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Vladimir Putin, el factor ruso

Recién logró su tercera reelección presidencial con la promesa de consolidar una nueva época de esplendor para su país. El proyecto de Vladimir Putin incluye una política exterior más agresiva que bien podría incluir la injerencia en asuntos internos de naciones estratégicas como México.

/ AFP PHOTO / APA / HANS PUNZ / Austria OUT

 

Admirado por un ególatra de las dimensiones del presidente estadounidense Donald Trump, respetado por líderes mundiales como la canciller alemana Angela Merkel y temido por sus adversarios políticos, Vladimir Putin (San Petersburgo, 1952) sabe que, después de 18 años de ejercer el poder, en Rusia no existe alguien con posibilidades de disputárselo. Luego de su tercera reelección en marzo pasado, la que ganó casi 65 puntos porcentuales de ventaja sobre su más cercano contendiente, tiene la seguridad de que, por lo menos hasta el 2024, estará al frente del país más extenso del orbe.

“El arraigo de Putin en su electorado tiene mucho que ver con su habilidad para presentarse como el autor de la resurrección de Rusia, un país que antes de su arribo al poder estaba literalmente sumido en el caos económico, secuestrado por un puñado de oligarcas que controlaban la riqueza nacional y desmoralizado ante la pérdida de su influencia en el mundo”, explica Alberto Betancourt Posada, doctor en Historia, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y coordinador del Observatorio del G20 de la misma institución.

Para explicar el contexto que ha forjado el liderazgo del mandatario europeo, Betancourt, comentarista de temas internacionales en Primer Movimiento, programa matutino de TV UNAM, se remonta al 31 de diciembre de 1999, justo cuando el entonces presidente Boris Yeltsin agobiado por la difícil situación del país surgido de las ruinas de la Unión Soviética, renunció a su cargo repentinamente. Fue relevado por Putin, un discreto abogado con meteórica carrera en los servicios de espionaje, a quien había designado primer ministro apenas una semana antes.

 

MANDO ÚNICO

Durante su gobierno, Boris Yeltsin se había aliado con sectores del antiguo régimen soviético que pugnaban por la rápida incorporación de Rusia al sistema capitalista, al tiempo que se apropiaban de las más rentables corporaciones estatales, como las petroleras, en aquel momento rematadas al mejor postor. No pasó mucho tiempo para que estos barones se sintieran con derecho a decidir el rumbo político, pero aceptaron la designación de Putin (confirmada en comicios celebrados en marzo de 2000) porque lo creyeron leal a sus intereses.

Se equivocaron. El nuevo presidente se deshizo de ellos, unos terminaron en la cárcel, otros en el exilio y otros más murieron en situaciones sospechosas (ver Vladimir Putin, el implacable señor de Rusia, Contenido, sep. 2013). En su lugar construyó una una nueva clase empresarial tal vez ni menos corrupta, ni menos rapaz, pero dispuesta a respetar las reglas impuestas desde la presidencia.

El mandatario aprovechó el fortalecimiento de su liderazgo para estabilizar al país y conjurar los temores de una “inminente desintegración” propalados por analistas estadounidenses y europeos, quienes la veían como el paso siguiente a la separación de 14 países que, junto con la Federación de Rusia, habían formado parte de la Unión Soviética.

Putin aplastó sin miramientos a todos los brotes independentistas lo que le valió el repudio de la comunidad internacional, a la vez que el aplauso de sus compatriotas. “Sus grandes logros han sido la resurrección económica, psicológica y geopolítica de Rusia, y la habilidad para que los rusos sepan que él es el autor”, opina Betancourt.

No hay quien ponga en duda el arraigo popular del mandatario, como no faltan quienes lo acusen de haber desaparecido a la oposición más beligerante. Un reciente documental de la BBC titulado “Putin, el nuevo zar” pone como ejemplo emblemático del destino de los adversarios al ex vice primer ministro Boris Nemtsov, quien fue asesinado frente a los muros del Kremlin en febrero de 2015. Antes había publicado un libro sobre Putin en el que lo acusó de tener 58 jets, dos yates, un palacio de verano y cuantiosa fortuna administrada por prestanombres. Cuatro hombres fueron arrestados por la muerte del político, pero no se indagó más.

