La revolución del arreglo masculino

 

Hoy es cada vez más común que hombres usen tintes, aretes, maquillaje o que acudan a clínicas de belleza o compren productos para el cutis y el pelo. ¿Le decimos adiós al concepto aquel de “feo, fuerte y formal”?

 

Fotos: Naomi Kaisawa

 

Ramiro M. es gerente en una importante compañía productora y exportadora de lácteos del país. Consciente de que debido a sus funciones en el trabajo requiere verse muy presentable todos los días –no es raro que haga videollamadas con sus jefes o que atienda personalmente a clientes y proveedores–, Ramiro es muy cuidadoso con lo que elige para vestir y calzar. No escatima en precios cuando acude a establecimientos “de marca” a proveerse incluso de ropa interior y calcetines. “En ese aspecto no hay que dejar nada al azar”, dice.

Y no lo hace: su esmero lo despliega en todos los demás campos de su apariencia. Una de sus hijas, Camila M., de 19 años y quien también aceptó hablar con Contenido, revela con tono quejumbroso que su papá “no deja de verse al espejo, trata de acentuar ciertos atributos, como que se le vea el trasero duro, redondo, y a mí me está diciendo todo el tiempo que cuide mi peso, que me veo gorda, que haga dieta”.

A este hombre de 49 años no le disgusta el término metrosexual. “Sí, así se les dice a quienes nos cuidamos, pero debo hacerlo, corro 10 kilómetros diarios, me mantengo en forma”, dice este hombre que luce un estricto rapado en la cabeza y acepta que él mismo se depila casi todo el cuerpo ─No me gusta la barba, los pelos me dan asco─ confiesa, además de que acude a clínicas para que le practiquen la manicura y la pedicura. Para él, su aliño no tiene nada de amaneramiento o feminidad: “Es necesario, punto”. Al verlo, su hija Camila hace un puchero sonriente: “Sin duda él se cuida más que mi mamá”.

¿El caso de Ramiro es aislado? ¿Son pocos los hombres que están consumiendo más moda, más cosméticos, que se fijan más en su físico y su salud? Todos los datos y testimonios empujan a confirmar lo contrario: son cada vez más los varones que demandan productos y servicios para su arreglo personal.

La firma Euromonitor International calculaba que para 2017 el sector de la cosmética para ellos superaría los 45,000 millones de dólares en el mundo y que para el 2020 escalaría hasta los 60,000 millones; diversos reportes coinciden en que a partir de la década de los noventa cada vez más hombres pasaron de usar sólo champú, desodorante, loción para después de afeitar o alguna crema genérica para humectar la piel, a una gama mucho más amplia de productos como geles con distintas propiedades para el pelo, lociones para combatir la calvicie, sustancias para el contorno de los ojos, cremas antiarrugas, lacas para la barba, protectores solares, cremas depilatorias y limpiadoras, productos anticelulíticos, incluso mascarillas o maquillaje.

En México, cifras de la industria cosmética ubican el consumo de productos para hombre en alrededor de 30%, pero con un crecimiento superior al de los consagrados a mujeres, que ostenta 70% del mercado total. A escala mundial el diario británico Independent aseguraba que los mercados de mayor crecimiento en artículos de cuidado personal masculino entre 2010 y 2016 fueron Brasil, Corea del Sur, Estados Unidos, Alemania, India, Reino Unido y China, y el portal de comercio electrónico mrporter.com revelaba que sus ventas en esas categorías crecieron a ritmos de hasta 300% en 2015.

En la mayoría de los países –incluidos los de Medio Oriente y no se diga en Japón, con una larga tradición en atildamiento masculino y donde firmas como Shiseido fabrican ya productos cosméticos sin-género– la tendencia es clara: crece más rápidamente el consumo de productos y servicios dedicados a los hombres. Y si bien la categoría más grande es la de cuidados para el pelo, porque la calvicie aún sigue siendo la principal preocupación de la mayoría de los hombres, todas las líneas de las diferentes marcas muestran tendencia creciente.

Quedó atrás ese tiempo cuando los varones “robaban” los afeites a sus parejas femeninas. Hoy por sí mismos invierten en productos que van más con su tipo de piel, pelo y hormonas. Por si fuera poco, las mismas mujeres son quienes suelen adquirir o sugerir productos para que ellos los usen.

