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Un robot le dijo a otro… ¿Y… dónde está el humano?

 

Ante la presencia de robots…muy pronto tendremos que ofrecer incentivos fiscales a las empresas que contraten personas.

 

Los años pasan y cada vez son más las personas (profesiones, actividades, puestos de trabajo) amenazados por el ascenso de los robots. Algunos estudios aseguran que 47% de las plazas de trabajo desaparecerán debido a la automatización. Androides en armadoras de autos, hoteles, restaurantes, bares, redacciones, juzgados… provocarán que obreros, camareras, meseros, cantineros, reporteros, jueces… ¡pierdan su empleo!

Decenas de programas de estudios universitarios ya están obsoletos, prácticamente daría igual si las carreras que los ofrecen a diario contaran con estudiantes o no. La mala noticia (correcto, aún no digo la mala) es que, ¡tienen alumnos! ¡Y las inscripciones no paran! Siguen y siguen y siguen…

Algunas de las consecuencias de todo lo anterior será el desempleo. Una nueva clase de desplazados irrumpirá en la sociedad. Los marginados tendrán toda clase de problemas para sobrevivir. No contarán con la comprensión social ni con el apoyo del gobierno para comer, vestir y pagar sus cuentas más elementales.

¿Soluciones? Bill Gates propone que los robots paguen impuestos. Idea insuficiente, opino con humildad. Sí, en parte coincido con la contribución robótica, pero falta mucho más. Por ejemplo, ese dinero tendría que utilizarse para “garantizarle” a los desplazados un ingreso mensual. ¿Así, sin más? ¿Darles recursos sólo porque un robot ocupó su puesto? No. Pagarles para que lleven a cabo tareas sociales. Ofrecerles una contraprestación a cambio de trabajo comunitario.

Estudiarlo, aunque no exista

También valdría la pena elaborar una política pública para ofrecer beneficios fiscales a los empresarios que contraten humanos (¡válgame, qué tiempos vivimos!). Tal propuesta parte de la base de que los robots no consumen ni pagan por productos o servicios (aún).

Es decir, confío en el sentido común de los dueños de empresa. ¿A qué me refiero? Si despiden gente, entonces también tendrán que cantarles “Las Golondrinas” a sus clientes y consumidores, pues su mercado real y potencial cada día será más pequeño… muy pequeño.

Igual valdría la pena que las universidades entendieran que deben preparar –sin titubeos– a sus estudiantes para que trabajen en industrias o sectores que aún no existen. ¡No es una idea volada! ¡Ya ocurrió! Haz cuentas y repasa una línea cronológica mental: ¿Cuántos años tiene de inventado el aparato que sirve para escuchar música en formato digital? ¿Qué estudiabas? ¿Dónde estabas?

Y cuando las redes sociales irrumpieron en el mundo: ¿Qué estudiaban los universitarios de la época? No será la primera vez, mucho menos la última, en que los seres humanos tenemos que aceptar que nuestros estudios (en caso de que los tengamos), al momento de salir de la universidad, ya sirven de nada. O de muy poco.

¿La profecía? Estudiar todo el tiempo. Incluso cambiar de carrera, de profesión (más de una vez). Reinventarnos constantemente. Dicen los estudiosos que en el futuro –no muy lejano– existirán dos tipos de personas al interior de las organizaciones: los que supervisen a los robots y los que serán supervisados por androides. ¿De qué lado estarás?