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La historia del Black Friday

¿Cuál es la historia detrás del Black Friday, el evento comercial que anualmente moviliza a más estadounidenses y genera el mayor volumen de ventas?

Es uno de los días más esperados por comerciantes y consumidores, quienes se agolpan frente a la entrada de las tiendas, o se colocan delante de su computadora, en espera de que arranque la venta de todo tipo de productos, cuyo descuento en el precio puede llegar a 80%. Se trata del Black Friday, toda una festividad consumista en Estados Unidos que marca el arranque del periodo de ventas navideñas, las cuales representan 35% del total del año.

¿Por qué se llama así? “El término se usó en principio para describir la catástrofe financiera ocurrida el viernes 24 de septiembre de 1869, lo que provocó un incremento inusitado de la oferta, acompañado por el desplome de los precios, tal y como sucede con el Black Friday para deleite de millones de potenciales compradores de bienes y servicios” explica Eduardo Mendoza Rangel, economista y catedrático de la UNAM.

El evento transcurre invariablemente el cuarto viernes de noviembre, justo después del Día de Acción de Gracias, una fecha muy significativa en el calendario estadounidense. En cuanto a la palabra “negro” (black), Rangel comenta que responde al impacto que esas ventas extraordinarias tienen en los libros contables de proveedores y almacenes, sobre todo en aquellos que vienen arrastrando números rojos (pérdidas), pues se espera que se transformen en negros (ganancias) hasta concluir el año contable.

Festejos y ganancias

La temporada de compras navideñas permanentemente ha estado presente en las principales urbes estadounidenses, pero los primeros indicios de festejar su arranque se remontan a principios del siglo pasado, con rebajas de precios en tiendas departamentales. Pequeños y grandes comerciantes de Filadelfia incorporaron el Black Friday a su estrategia anual de ventas en noviembre de 1952. Poco después se convirtió en un evento nacional.

Para Mendoza, la estrategia busca colocar el stock de mercancías rezagadas en los dos primeros trimestres del año. Destacan enseres domésticos, ropa, calzado y accesorios, así como telefonía móvil, equipos de cómputo y todo tipo de gadgets.

¿Qué tienen en común esos productos? Que se pusieron de moda o marcaron tendencia cuando salieron a la venta, pero al momento de su rebaja resultan atractivos solamente para los consumidores que simplemente aspiran a cosas buenas, bonitas y funcionales.

Abundan las ciudades en donde la jornada inicia con el primer segundo del viernes y culmina la noche del domingo. No han faltado tiendas departamentales que adelantan la venta, dando lugar al jueves gris, pero el viernes se mantiene como el día de mayor movimiento. En 2017 el monto total de lo vendido durante la festividad rebasó los 58,000 millones de dólares.

El caos que acompaña al periodo sumado a las crecientes facilidades para realizar operaciones comerciales seguras en internet han fomentado las compras online, a tal grado que un tercio de quienes compran opta únicamente por esa vía. La tendencia va a la alza y, para aprovecharlo, desde 2005 el peculiar fin de semana se extendió un día para instituir el Ciber Monday, con ofertas exclusivas para la red.

 

Estilo mexicano

Ante su impacto económico, el Black Friday ha sido retomado en más de 30 países dispersos en los cinco continentes. La versión mexicana es el Buen Fin, y se lleva a cabo desde 2011, cada noviembre, a partir del viernes previo al lunes feriado para conmemorar la Revolución de 1910.

El éxito del Buen Fin se ha reflejado en el crecimiento constante de su monto de ventas. Si en su primer año generó 39,800 millones de pesos, en 2017 generó 94,000 millones y se espera que el próximo noviembre rebase los 100,000 millones de pesos.

Mendoza cree que la diferencia entre el Black Friday y el Buen Fin está en su credibilidad porque la iniciativa mexicana ha recibido acusaciones de inflar precios en los días previos a las jornadas de descuento que en realidad no son tales.

¿Cómo protegerse de las ofertas engañosas? “Saber con anticipación qué se quiere adquirir, una laptop, por ejemplo, y comparar precios antes y después de la rebaja. El entusiasmo por comprar no debe impedir pensar antes de sacar la billetera o entregar la tarjeta de crédito”, recomienda Mendoza.

 

Por Pedro C. Baca