En este contexto la presencia masculina es cada vez menos discreta en centros de rejuvenecimiento o en clínicas especializadas que practican cirugías estéticas, y tanta ha sido la profundidad de estos cambios que proliferan líneas de productos unisex –que pueden usar ambos sexos, en ropa, accesorios o cosméticos– y hay marcas que van aún más lejos, como la productora de cosméticos MAC, que decididamente habla de “borrar los límites entre lo masculino y lo femenino” y ha desarrollado colecciones neutras.

Es un hecho que en las grandes ciudades del mundo ya pocos se escandalicen al ver a varones con el cabello pintado de varias tonalidades o usando bolsos de mano. Porque además estas manifestaciones ya no son exclusivas de quienes tienen un preferencia homosexual: las sociedades urbanas en general poco a poco entran en una etapa de permisividad de los propios hombres hacia gustos y necesidades diversos.

Limpios y arreglados

Los varones dedican casi el mismo tiempo y energía que las mujeres al arreglo y cuidado personal. Estas son las horas a la semana que los mayores de 12 años consagran a estas actividades:

Actividad                             Hombres                 Mujeres

Dormir                                  53.1                           54.3

Aseo y arreglo                     5.2                             6.4

Cuidados a la salud                     5.0                             4.6

Rezar, meditar, descansar          3.6                             3.1

Fuente: Inegi e Inmujeres, Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2014

 

 

QUÉ CAMBIÓ

El concepto de lo masculino ha sufrido transformaciones profundas a lo largo de la historia. Si abrevamos de la fuente del pensamiento occidental, Grecia, y de su principal cuerpo poético atribuido a Homero, se concluiría que lo masculino se determinaba en función de la valía y la furia para la guerra o la templanza para el consejo. Las mujeres, por ende, no solían guerrear y en cambio se ocupaban de las labores de crianza y cuidado del hogar. Así se solían diferenciar las competencias de ellos y ellas. Nuestras culturas mesoamericanas, de las cuales provienen la mayoría de los mexicanos, no diferían mucho de ese concepto.

El tema de arreglo personal masculino, lo que hoy presenciamos, es una variación de lo que sucedió en el pasado. En otras épocas, en ciertas capas sociales, el atildamiento de los hombres era prolijo y fastuoso. Ya fueren tlatoanis, señores feudales, shogunes, virreyes, soberanos o líderes religiosos, todos se distinguían por los ropajes, maquillaje, adornos, joyas, peinados o incrustaciones y añadidos en el cuerpo y en el pelo.

Alguien que ha analizado por décadas el desarrollo del mercado de la moda y los comportamientos asociados con ello en todo el mundo es el periodista y autor Antonio González de Cosío. Distingue que en otras épocas el arreglo masculino se debía a una muestra de superioridad. “Lo platicaba hace poco con Nathalie Colin, diseñadora de la casa Swarovski: quienes usaban las joyas más extravagantes eran los varones”, refiere. Eso cambió, desde su perspectiva, con la revolución industrial, cuando los hombres trabajaban en fábricas o en el campo, haciendo complicado que se embellecieran. Fue entonces cuando la mujer cobró importancia en ese sentido.

La doctora en Psicología y autora de libros sobre identidades de género Tania Rocha Sánchez ofrece su punto de vista respecto de si este cambio es producto de las modas o de algo más permanente. “Desde hace tres décadas empezó a asentarse la idea de los hombres que empiezan a tener un particular cuidado en su apariencia, en la piel, el cuerpo y el uso de cosméticos que eran asociados exclusivamente para mujeres”. Explica que el término metrosexual nació en 1994 en Inglaterra, con personajes como el futbolista David Beckham─ otros suman a esa lista a los actores George Clooney y Johnny Deep─ pero como fenómeno no es algo nuevo sino que se ha venido adaptando a los cánones culturales de belleza.

“Lo interesante en los hombres de hoy tiene que ver con el cruce de otros cambios sociales que han posibilitado una mayor permisividad en términos de los estereotipos que dictaban el rol y la apariencia de ellos y ellas”, agrega la investigadora de la UNAM. Para Rocha, “vivimos una época de amplia globalización y un contexto capitalista que también busca formas de tener adeptos y promover la lógica de consumo, de adquirir productos de marca, tendencias, etcétera, y de ahí surge la noción del metrosexual”. Nuestro entorno ─dice─ busca grupos emergentes de consumo, con posibilidades de ganancia económica, y “atrapa” porque el mercado no sólo vende la idea de una prenda, una marca o un estilo, “sino la idea de éxito, de valía, de pertenencia”.

