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Notas sobre la exclaustración de monjas de Querétaro

Foto: Pxhere

 

Las Leyes de Reforma, a mediados del siglo XIX, llevaron a cabo una serie de disposiciones que afectaron los intereses del clero. La Ley Juárez limitaba los dominios del clero y del ejército y declaraba la igualdad de los ciudadanos ante la ley; la Ley Lerdo obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender casas y tierras; la Ley Iglesias prohibía cobros y derechos parroquiales así como el pago obligatorio del diezmo, y obligaba la exclaustración de monjas y frailes de sus conventos. Pero, ¿cómo afectaron estas normas a los conventos de monjas en Querétaro? ¿Las leyes fueron aplicadas de inmediato?

En el Centro de Estudios de Historia de México Carso encontramos una documentación de gran valor para conocer algunos de los mandatos del gobierno liberal así como el seguimiento de la aplicación inmediata de las Leyes de Reforma. Para ello se solicitó a la mitra de la ciudad de Querétaro el envío de una circular a los conventos de religiosas y a la escuela carmelita, para saber el estado real de sus comunidades.

En el caso del convento de las Capuchinas, en 1864, la abadesa, sor María Coleta de Jesús, informó al Gobernador de la mitra, don José María Barbosa, que tenía a su cargo únicamente 27 monjas; que la iglesia del convento, al no haber religiosas que cuidaran del recinto, había sufrido la destrucción de sus vidrieras en las ventanas y que el órgano del coro había quedado arruinado totalmente por el abandono al que se destinó.

Por otro lado, la rectora del Colegio de Carmelitas, sor María de Cristo, informó que sólo quedaban 18 monjas y 12 niñas colegialas, quienes no contaban con alimento suficiente y que padecían gravísimas necesidades; que los ornamentos sacerdotales se encontraban muy deteriorados, casi inservibles. Que la manutención de la comunidad se debía a las pequeñas limosnas de los fieles del barrio.

Del convento de Santa Teresa, en julio de 1864, la priora María Josefa de Santa Teresa dio cuenta de sus 16 religiosas y le solicitó a la mitra ayuda para solventar los gastos más apremiantes de su comunidad.

El convento de Santa Clara, el que fuera el más rico de la ciudad y uno de los más opulentos en la Nueva España, informó a la mitra que la iglesia de dicho convento había sufrido un abandono total, resultado de la ley de exclaustración, pero que meses después, en 1863, se consiguió que volviera a abrirse y que se sostenía el culto divino, porque estuvo cerrada durante meses; gracias a ello las monjas podían verse favorecidas con las limosnas de los vecinos. Que al quitárseles la mayor parte de su edificio, las religiosas acondicionaron un pequeño espacio para su hospedaje; que el gobernador José de Linares dispuso que se abriera un calle por en medio del convento destruyendo arcos, capillas y celdas, sufriendo una horrorosa destrucción.

La documentación constituye una fuente de información valiosísima en torno a las disposiciones del gobierno para revisar lo ordenado por las Leyes de Reforma. No sólo a las monjas, sino también a los conventos de frailes que se vieron disminuidos después de la expedición de dichas leyes: franciscanos, carmelitas, dieguinos, dominicos y agustinos. Estos también estaban obligados a informar acerca de sus comunidades.

Por lo que podemos observar las comunidades religiosas continuaron en su vida cotidiana, aun cuando se vieron reducidas tanto en vocaciones como en medios de sustento. Es cierto, fueron despojadas de sus monasterios, o al menos no conservaron sus propiedades completas. El caso más patente fue el de las monjas clarisas que prácticamente perdieron todo.

Lo que más llama la atención es que hacia 1863, el gobierno imperial necesitaba una información clara de cómo se encontraba el clero secular en diversas ciudades del país. Por lo que leemos en la documentación, dicho gobierno fue más permisivo con las comunidades religiosas y no veía con buenos ojos el despojo de conventos y monasterios, así como la expulsión de las monjas de sus abadías, ya que se veían en la necesidad de pedir asilo en casas particulares.

Sin duda alguna la separación de Iglesia y Estado había sido la decisión correcta del gobierno liberal, pero tratar de acabar con la vida conventual femenina se tornaba demasiado violento e inicuo, particularmente en fundaciones a lo largo del periodo virreinal. Recordemos que no sólo eran espacios de vida comunitaria y religiosa sino también de resguardo de capitales que se colocaban a censo para la manutención de las religiosas. Así, el cambio descalabró fuertemente la vida conventual y las monjas salieron de los espacios que habían heredado siglos atrás.

El tema de la exclaustración está aún por estudiarse. Es una canal de investigación que ayuda a conocer a la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX, el cambio de rumbo de las comunidades femeninas y el reacomodo de las monjas que se insertaban en una nueva forma de vida que no acabó con sus aspiraciones religiosas.

Por lo que observamos, las Leyes de Reforma no se aplicaron de inmediato, o al menos se llevaron a cabo parcialmente en algunas comunidades de reverendas. Habría que estudiar convento por convento y ver las consecuencias de la expulsión.

 

Para leer más:

Exclaustración de monjas de Querétaro, Archivo del Centro de Estudios de Historia de México-Carso, Fondo CCXXI, 1864.