metas personales la cuales no pasan por encima del otro.
  • Quieren lo mejor para la otra persona.

Fuente: Si él es tan bueno, ¿por qué me siento tan mal?, Avery Neal.

 

10 señales de alarma

  1. Celos.
  2. Culpabilizar a su pareja de sus acciones.
  3. Falta de reconocimiento de los logros de la pareja.
  4. Infidelidad.
  5. Usar confidencias para luego atacar o lastimar.
  6. Distanciamiento emocional, así como alejar a su pareja de amigos y familiares.
  7. Priorizar sus deseos sobre los de su pareja.
  8. Maltrato físico: golpes, empujones, rasguños, etc.
  9. Maltrato emocional: gritos, descalificaciones, crítica continua, aplicar la “ley del hielo”, amenazas continuas de abandono.
  10. Maltrato o violencia sexual: obligar o chantajear para tener relaciones o prácticas sexuales que su pareja no desea o sin su consentimiento.

 

Libros para sanar

Especialistas de todo el mundo trabajan con parejas y personas que han logrado salir de relaciones destructivas. Sus experiencias dan lugar a libros que pueden ayudar a quienes pasan por este proceso.

  • Si él es tan bueno, ¿por qué me siento tan mal?, de Avery Neal, Editorial Diana.
  • Sexo, amor y violencia, estrategias de transformación, de Cloé Madanes, editorial Paidós)
  • Recuperando la capacidad de amar, de José de Jesús González, editorial PAX.
  • El amor, así de simple, así de complicado, de Ramón Torres, editorial Aguilar.

 

Por Mariana Chávez Rodríguez