El lado oscuro de los jabones antibacteriales

 

Los jabones antibacteriales se promocionan como un escudo contra los gérmenes, sin embargo, las investigaciones advierten el riesgo de uno de sus componentes: el triclosán.

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Peligros. Las primeras alertas en el uso de triclosán partieron de estudios hechos en animales:

“Puede producir alguna disminución en lo que se refiere a la capacidad motora, es decir, afecta directamente al músculo. También se ha demostrado que puede tener efectos sobre la hormona reproductora”, explican los especialistas.

Regulación. Si bien en la actualidad no hay estudios concluyentes sobre peligros a la salud en humanos, sí existe un control en los niveles de concentración del químico triclosán.

“La concentración máxima permitida no debe ir más allá del 0,3 %, en caso de que la concentración sea más de 0,5 %, lo clasifica como un producto farmacéutico”, insisten los profesionales de la dermatología.

Uso correcto. Los jabones antibacteriales, que no han demostrado una ventaja comparativa frente a los normales, son recomendados para el lavado de manos, pero no para el aseo general.

Dermatólogos, precisan que su uso continuo podría eliminar la barrera protectora de la piel y exponernos a infecciones o problemas cutáneos. “En las personas que son sensibles puede producir dermatitis de contacto, es decir, la piel de las manos se pone roja, se inflama, puede incluso fisurarse y ser una puerta de entrada para gérmenes”.

Artículos de higiene. Hay que tener en cuenta que el triclosán no solo está en jabones, también está presente en otros productos, como los enjuagues bucales, pastas dentales y geles antibacterianos.

En investigación. La Agencia de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y la Unión Europea (UE) está investigando para demostrar la seguridad del producto o -en su defecto- retirarlo del mercado.

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