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11 Curiosidades de la Revolución

 

 

A 106 años del inicio de la revuelta le presentamos detalles indiscretos de hechos y personajes que participaron en esta gesta heroica.

 

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  1. Apasionado del Bhagavad-Guita

De todos es sabido que Madero era un apasionado del espiritismo pero lo que pocos conocen es que tenía por libro de cabecera una obra cumbre de la espiritualidad del hinduismo –casi como la Biblia para los cristianos– el Bhagavad-Guita. Resulta curioso que también este texto fuera capital en la vida de Mahatma Ghandi y básico para expulsar de la India a los colonialistas ingleses, de acuerdo con lo escrito por Armando Ayala Anguiano en su Madero de carne y hueso.

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  1. El espía más poderoso

Felix A. Sommerfeld es un misterioso personaje que entró a territorio mexicano para trabajar en las minas. Tras la proclama del Plan de San Luis, haciendo valer su credencial de Prensa Asociada, trabó amistad con Madero y gracias a contactos alemanes permaneció muy cerca del prócer. De acuerdo con el investigador Heribert von Feilitzsch, autor del libro Maestro de espías en México 1908-1914., Sommerfeld es señalado como un gran protagonista en el movimiento: “Ningún otro extranjero ejerció mayor influencia ni amasó más poder en la Revolución mexicana como él”, dice el estudioso.

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  1. La I en la frente

De acuerdo con el historiador Alejandro Rosas, en el acta de defunción de Madero se consigna erróneamente que la I es de Inocencio. después con los años se creyó que era Indalecio, pero en realidad, según el acta de nacimiento, la I era de Ignacio, que fue así como lo bautizaron sus padres (Francisco Madero Hernández y Mercedes González), en honor de san Ignacio de Loyola, fundador de la compañía de Jesús.

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  1. Una bebida para machos

El histórico encuentro en Xochimilco de Emiliano Zapata y Francisco Villa tuvo su momento más álgido –no en lo hablado entre ambos caudillos, de lo que poco o nada se sabe pues fue una charla privada– cuando “El Caudillo del Sur” ofreció un coñac al “Centauro del Norte, que era abstemio y que tomó la bebida para no despreciar, pero, como sólo acostumbraba tomar su “malteada de fresa”, se ahogó con una bebida tan fuerte, lo cual provocó la risa de Zapata. Este hecho tan pueril, según el novelista Pedro Ángel Palou, pudo provocar muchos de los conflictos de la Revolución. Zapata nunca pudo confiar en Villa después de este episodio.

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  1. Poblanas muy alzadas

Activistas con la causa insurgente fueron las hermanas Guadalupe, María y Rosa Narváez Bautista, quienes desde 1909 se comprometieron con lo que se gestaba en el Club Carmen Serdán, nombre de la hermana de Aquiles Serdán y quien colaboró en el alzamiento de la ciudad de Puebla. Las hermanas Narváez fueron aliadas de Filomena del Valle, esposa de Aquiles, y Sara Pérez, esposa del Francisco I. Madero, a quien por cierto le obsequiaron la banda presidencial cuando éste entró a Puebla con el “Ejército Libertad” en 1911.

Las Narváez hicieron labores diversas e importantes para el movimiento. Así como enviaron proclamas y correos secretos a los campamentos por medio de la “Junta Revolucionaria”, también mandaron parque y provisiones para la tropa e incluso dieron refugio a rebeldes. Fueron propagandistas de Venustiano Carranza –Guadalupe fue su “agente confidencial” de hecho–, y se dice que Rosa fue comisionada para convencer a Zapata de unirse a los revolucionarios.

