lunes , septiembre 23 2019

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AMLO y el nubarrón externo

 

Las primeras nubes se divisan sobre la economía mexicana. ¿Cómo las sorteará el nuevo gobierno?

 

 

Comenzó en la última semana de agosto. La venta masiva de activos emergentes ha generado una corrección en los mercados de divisas del mundo que para algunos puede estar presagiando una crisis de liquidez amplia. Argentina, Turquía y China parecen hallarse lejos de México como para alterar el plan de impulso a la economía social que ha dibujado (sin precisar cómo), el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

El contagio es tal que el peso mexicano ha oscilado entre 19.15 y 20.15 pesos por dólar, a pesar de que el 31 de agosto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, envió al Congreso de Estados Unidos la notificación de que se alcanzó un acuerdo con México y con Canadá, si se resuelven los últimos temas en el contexto de negociación del Tratado de Libre Comercio. Tal noticia hubiera revaluado al peso si no estuviera acompañada de tan negativo entorno externo.

Para AMLO y su equipo económico, la decisión de contraer el gasto público (por el recorte de los puestos de la alta burocracia y sus ingresos), se ha centrado como la prioridad al inaugurar el gobierno, pese a que el entorno externo no es nada favorable, y si a eso suma que su discurso y el de su equipo cercano un día subraya estabilidad y otro día apunta al populismo, simplemente se ha convertido en otro lastre –junto con el deterioro adicional de la balanza petrolera– para que el peso no encuentre un camino de regreso hacia las 18 unidades por dólar.

La política fiscal y desregulatoria del presidente Trump han impulsado a la economía de Estados Unidos, que aumentó a una tasa de 4.1% mientras que la de México cayó en el mismo periodo a una tasa de 0.2% respecto al primer trimestre.

Antes de la elección de Trump, la expansión estadounidense actual, junto con mayores exportaciones hacia el vecino del norte, apoyadas en el ritmo de aumento en consumo e inversión, hubieran sido factores de impulso para la economía mexicana.

A eso añada el entorno político incierto por el Rusiagate para el presidente Trump, que para los observadores permitirá a los demócratas recuperar la Cámara Baja y buscar su destitución (Impeachment) ante la serie de testimonios y declaraciones que se han ido acumulado en su contra y, que hacia adelante, podría tener efectos sobre los mercados nerviosos.

Sume el deterioro de la relación comercial Estados Unidos-China, Estados Unidos-Europa por la implementación de la sección 232 a la exportación de autos europeos a Estados Unidos; agregue Argentina –su moneda se ha devaluado de 18 pesos a 37.5 por dólar por su impresionante crisis financiera, la ausencia de acuerdo con el FMI y el rechazo de la población al presidente Macri por la imposición de medidas austeras–; Turquía y su crisis financiera y geopolítica –el tipo de cambio subió +25.41% desde 5.26 a 6.60 liras turcas en un mes–; la incertidumbre que pesa sobre la política monetaria en Estados Unidos donde el mercado presiona tasas al alza y la Reserva Federal parece resistirse a tomar un ritmo más acelerado para restablecer la normalidad monetaria a pesar de que el dólar se fortalece a niveles previos a la crisis del 2008; aumentan los déficits y se expande la economía y la inflación a ritmos importantes.

Todo se suma al entorno externo adverso y al serio deterioro de los factores que podrían impulsar a la economía mexicana, al grado de que AMLO tendrá que revisar a detalle las políticas que implemente y la comunicación que efectúe de ellas, porque “ni las benditas redes sociales” le salvarán de la tormenta perfecta que se avecina a menos que Trump, sin proponérselo, la desactive.

Se requiere mucha suerte, mucha maestría financiera y política para que el escenario externo no le complique el margen de maniobra al nuevo gobierno, con todo y sus mayorías legislativas, estatales y locales.