El investigador de la UNAM no desconoce el perfil autoritario del gobernante, pero le parece exagerado afirmar que los opositores reales hayan sido erradicados. “Existe juego político y más allá de la idea de un liderazgo absoluto que el propio Putin ha promovido, lo cierto es que no gobierna solo, representa a la nueva burguesía local que ha sido exitosa a la hora de generar prosperidad, tanto para ella, como para el grueso de la población”.

 

DEMOCRACIA DIRIGIDA

En Rusia coexisten varias fuerzas políticas, una de ellas es el Partido Comunista que en los recientes comicios presidenciales postuló al ingeniero agrónomo Pável Grudinin y obtuvo la segunda mayor votación. Este líder tiene 57 años tiene experiencia como legislador regional en Moscú, pero es más conocido por su eficiente administración de la Granja Estatal Lenin, una de las pocas cooperativas que sobrevivieron a la debacle del antiguo sistema socialista. En la actualidad otorga a sus trabajadores salarios mensuales que equivalen a 1,370 dólares, más del doble del promedio de quienes trabajan en otras empresas europeas del sector, además de brindarles prestaciones insólitas para un empleado ruso, como apoyo educativo.

La candidatura de Grudinin surgió de un proceso de unificación de la izquierda rusa y su campaña estuvo centrada en la propuesta de construir “islotes socialistas en medio del océano capitalista” en que, desde su perspectiva, se ha convertido Rusia. Su oferta fue respaldada por más de 8.6 millones de votantes, el 11.7% del total.

También es cierto que Putin ha creado un sistema político que mantiene a todas las fuerzas políticas bajo control y las orilla tanto a negociar, como a quedarse calladas en asuntos que el régimen no quiere discutir. Los ideólogos del régimen describen este estado de cosas como “democracia dirigida”.

Frente a historiadores y politólogos que consideran a la idiosincracia rusa como favorable al autoritarismo –al grado de otorgar a Putin un estatus comparable al de los monarcas absolutos que rigieron al país durante varios siglos– el académico Betancourt lo rechaza. “En 1917 el pueblo ruso llevó a cabo la revolución democrática más profunda de la que se tenga registro histórico, convocando a masas de campesinos que se rebelaron contra los terratenientes, más de un millón y medio de soldados que se negaron a obedecer a sus oficiales, y la clase obrera de ciudades como San Petersburgo, Kiev y Moscú”.

El académico opina que para entender la realidad rusa hay que tener presente su necesidad de gobiernos fuertes y centralistas debido a lo complejo que resulta administrar un país que abarca 17 millones de kilómetros cuadrados y alberga varias naciones milenarias, cada una con identidad muy diferente a las demás. ¿Viven o no bajo una democracia?, “No, desde la perspectiva europea y estadounidense, lo que no significa que estén oprimidos”, apunta Betancourt.

El académico no desconoce la posibilidad de que Putin gobierne mucho más allá del 2024 (año en que terminará su actual mandato), pero considera que hacerla realidad dependerá más de sus éxitos económicos y la capacidad para cohesionar que de imponer su autoridad. En ese sentido el documental de la BBC, citado al principio de este reportaje, considera que el gran éxito del presidente “ha sido construir un concepto de ‘nosotros’ en una sociedad tan étnica y culturalmente diversa”.

 

RECUPERACIÓN PALPABLE

La caída de la Unión Soviética supuso un tremendo golpe económico para la sociedad rusa, que con todo y escasez cotidiana no estaba acostumbrada a mendigar. El PIB per cápita se redujo de 3,485 dólares estadounideses en 1991 a 1,330 en 1999 (38% menos), según datos del Banco Mundial estimados en función del valor actual del dólar. Actualmente el indicador rebasa los 16,000 dólares.

Sin embargo, en 2000, cuando empezó la era Putin, la economía comenzó a crecer de manera constante y pudo mantenerse a salvo de la crisis financiera internacional que se desató en 2007 llevando a la quiebra a varios países europeos. En los últimos 18 años Rusia ha visto surgir a casi un centenar de nuevos multimillonarios, según la revista Forbes.

Informes del Fondo Monetario Internacional confirman que la política económica del jerarca ruso duplicó el promedio de los salarios de la clase trabajadora y ha sacado de pobreza extrema a 40 millones de personas. La esperanza de vida creció 14 años, pasó de 60 años en 1999 a 74 en 2015, periodo en que fue reconstruido el sistema de salud financiado por el Estado.