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  1. La mujer que se hizo coronel

Entre las mujeres soldado o soldaderas figuran nombres de zapatistas como Remedios Farrera o María Espinoza Barrera, villistas como Petra Herrera o Juana Ramona La Tigresa viuda de Flores, y constitucionalistas como Encarnación Mares. Pero en ese grupo destaca Amelia Robles Ávila, nombre que cambió por el de Amelio, nacido en Xochipala, Guerrero, en el seno de una familia de rancheros. Amelia desde chica usaba armas y montaba a caballo, y al pasar los zapatistas se unió a la guerra donde se sintió libre de ser quien era. Desde 1912 participó en batallas como la de Chilpancingo y en 1914 desterró a los huertistas de su estado. En el 18, ya como carrancista, participó en la batalla de Agua Prieta, apoyó a Obregón y luchó contra la rebelión de De la Huerta bajo la identidad de “coronel Robles”. En 1970 el Ejército Mexicano condecoró a Amelio Robles con la Legión de honor y veterano de la Revolución. Fue el militar transgénero que luego de la guerra siguió comportándose como hombre, casó con una mujer y mantuvo a su hija. Murió a los 85 años en 1984.

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  1. La “legión extranjera” de Pancho Villa

Entre los millares de soldados que combatieron en las filas villistas participaron más de 400 mercenarios provenientes de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Inglaterra, Italia y hasta Japón, que llegaron a México atraídos por los altos sueldos pagados por la División del Norte a pilotos y artilleros fogueados en otras guerras. La “legión extranjera” (como la prensa de la época llamaba a estos mercenarios) quedó constituida en febrero de 1914, cuando Villa dispuso agruparlos en un solo cuerpo. Se les exigió jurar lealtad al caudillo, quien, por sus pistolas, los declaró de nacionalidad mexicana. Quedaron bajo las órdenes del general Felipe Ángeles y el coronel Raúl Madero.

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  1. Una mujer moderna

Una de las mujeres más influyentes de la Revolución fue la asistente personal de Venustiano Carranza, la duranguense Hermila Galindo de Topete, excelente taquimecanógrafa y de gran dominio del inglés. Sus dotes de oradora en los clubes antireelecionistas le permitieron unirse a Carranza donde fue encargada de realizar campañas propagandísticas en la prensa y la tribuna, así como de fundar clubes revolucionarios en Veracruz, Tabasco, Yucatán y Campeche. Representó a Carranza en el extranjero, publicó artículos periodísticos favorables a su jefe y participó en la fundación de la revista Mujer Moderna, que aplaudió la propuesta carrancista de establecer el divorcio en México. Se convirtió en la primera diputada del país. Murió el 18 de agosto de 1954 en el DF.

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  1. Los muertos en la Revolución

A este movimiento armado se le atribuye un millón de muertos, lo cual de acuerdo con algunos expertos es un mito. Si bien es cierto que la población mexicana pasó de 15.1 millones en 1910 a 14.2 millones en 1920, la mortalidad no se le puede atribuir directamente a las escasas batallas que sólo dejaban cientos y en contadas ocasiones miles. En realidad el 70% del millón atribuido fue por hambre, represión y enfermedad, principalmente la llamada gripe española que diezmó a México y el mundo.

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  1. El poeta Obregón

El historiador Alejandro Rosas menciona que Álvaro Obregón, además de su frustrado intento de suicidio, estuvo cerca de la muerte en al menos tres ocasiones. Para dar cuenta de ello se conserva su poema “Fuegos fatuos”, publicado en el periódico El Tucsonense en 1909, donde se muestra un interés por el plano espiritual, a la manera del poeta español del siglo XV Jorge Manrique.

Allí donde el monarca y el mendigo/uno de otro es amigo;/donde se acaban vanidad y encono/allí donde se junta al opulento/el haraposo hambriento/para dar a la tierra el mismo abono. /Allí todo es igual; ya en el Calvario;/y aunque distintos sus linajes sean/de hombres, mujeres, viejos y criaturas/en las noches obscuras/los fuegos fatuos juntos se pasean.

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  1. El brindis de Huerta

Durante un banquete que dio el club Aquiles Serdán al presidente Madero, en uno de los salones del Bucareli Hall, y al que asistió la plana mayor del gabinete ocurrió un reclamo inusitado, del que dio cuenta la Historia Gráfica de la Revolución Mexicana. El general Victoriano Huerta levantó su copa e hizo un brindis donde reclamó a don Francisco por haber dudado del ejército mexicano y de paso por haber dudado de él: “Yo, que puedo hablar porque tengo la condecoración que ninguno otro tiene, puedo hablar, he tenido mala suerte siempre, no hace mucho, un sospechoso. También eso es injusto, señor Madero…”

 

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