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La Real y Pontificia Universidad de México

 

 

El 25 de enero, de este año 2019, celebramos el 466 aniversario de la fundación de la Real Universidad de México, que abrió sus puertas en 1553 en la capital del virreinato de Nueva España. La distinguida institución fue fundada para dar respuesta a los jóvenes criollos (los nacidos en estas tierras) novohispanos que deseaban prepararse en estudios superiores y cursar una carrera profesional al servicio de la sociedad.

El acervo del Centro de Estudios de Historia de México Carso Fundación Carlos Slim resguarda fuentes muy valiosas para conocer este acontecimiento tan relevante en la instrucción pública de México. Es el caso de un manuscrito de Joaquín García Icazbalceta, en el que reseña puntualmente el modo en que se fundó y constituyó dicha institución.

El manuscrito de Icazbalceta señala que “pasaron los ocho primeros años de la conquista sin que los vencedores pensaran abrir establecimientos de instrucción en la nueva colonia, ocupados como estaban en aumentar y en asegurar los dominios de la corona, y no fue sino hasta 1534 o 1535 –me atengo a los datos escrupulosamente recogidos que obran en los tomos II y III de mi Historia de la Medicina en México[1], cuando el primer virrey don Antonio de Mendoza (1535-1550) y el arzobispo de la Ciudad de México fray Juan de Zumárraga (1530-1546) impulsaron la fundación de la universidad, semejante a las de España. El rey Carlos I, mediante la Real Cédula fechada el 21 de septiembre de 1551, otorgó el permiso de la erección para la pública enseñanza de indios y criollos. Cabe decir que su creación fue confirmada por varios papas, ente ellos Clemente VIII (1536-1595) que la declaró pontificia en Bula el 7 de octubre de 1595.

Así el 25 de enero de 1553 el nuevo virrey de Nueva España, don Luis de Velasco y Ruíz de Alarcón (1550-1564), verificó la apertura de la institución con las pompas acostumbradas. Primero se celebró una gran función en la iglesia del Colegio de San Pablo, de los religiosos agustinos, y de allí salió una numerosa comitiva en dirección de la futura universidad que se establecería temporalmente en las casa de doña Catalina de Montejo, en la esquina de las calles de Moneda y Seminario. Abrió la precesión un séquito de futuros catedráticos y las personas más notables de la ciudad, y seguido del cortejo de los Tribunales, el Ayuntamiento y la Real Audiencia.

El inicio de la universidad fue el 3 de junio, y sus primeras cátedras se iniciaron el 5. No fue el lugar definitivo de la institución ya que en 1561 ocupaba una casa perteneciente al Hospital de Jesús, y en 1574 se encontraba en casas alquiladas por el Marqués del Valle. En ese mismo año el rey Felipe II expidió la Real Cédula en que se donó una propiedad en la esquina de la calle del Reloj y lo que luego se conoció como Santa Teresa la Antigua, una vez que se establecieron las Carmelitas Descalzas en dicho lugar. No fue el lugar definitivo tampoco. En 1586 la institución volvió a ocupar parte del Hospital de Jesús, y en 1589 de forma definitiva la universidad se trasladó a la antigua Plaza del Volador donde por muchos años permaneció allí.

En sus inicios la universidad ofreció cursos para preparar a los futuros sacerdotes en el estudio de la Teología y la Filosofía, además de las carreras de Medicina. Entre las materias que se “dictaban”, es decir, que se enseñaban, se anotan la retórica, matemáticas –a la que en los primeros tiempos llamaban también astrología– filosofía, zoología, botánica, historia general y patria, gramática (latín), griego y hebreo, mexicano, otomí, sagrada escritura, sagrados cánones o decretales, instituta, sexto, clementinas, Santo Tomás, sutil escoto, maestro de las sentencias, disciplina eclesiástica, leyes, derecho o decreto, código, derecho patrio, derecho público, derecho administrativo, economía política, derecho romano, método medendi, anatomía, cirugía, medicina legal, historia de la medicina e higiene y, a decir de Icazbalceta, no hay registro de enseñanza de ingeniería.

Entre los requisitos para poder aspirar a la máxima institución educativa se solicitaba que el futuro estudiante no contara con antecedentes penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición, que no tuviera nota de infamia ni fuera descendiente de padres mulatos, negros o chinos y que nunca hubiera sido esclavo. Por el contrario, los indios sí podían aspirar a la universidad.

Los estudiantes debían vivir en casas decentes; no podían vestir camisas bordadas, ni medias de seda; no podían portar sacos de terciopelo o de raso porque no les estaba permitido el ingreso; no podían llevar guantes ni cadenas de oro, bajo pena de perder la matrícula. También se prohibía la portación de armas. A quienes infringieran el reglamento se les castigaría con el aprisionamiento en la cárcel dentro de la institución.

¡Cómo han cambiado los tiempos!

 

Fuentes

*Constituciones de la Real y Pontificia Universidad de México. Segunda Edición. Dedicada al Rey Nuestro Señor Carlos III, Universidad de México (1775), México, 1755, imprenta de Don Felipe Zúñiga y Ontiveros, calle de La Palma, Inventario 01044.

*Imperialis mexicana vniversitas illustrata ipsius per constitutionum scholia, academico generali commentario, theorico practico, fundationis, patronatus, instituti, privilegiorum, exemptionum consvetudinum, pontificij, ac caesare vniversi iuris studia concernentis, et rerum eius insignium, José Adama y Arriaga, España, 1698, Tomás López, Inventario 22531.

 

* Manuscrito de Joaquín García Icazbalceta sobre la creación de la Real y Pontificia Universidad de México, Fondo LXXX-1.

 

[1] Fondo LXXX-1 Manuscrito de Joaquín García Icazbalceta sobre la creación de la Real y Pontificia Universidad de México.