A partir de 2013 se han presentado altibajos en la expansión de la economía y la reducción de la pobreza, “la sociedad rusa todavía asocia la bonanza a Putin y no ha olvidado las penurias sufridas en la década del noventa”, apunta la BBC.

Por su parte, Betancourt explica que Rusia enfrenta el reto de expandir su prosperidad, para lograrlo ha establecido fuertes vínculos con China. Busca ser el engarce entre Asia y Europa aprovechando que su territorio va desde el Océano Pacífico hasta el Mar Báltico y los países escandinavos, y llega al Mar Negro con acceso al Mediterráneo. Ahora trabaja en el mejoramiento de la infraestructura carretera y ferroviaria para facilitar el traslado tanto de sus propias mercancías como las del Gigante amarillo que necesita atravesar su territorio.

¿Convivencia necesaria?

“Rusia parece haberse acostumbrado a convivir con la corrupción”, apunta el Índice de Prácticas Anticorrupción 2017 de la ONG Transparencia Internacional (TI), el que la coloca en el sitio 135 entre 180 países y territorios evaluados. El reporte subraya que esta es “la peor evaluación” del gigante euroasiático respecto a los tres años anteriores.

SEGUNDAS INTENCIONES

A los éxitos de Putin se suma la recuperación del “área vital de influencia rusa”, conformada por la mayoría de las antiguas repúblicas soviéticas, así como la facilidad con que despojó a a Ucrania de la estratégica península de Crimea, a pesar de la oposición de la Unión Europea y E.U.A.

El siguiente paso ha sido recuperar su papel de protagonista de la política internacional y particularmente en Medio Oriente al impedir el derrocamiento del presidente sirio Bashar al Asad. Rusia ha reactivado su industria militar pero no cuenta con el poderío para volver a desafiar ni a Estados Unidos ni a la OTAN, por lo tanto su estrategia ha sido confundir a la comunidad internacional, cuyas respuestas tan mesuradas como tardías han dado a Putin un halo de invencibilidad que lo fortalece ante su electorado.

Han sido constantes las acusaciones de que sus estrategas han infiltrado la redes sociales para influir en la política estadounidense, lo que habría facilitado el acceso de Donald Trump a la Casa Blanca. Betancourt pone en duda tal complot, a partir de la confrontación que existe actualmente entre Putin y su contraparte estadounidense, alimentada por la decisión de este último de aplicar sanciones económicas a funcionarios y empresarios rusos con fuertes vínculos con el Kremlin. “Estamos ante el momento más tenso de la relación entre ambos países desde 1962 cuando ocurrió la Crisis de los Misiles en Cuba”, señala Betancourt.

 

CONTACTOS EN MÉXICO

¿Y qué ambiciones puede tener Putin sobre México? Tanto representantes del Departamento de Estado Norteamericano como el fundador de la red social Facebook, Mark Zuckerberg, han alertado de probables maniobras rusas para inducir el resultado de las elecciones presidenciales mexicanas. El académico descarta la advertencia porque no encuentra elementos en la realidad que la apuntalen. “Rusia como cualquier otra potencia busca tener aliados en distintas partes del mundo, pero no ha tenido una excelente relación política y comercial con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y no tendría razones para confrontarse con él, ni estímulos para respaldar a cualquiera de los candidatos presidenciales. Ninguno de ellos ha propuesto acercarse al país europeo, ni siquiera en el área económica, ni siquiera se ha proclamado antiestadounidense aún cuando cada uno ha ha exigido a Trump un trato respetuoso para México”, indica Betancourt.

Fuera de elucubraciones, el académico de la UNAM da por hecho que Putin buscará que su país recupere su condición de actor decisivo en la política internacional, no sólo por ambición personal, sino porque cree firmemente que ese es el destino inevitable de lo que él llama “la Madre Rusia”.

 

Poder aplastante

Al interpretar los resultados de las elecciones presidenciales rusas queda en evidencia que tres de cada cuatro ciudadanos optaron por Putin.

Vladimir Putin                     Frente Popular PanRuso                                    76.69%

Pavel Grudinin                    Fuerzas Patrióticas Nacionales de Rusia       11.77%

Vladimir Zhirinovski                       Partido Liberal Democrático                               5.65%

Ksenia Sobchack               Iniciativa Cívica                                                      1.68%

Otros cuatro candidatos                                                                                     4.21%

 

 

Por Pedro C. Baca