miércoles , junio 26 2019

Te puede interesar

Una mujer recibe una postal enviada a su dirección hace más de un siglo

Gasto social y pobreza. Columna de Sergio Sarmiento

Y llegó el danzón. Columna de Barranco Chavarría

Larga transición. Columna de Sergio Sarmiento

 

¿Cuáles son las razones para esperar tanto tiempo entre el día de las votaciones y la llegada al poder del presidente electo?

 

Foto: Pxhere

México tiene un plazo exageradamente largo entre la elección y la toma de poder. No es necesario. Otros países democráticos no esperan tanto. En el Reino Unido, que cuenta con un sistema parlamentario, el cambio se lleva a cabo al día siguiente de la elección. En Francia, cuyo sistema es presidencialista como el nuestro, Emmanuel Macron fue electo el 7 de mayo de 2017 y una semana después, el día 14, asumió el mando como presidente.

En México tuvimos la elección el 1 de julio, pero la toma de posesión del nuevo presidente tendrá lugar el 1 de diciembre. Son cinco meses de espera. Quizá este prolongado lapso tenía alguna lógica en otros tiempos, cuando un traslado de una ciudad a otra del país podía llevarse varias semanas, pero hoy en día podemos ir y regresar el mismo día de las ciudades más distantes.

Debemos homologar nuestra situación a la que tienen los países más democráticos del mundo.

Una de las razones de que México siga teniendo un periodo tan largo de transición es el hecho de que cada nuevo gobierno quiere siempre reinventar el país. Al llegar, los gobernantes despiden a miles de funcionarios, los que ocupan los dos o tres niveles superiores de mando, para colocar a su propia gente en cargos de responsabilidad. Poco importa que quienes ingresen a las responsabilidades no tengan idea de las funciones que se les están asignando. En los países más democráticos, como el Reino Unido o Francia, sólo los ministros son reemplazados; todos los puestos inferiores los conservan servidores públicos de carrera.

Las cosas en México no van a cambiar de momento. El presidente electo ha anunciado ya que va a destituir al 70% del personal de confianza: son más de 200,000 personas, las más capacitadas dentro de la estructura del gobierno. Esto puede generar problemas muy serios en la continuación de los programas de gobierno de una administración a la siguiente.

Otra razón del largo periodo de transición en nuestro país es la judicialización de los procesos electorales. En México ha sido muy común que las elecciones no se definan el día del voto y ni siquiera el del conteo en los comités de distrito. Los perdedores recurren a los tribunales y los resultados pueden mantenerse en suspenso durante meses. En los países más democráticos, en cambio, los resultados se aceptan el mismo día de la elección.

Una de las razones de que México siga teniendo un periodo tan largo de transición es el hecho de que cada nuevo gobierno quiere siempre reinventar el país.

 

Andrés Manuel López Obrador obtuvo el 1 de julio un triunfo abrumador que el país no había presenciado desde los tiempos del viejo PRI. El presidente electo no sólo consiguió 30 millones de votos, un récord histórico, y 53% del voto popular, sino que su alianza de partidos consiguió mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso. Esta ventaja le ha permitido empezar a impulsar su agenda política desde antes de tomar el poder. Los nuevos legisladores están en funciones desde el 1 de septiembre y han podido ya avanzar en los objetivos del presidente electo.

Sin embargo, el largo periodo de transición genera problemas, incertidumbre y una caída en la inversión. Debemos homologar nuestra situación a la que tienen los países más democráticos del mundo. No es sólo cuestión de decretar que se acorte el lapso, necesitamos tener un servicio civil de carrera profesional y estable que facilite la transición. No podemos seguir pretendiendo reconstruir el país cada seis años, ni despedir a todos los trabajadores de confianza.

Andrés Manuel López Obrador tiene la oportunidad de lograr esta transformación y otras más. Ningún otro presidente en tiempos recientes ha recibido un mandato tan claro en las urnas; ninguno ha tenido una legitimidad mayor; ninguno ha contado, desde los tiempos del viejo PRI, con una mayoría absoluta en las dos cámaras del Congreso. Son muchas las reformas que deben hacerse. No tiene caso esperar cinco meses antes de empezar un nuevo gobierno.