 

LA ETERNA JUVENTUD

Hay varias vías para explicar las causas de este presunto cambio de paradigma social. Y uno poderoso es el que aduce Lucy Lara, editora de revistas y autora de libros sobre moda, tendencias y poder. Ella coincide que por la masificación y mundialización hay una industria que se percató de un nuevo y enorme mercado masculino, pero que los cambios hoy son más democráticos, “lo que prevalece es la moda rápida, de abajo para arriba. Antes siempre venía de la influencia de la nobleza, de Hollywood o de los grandes diseñadores que dictaban la moda, ahora va de las masas hacia arriba”, sostiene.

Sin embargo, para ella el auténtico detonador de este cambio es la búsqueda de la apariencia juvenil. “Ambos sexos están en una campaña contra la edad ─dice Lara─, pero ese fin se complica cuando estamos viviendo más años, el promedio de vida será de 80 y ahora, además, tenemos que mantenernos en una etapa productiva mucho más extendida que la de nuestros abuelos. No te vas a retirar a los 60 años a ponerte como ‘pasita’, a esa edad todavía seguimos trabajando y seguiremos haciéndolo unos 10 o 15 años más. Y en todo ese trayecto quieres verte más joven. Esa es una razón por la cual hay gran aceptación de los hombres a los tratamientos antiedad”.

Esa es una percepción compartida por otros expertos consultados por Contenido, como Candy Medina, cosmetóloga que atiende en el centro de medicina estética y spa Me Amo, de la colonia Cuauhtémoc, en la capital del país: “Aún tenemos más clientas mujeres, un 75%, pero llegará un día en que será mitad y mitad, porque ellos se están dando cuenta de que la piel es un órgano y hay que cuidarlo, y que eso les ayuda a verse bien”, señala.

La clientela masculina de esta clínica incluye principalmente a gente que trabaja en los edificios y rascacielos de Paseo de la Reforma, bancos y corporativos de empresas multinacionales. “Y no creas que todos son gay, acaso sólo la mitad de ellos lo son”, aclara Medina, e informa que los tratamientos más demandados son para reducir abdomen y la zona de la “llantita” lateral, depilación en los pectorales o en la espalda baja y tratamientos contra la flacidez en el mentón (“la papada”), y disminución de las bolsas debajo de los ojos. “Todo con el objetivo de verse más jóvenes, de lucir mejor”, dice esta profesional que luego de trabajar siete años en Guadalajara, piensa que la Ciudad de México tiene un mayor porcentaje de gente que acepta el arreglo y el cuidado masculino. “Allá los señores son más reacios a los tratamientos, porque dicen ‘eso no es para mí, yo no le hago a eso’, lo que es parte de una cultura más machista, supongo”.

Los prejuicios y la crítica hacia los hombres que se esmeran en su cuidado es algo tangible en algunos lugares del país. Christian Rodríguez, gerente general de La Barbería Shop & Spa, una cadena de tres barberías donde se recrea el ambiente de un establecimiento tradicional inglés, piensa que los hombres actuales no sólo se cuidan el rostro. Es más integral ─dice─ por eso los gimnasios están llenos y se recurre a las dietas, a la comida macrobiótica y vegana, todo para el cuidado personal, pero es verdad que es muy distinto en la CDMX que por ejemplo, en Monterrey, donde encuentras el estigma del macho mexicano que pregunta: ‘¿qué te hicieron, ya te echaron tu cremita para los ojos?’, aún no comprenden que estos arreglos son para verte bien, porque como te ven te tratan, y que estas tendencias también llegarán al resto del país, es cosa de tiempo”.

Para Rodríguez estamos en “una era donde importa verse más joven, todo el tiempo se buscan métodos para eso y entre más joven te veas, más atractivo eres. La barba da un poco más de años, sobre todo si está desaliñada, pero es sinónimo de virilidad. Entendemos que los que se depilan es precisamente porque buscan verse más jóvenes”.

 

Bisturí embellecedor

Estas son algunas de las principales intervenciones solicitadas por los hombres latinos. Los precios fluctúan entre clínicas y países.

Injerto capilar. Por mucho, la pérdida de pelo es la principal preocupación de los varones. El trasplante es la última solución cuando se han probado otros tratamientos contra la alopecia.

