¿Quién es el nuevo presidente de Cuba?

Se llama Miguel Díaz-Canel Bermúdez, nació en 1960, poco más de un año después de la instauración del régimen comunista en Cuba, y es un fiel discípulo de su antecesor, el general Raúl Castro, quien lo designó presidente para encabezar el indispensable relevo generacional en la clase gobernante.

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Del nuevo mandatario se sabe poco y es que dicen sus allegados sus principales virtudes son la discreción, el tacto, la lealtad y optar en todo momento el bajo perfil, fue así como ascendió meteóricamente en la escala del poder cubano y pudo mantenerse ajeno a intrigas palaciegas.

Al mismo tiempo fue inmune a purgas contra políticos de su generación que se mostraron «demasiado ambiciosos», como los ex cancilleres Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque, y el ex vicepresidente Carlos Lage.

Mientras aquellos terminaron defenestrados, Díaz-Canel fue premiado con la presidencia de Cuba.

CAMINO AL PODER

Nacido el 20 de abril de 1960 en Placetas, provincia de Villa Clara, miembro de una familia de ascendencia asturiana, casado en segundas nupcias con la docente Lis Cuesta, y con dos hijos de su primer matrimonio, Miguel Mario Díez-Canel Bermúdez, se fogueó a finles de los 80 en la Unión de Jóvenes Comunistas.

De 1994 a 2003 fue secretario del Partido Comunista en la provincia de Villa Clara, donde se ganó fama de dirigente abierto por su apoyo  un centro cultural donde se hacía travestismo y por su toque rockero, cabello largo y afición a los Beatles.

Para aquel momento ya era uno de los cuadros provinciales supervisados por Raúl Castro con la vista puesta en un todavía distante relevo generacional.

Díaz-Canel lo entendió así y en ningún momento perdió la cabeza. En 2003, Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, lo envío como secretario del partido a la provincia de Holguín, y ahí lo mantuvo hasta 2009.

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PRÍNCIPE HABANERO

En febrero de 2008 Raúl Castro fue confirmado como presidente de Cuba y un año después llevó a su pupilo a La Habana para ungirlo ministro de Educación. En 2012 lo hizo vicepresidente del Consejo de Ministros y, meses después, cuando formó lo que sería su último gabinete, le añadió el cargo de vicepresidente del Consejo de Estado. Al presentarlo ofreció un discurso en el que lo apuntó como su sucesor, acreditando su linaje: «no es un advenedizo, ni un improvisado».

Para entonces era obvio porque muchos cubanos se referían a Díaz-Canel como el príncipe heredero.

Díaz-Canel siempre empleó una retórica continuista y  la reforzó a medida que se acercó su designación como presidente. El pasado 11 de marzo lanzó loas a la «generación histórica que nos ha conducido y forjó la revolución».

Además de glorificar a sus mayores, entre 2012 y 2018 se dedicó a supervisar el proceso de reformas del modelo político y económico para acercarlo a lo que Raúl deseaba: más mercado, más empleos en la iniciativa privada, más oportunidades económicas, pero no pluralidad de partidos.

La prensa internacional solamente recuerda un episodio en que este dirigente conocido por su parquedad perdió los estribos. Un video de una reunión del partido que se difundió en internet en 2017 y en el que el futuro presidente ventiló los «proyectos subversivos» que según él estaban detrás de la aparición de la prensa independiente

CAMBIO DE MANDO

Por un límite establecido por el propio Raúl Castro para la sana renovación de los cuadros gobernantes de la isla, su mandato presidencial debía terminar en 2018, y así ocurrió. En una ceremonia austera entregó la presidencia a su delfín.

¿Es Díaz-Canel el hombre más poderoso de Cuba? No, sigue siendo el número dos. Castro se mantiene como secretario general del partido y estará ahí, si la salud se lo permite, hasta 2021.

En cuanto al nuevo presidente, todo indica que irá asumiendo funciones hasta relevar por completo a su mentor. En su primer año de gobierno tendrá que hacer frente a la unificación monetaria (fundir en una sola la moneda convertible, equiparable al dólar, y la nacional de uso doméstico).

Por otra parte, podría relanzar la concesión de licencias a las pequeñas y medianas dándoles más garantías y solidez jurídica con una ley de pymes.

Ante el derrumbe de Venezuela, su principal socio y mecenas, deberá atraer más capitales de China y Rusia, pero también de la Unión Europea, Canadá y México.

Respecto a Estados Unidos, deberá lidiar con la retórica belicosa del presidente Donald Trump, así como a políticas nuevamente hostiles que empujan los asesores Mike Pompeo y John Bolton, las que planean reponer sanciones al régimen cubano para obligarlo a la apertura de espacios políticos.

¿Y en materia de derechos humanos? Los analistas descartan cambios en el corto plazo para suavizar el trato a los disidente, al contrario, se esperan más restricciones. Díaz-Canel sabe que debe su designación a su imagen de continuista intransigente, y no querrá despertar antipatías en el sector más reacio a las reformas.

(Por Pedro C. Baca)

 

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