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Se nos fue Jorge Negrete

 

¿Sabes cómo se vivió la muerte de uno de los grandes ídolos del cine mexicano?  Un fidedigno relato de la muerte de Jorge Negrete “El charro cantor”.

 

Desbocada, desgarrada, desquiciada, la noticia corría del río Potomac a la Patagonia. De Las Lomas a Tepito. De La Habana a Nueva York entre el estruendo obsesivo del homenaje de las radiodifusoras. “México lindo y querido, si muero lejos de ti”, la canción de Chucho Monge vuelta emblema, leyenda. La premonición del Charro cantor.

En Cali, la capital de Colombia, una jovencita agotó un coctel de barbitúricos. En la colonia Roma otra se lanzó desde un sexto piso. “Pa’ qué me sirve la vida; pa’ qué me sirve la vida, si la traigo amargada…”.

Murió Jorge Negrete.

La cola del cine Mariscala, la sala del pueblo, se alargaba hacia toda la manzana. La marquesina llevaba ya tres meses con la misma fiesta: Dos tipos de cuidado. Jorge el bueno; Pedro el malo.

María Félix, La Doña, Doña Bárbara, Doña Diabla, había volado desde París a la agonía de su esposo, el de la boda en la finca Catipoato de Tlalpan; el del regalo de un collar de diamantes de 300,000 pesos; el que se refugió en su belleza tras la ruptura con Gloria Marín.

El Hospital Cedros del Líbano de Los Ángeles estaba muy cerca de los estudios de Hollywood, pero tan lejos de México.

Jorge Negrete había desafiado la muerte, su madrina en la primera de sus películas, en una aventura audaz: ganar 45,000 dólares por una temporada en el Million Dolar Theater.

Al volado, enfermo terminal de cirrosis, lo había obligado la necesidad. “Es mucho dinero”, le había dicho a su hermano David. Y vivir al lado de María no era nada barato…

Los Ángeles

La bienvenida a la ciudad más mexicana de Estados Unidos fue una función de box. Al quinto round le sobrevino una primera hemorragia pronosticada por los médicos de una clínica de la Colonia Roma. Se reventaron las úlceras del esófago.

Al octavo llegó otra.

El actor estrella de Ay Jalisco no te rajes no quiso camilla. Tampoco hombros donde apoyarse. Tambaleante, llegó al automóvil con proa a su última cama.

El 5 de diciembre de 1953 llegó el suspiro final. Acababa de cumplir 42 años. Acababa de decir que tenía mucho por delante. Acababa de confesarse.

Por instrucciones del presidente Adolfo Ruiz Cortines llegó un avión de la Secretaría de Agricultura por el cuerpo. Sólo que La Doña no quería viajar en asientos de madera corridos, por lo que hubo de alquilarse un DC 3 de American Airlines.

Cuerpo presente

La mole, dos días después del deceso del hombre que quiso ser cantante de ópera y terminó de charro y murió de cirrosis sin haber abusado del alcohol, tardó tres horas en aterrizar ante el mal tiempo.

En el aeropuerto lo esperaban 5,000 rostros llorosos. Y luego la colosal valla a manera de serpentina hasta la sede de la ANDA en la colonia San Rafael. Emiliano Zapata, Moneda, Cinco de mayo, Avenida Juárez, Reforma, Sullivan…

Frente al ataúd cubierto de sedas y brocados negros, la imagen de la Virgen de Guadalupe. Fuera del recinto, luego Teatro Jorge Negrete, la banda del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica tocaba las canciones que le dieron fama. Y una sucesión de 50,000 personas desfiló ante el cadáver.

Al día siguiente, Pedro Infante vestido de “tamarindo”, motocicleta de Pedro Chávez al calce, lentes oscuros, le abriría paso al cortejo con meta en el Panteón Jardín.

Se nos fue Jorge Negrete.

“Que digan que estoy dormido, y que me traigan aquí”.