Blefaroplastia. Cuando los párpados se caen, se opta por retirar los excesos de piel y las bolsas de grasa.

Genioplastia. Disminución del mentón (la famosa “papada”) para que armonice con el resto del rostro.

Liposucción. Eliminación de las células de grasa en abdomen y pecho, y según la técnica también ayuda a marcar los músculos abdominales.

Implantes pectorales. La silicona ayuda a marcar de forma cuadrada y dar la apariencia de gran fuerza y ejercitación.

Fuente: Diversas clínicas en España, Argentina y Brasil. La Asociación Mexicana de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva (AMCPER) prefirió no participar en este reportaje.

 

¿VERSE BIEN O ESTAR BIEN?

Una pregunta válida es si, a diferencia de otras épocas, en esta se relaciona la apariencia con la salud y el bienestar varoniles, si lo que vemos es un cambio profundo o algo pasajero. Para obtener la temperatura en ese aspecto Contenido consultó a José Guillermo Maciel, country manager de Matrix Fitness México, una empresa que provee de aparatos a los grandes gimnasios del país. Ciertamente su empresa en México tiene para donde crecer: sólo 3% de una población de 120 millones acude a ejercitarse en gimnasios.

Matrix Fitness ha identificado las motivaciones de los hombres que acuden a hacer ejercicio, entre ellas, aumentar su capacidad cardiovascular, bajar de talla, incrementar su masa muscular, incluso buscar la ya no tan popular hipertrofia (de moda en los años ochenta, tipo Arnold Schwarzenegger). “Ahora se busca estar más sano y tener proporciones adecuadas al cuerpo de cada uno ─dice Maciel─ y que uno sea capaz cardiovascularmente de soportar ese ejercicio, combinando aparatos de peso para llevar frecuencias cardiacas muy altas por periodos cortos que ayudan a sintetizar grasa, a fortalecer músculos, que te ‘marcan’ sin ensancharte”.

También Maciel está claro de cuál es la motivación ulterior en esta reciente revolución de los cuidados y las modas masculinas: “Buscan estar más tiempo de la mejor manera posible. Los hombres se preguntan: ‘¿cómo llego a un determinado número de años caminando por mí mismo, haciendo las cosas que me gusta hacer, viéndome bien?’. Eso es uno de los principales motivantes, tiene que ver con la calidad de vida. Hace pocos años se hizo popular el tema de los metrosexuales, empezó una corriente de usar cremas y otros productos estéticos para hombres. Pero eso, sin una dieta y sin hacer ejercicio, no sirve de mucho. Todos esos productos demostraron no tener un mayor efecto. Cuando el consumidor se da cuenta de que eso no ayuda al objetivo de vivir más tiempo de la mejor manera posible, empezó a hacer ejercicio y lo más importante, a alimentarse mejor. El 80% del éxito en los objetivos del ejercicio es la alimentación y 20% la actividad física”.

Otro experto en ese campo es Marco Ávila, fitness manager de los gimnasios MX Gym y entrenador desde hace 22 años. Percibe que más allá de las modas, de una década a la fecha se ha intensificado la atención a la salud. “Lo metrosexual tiene que ver con lo visual, sí, pero también con lo saludable. La tendencia ya es mucho más funcional, de movimiento. Incluye un físico más delgado, tonificado y con menos grasa. Por supuesto no demasiado delgado, porque eso raya en el otro extremo, afecta a la nutrición y al sistema inmunológico”.

Pero un momento. Estos cuidados de la salud aunados a lo estético, que se presentan como benéficos, podrían tener otra lectura, a decir de la investigadora Tania Rocha: “Se están manifestando cosas en esta cultura hacia el cuerpo pero con un ingrediente perverso. A fin de cumplir ciertos cánones de belleza, publicitarios y estereotipos, tienes que cubrir ciertos roles, debes competir y además tienes que verte bien y parecer que tienes cierta solvencia. Dependiendo de esa solvencia, del grupo y de la educación se puede manifestar distinto, porque así como hay chicos de barrios sumamente empobrecidos que traen sus rayitos o sus luces en el pelo, también los puede mostrar un sujeto de alcurnia. Más allá de la apariencia tiene que ver con el sentido de valía, de adecuación social, de posibilidad de éxito”.

