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En busca del arte rupestre en Baja California Sur

 

Acérquese a la zona noroeste del país donde descubrirá algunas de las pinturas rupestres más antiguas de América. Quedará maravillado por los colores, las representaciones y el estado de conservación que guardan.

 

Foto Internet

En esta tierra, bañada por el mar de Cortés y el océano Pacífico, el tiempo geológico ha dejado huella de su paso. Por ello encontrará en su suelo fósiles, rastros de dinosaurios, conos volcánicos, montañas que emergen del suelo marítimo para contar un pasado remoto y las muestras mejor conservadas de una manifestación artística antiquísima, las pinturas rupestres que reflejan la vida de sus pobladores y el entorno que habitaban.

 

San Ignacio, un pueblo colonial lleno de arte rupestre

Este pintoresco sitio localizado a 73 kilómetros de Santa Rosalía, es un hermoso oasis lleno de palmeras datileras, santuario de la ballena gris y de la Misión de San Ignacio de Loyola, una joya del arte religioso del siglo XVIII.

A 80 kilómetros de San Ignacio, por la carretera Transpeninsular, está el pueblo de San Francisco de la Sierra. En ese lugar se halla el Museo Local de San Ignacio y una sede del INAH, que otorga los permisos para la visita a los murales rupestres.

A lomo de mula comienza el ascenso y descenso de los cañones hacia la sierra de San Francisco, conocido como Desierto Central, que abarca más de 300 sitios arqueológicos, entre los que destacan las cuevas La Pintada, Las Flechas, Las Águilas, Los Músicos, Cuesta Palmerito, La Soledad, Boca de San Julio y El Ratón.

La Pintada es una oquedad que corre a lo largo de 70 metros por la falda de la barranca, y que, como todas las cavidades de esta zona, cuenta con andadores de madera que facilitan la observación de las admirables figuras humanas pintadas en color rojo, negro y amarillo con los brazos extendidos, así como venados, liebres, coyotes, zopilotes, peces, tortugas, ballenas y delfines, que llegan a medir más de dos metros de altura.

Se cree que los indígenas cochimíes aplicaron los pigmentos mezclados con agua y algún aglutinante sobre la roca.

Tras diversos análisis de los hallazgos, se estimó que la zona fue habitada desde hace 10,000 años y que la costumbre de pintar en la roca comenzó hace 4,000 y continuó hasta 1650, fecha en que terminó por la llegada de misioneros jesuitas.

La magnitud de las pinturas rupestres de esta zona de Baja California Sur representa un fenómeno raramente encontrado entre sociedades de cazadores-recolectores. Por eso, en reconocimiento a la herencia cultural, en 1993, la Unesco declaró la Sierra de San Francisco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

Sabías que…

En el país hay más de 3,700 sitios con pinturas rupestres, siendo el Norte donde se aglutina la mayoría.

Fuente: INAH

 

Mulegé, un tesoro histórico

El poblado se localiza a 493 kilómetros al norte de La Paz y a 283 kilómetros de Loreto, por la carretera Transpeninsular. Este pequeño pueblo resguardado por la Bahía de la Concepción, es un sitio ideal para practicar buceo, kayak, esnorquel y surf en el mar de Cortés. Hay alquiler de cuatrimotos para internarse sobre las dunas “El Gallito”.

El paisaje conformado por huizaches, cardones y diversas cactáceas conduce a la Cueva San Borjita, en el pueblo de Palo Verde, en la Sierra de Guadalupe, al oeste de Mulegé. En el sitio fueron plasmadas más de 90 imágenes de arte rupestre monumental. Las pinturas son conocidas como “El Gran Mural”, por medir más de 10 metros de altura.

El último análisis de radiocarbono arrojó 7,500 años de antigüedad, considerado un lugar donde comenzó ese estilo de pintura monumental, que podría representar el ejemplo más antiguo de este tipo de manifestaciones producidas por el hombre prehistórico hasta el momento en América.

Para acceder el lugar hay que subir más de 250 metros por una sinuosa pendiente de suelo pedregoso, sobre una afluente del arroyo de San Baltasar hasta la caverna de 50 metros de frente y una profundidad de 60 metros. Al entrar está “El hombre sonriente” de más de dos metros de altura, que representa a un joven con los brazos extendidos atravesado por flechas. Abundan las representaciones antropomorfas, ritos de fecundidad, así como venados y peces, pintados en colores rojo, amarillo, negro y blanco mezclados con agua y algún cohesivo obtenido de la savia de una cactácea, sin que hasta el momento se haya podido determinar la especie.

El arte rupestre de Baja California Sur es inédito en el mundo. No sólo porque es la de mayor antigüedad del continente, sino por el número de sitios (cerca de 1,150 entre las sierras de Guadalupe y San Francisco), la cantidad y el tamaño monumental, que oscila entre dos y cinco metros, lo cual las ubica entre las más grandes del orbe.

Cataviña: un oasis para el viajero

A 100 kilómetros de la Bahía de Los Ángeles podrá caminar entre “cirios”, anfitriones endémicos de la región. Estos árboles sin ramas de forma alargada con bases gruesas elevados hacia el cielo a medida que adelgazan asemejan unas enormes velas. Con suerte podrá ver liebres, zorras, gavilanes y venados cola blanca en el desierto del Valle de los Cirios. Ubicado entre dos mares, ha sido declarado Área de Protección de Flora y Fauna por la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, y está en el camino al poblado de Cataviña justo sobre la carretera Transpeninsular que posee dos hermosos oasis con vegetación.

El pueblo guarda otros secretos entre sus enormes rocas de granito: sus pinturas rupestres de figuras geométricas dignas de una sesión fotográfica, ubicadas en el oasis norte a la orilla de la carretera. Un sendero entre rocas conduce hasta una pequeña cueva. Los dibujos resguardados del sol y el paso del tiempo todavía cuentan lo que pensaban los antiguos.

Conozca también la Misión de San Francisco de Borja Ádac, inmersa entre cactáceas. Escale una montaña hasta encontrar las pinturas rupestres de Montevideo con sus figuras geométricas. Por último, vuele en un avión ultraligero para disfrutar el mar de Cortés desde otra perspectiva.

 

Sitios inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco

Las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco, en Baja California Sur.

Las cuevas prehistóricas de Yagul y Mitla, en Oaxaca.

La ciudad prehispánica de Paquimé, en Chihuahua.

Fuente: INAH

 

(Alejandrina Aguirre)