 

ELLAS CAMBIAN, ELLOS TAMBIÉN

Si la apariencia está o no ligada con lo saludable, lo cierto es que el fenómeno del cuidado y arreglo masculino lleva a evaluar cómo está modificándose la interacción entre sexos, cómo las condiciones que regían en otros tiempos se adecuan inexorablemente a otra modernidad.

“Atravesamos una fuerte confrontación al modelo más tradicional o dominante de cómo tienen que vivir los varones ─dice la psicóloga Tania Rocha─, y ello deviene por muchos cambios económicos y sociales ante la búsqueda de igualdad por parte de las mujeres, lo cual desmantela la idea de roles muy fijos, espacios muy determinados, actividades definidas”.

Antonio González de Cosío reflexiona constantemente sobre ese aspecto, de cómo se manifiestan los cambios en ambos géneros. “El exceso de adorno en las tendencias masculinas está llevando a la moda unisex, hay cadenas como Zara que hacen la misma pieza para ambos sexos con tamaños diferentes. Con esta obsesión por el ejercicio, por el afeminamiento ─sin que suene ofensivo ni peyorativo─, también vemos una masculinización de la mujer. Ya pasó antes, en los años setenta con las camisas abiertas, la joyería grande y el pelo largo que ellos ostentaban”.

El experto en moda recuerda que “lo que fue primero el metrosexual, luego se convirtió en ubersexual [masculino sin llegar a macho] y hoy ya hay tendencias que rayan en lo feminoide, insisto, sin que suene despectivo. Si se está buscando el empoderamiento de la mujer, ¿por qué no buscar la sensibilización o estetización del hombre? Creo que la sociedad lo está percibiendo de esa manera. Si las mujeres se están poniendo los pantalones, a lo mejor los hombres quieren crecer su lado femenino, al menos para el balance cósmico [risas]”.

La periodista Lucy Lara tiene una opinión semejante ante los cambios que ocurren. “Ahora ya hay chavas que se pueden acostar con un chavo y al siguiente día no quieren que les hable, ellas asumen otro rol en la relación. El cortejo ha cambiado mucho, se mezclan los papeles y alguien, ellas, se están empoderando. Ellos podrían parecer más femeninos, y eso no es malo, pero hay tendencia a una igualdad ─que no necesariamente me encanta─, pero que son un reflejo de los tiempos, lo que hace la industria de la moda y la belleza es ser un espejo de lo que ocurre en el tejido social”.

Parecería que los caminos de ellos y ellas en esta nueva realidad se entrelazan y aún no acaban por definirse del todo. La psicóloga Rocha aduce que, según sus últimas investigaciones y citando las de otros colegas suyos, la petición que se encuentra por parte de las mujeres a sus parejas hombres “es constante: la de contar con un compañero que esté en la disposición de ser parejo. Y no tiene que ver con quién físicamente puede parecerte más atractivo, sino lo que más se solicita a los varones es que sean limpios y estén arreglados; no se problematizan tanto si un varón se arregla en exceso o no, sino más bien las actitudes en las que se está moviendo. Que no sólo se rompan cánones en la apariencia sino en su interior”.

Quizá las tendencias que ahora vemos podrán remover desigualdades entre los géneros y las preferencias sexuales, probablemente están señalando una transformación social que apunta a un reacomodo de cómo nos relacionamos unos y otras. O quizá sólo sea una moda pasajera y los varones volverán a acomodarse a modelos estéticos más tradicionales. En los próximos años podremos comprobarlo.

 

Las razones de ellos

Los expertos ofrecen explicaciones sobre las razones del boom en el arreglo y el cuidado de la salud masculinos.

Modelos aspiracionales

Cada vez más hombres con renombre en su campo exhiben su gusto por el cuidado de su imagen, lo cual los convierte en arquetipos de belleza.

Apariencia competitiva

Los ámbitos profesional y laboral exigen una mejor apariencia personal.

Mayor información

La abundancia en el flujo de información a través de múltiples canales, incluido internet y redes sociales ha potenciado la búsqueda de una mejor salud y, por tanto, un mejoramiento en la presencia.

Adaptación de la industria

Las marcas, respondiendo a la necesidad creciente, exhiben, publicitan y comercializan mejor sus productos.

Venta por internet

Los varones pueden adquirir productos sin exponerse a miradas curiosas en una tienda o almacén.

Fuente: Contenido con información de entrevistados y Juan Imaz, experto en potenciar la marca personal a través de la plataforma beBee.

 

(José Ramón Huerta)

 

Artículos Relacionados