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¡Felices 90 años, Teodoro González de León!

A sus 90 años, Teodoro González de León, este hombre incansable se mantiene vivo y lúcido gracias a su gran pasión: la arquitectura.  También contribuyen sus prácticas diarias de natación, sus lecturas, sus recorridos por museos, sus viajes por las ciudades, su pasión por la música, su pasión por el cine de arte, entre otros.

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A principios de los años cincuenta Teodoro González de León Miranda y de Teresa llamó la atención de sus colegas al conseguir que algunas de sus ideas quedaran plasmadas en los edificios de la entonces flamante Ciudad Universitaria al sur del DF. El director de las obras, Mario Pani (patrón y profesor de González de León) incorporó al proyecto definitivo bosquejos trazados por su pupilo para un concurso estudiantil, porque eran demasiado buenos para desaprovecharlos.

Nació el 29 de mayo de 1926 en el seno de una familia de abogados. La infancia del futuro arquitecto transcurrió al sur de la ciudad, en una casa con alberca y un jardín “infinito como selva”.

En la década de los treinta la familia de don Teodoro se mudó a una casa más modesta, pero agradable por la cercanía con un par de grandes parques. Cada tarde, al volver de la escuela, salía a patinar con amigos y hermanos y aguardaba el paso de los automóviles, entonces muy raros en la ciudad, para extasiarse en su contemplación.

A instancias de su padre, don Teodoro tomó clases de dibujo desde la secundaria, así que le resultó natural optar por la arquitectura al elegir carrera: “La primera vez que visité la Academia de San Carlos (donde entonces se cursaba esa licenciatura) quedé prendado de los vitrales que decoraban el techo del patio central y por las reproducciones de esculturas de Miguel Ángel colocadas aquí y allá”, recuerda.

Por entonces abandonó el catolicismo ferviente de sus padres y se convirtió en estudiante respondón, a la caza del menor error que cometieran sus profesores. Desde el primer semestre de la carrera, González de León ingresó como aprendiz al taller de Mario Pani y un par de años más tarde la Universidad organizó el concurso para elegir los planos de su nueva sede.

Enterado por la esposa de don Mario de que ningún proyecto respondía a las expectativas del jurado, el joven Teodoro y un par de condiscípulos (Armando Franco y Enrique Molinar) dedicaron un mes a poner sus alocadas ideas en papel, decididos a ganar el certamen estudiantil convocada por los profesores de la facultad; el proyecto triunfador sería presentado en la competencia oficial: “Estaba tan entusiasmado cuando seleccionaron nuestra propuesta que, más tarde, no me importó que Pani las usara sin darnos crédito, algo que al fin y al cabo era de esperarse, pues éramos estudiantes”, se ufana.

En 1946, becado, Teodoro González de León viajó a Europa para trabajar bajo la dirección de uno de las “vacas sagradas” de arquitectura: el francés Le Corbusier, que por entonces construía un multifamiliar en el puerto de Marsella, sobre el Mediterráneo.

Tras colaborar con Le Corbusier en un par de grandes edificios, don Teodoro se hastió del servilismo que rodeaba a su jefe y decidió retornar a México, no sin antes casar con una joven uruguaya que conoció en Francia. De vuelta en su patria, González abrió un pequeño despacho y aunque desde entonces construyó grandes edificios para el gobierno, rechazó convertirse en “burócrata del diseño”: “La arquitectura no puede practicarse en oficinas públicas, por dedazo”, asegura.

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9 obras representativas

  1. Museo de Arte Universitario (MUAC)
  2. Auditorio Nacional (junto a Abraham Zabludovsky)
  3. Torre Arcos Bosques (El pantalón)
  4. El Colegio de México
  5. Museo Rufino Tamayo
  6. Reforma 222
  7. Parque Tomás Garrido Canabal
  8. Palacio de Justicia Federal
  9. Edificio del Fondo de Cultura Económica

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Teodoro González de León en 9 frases

  •  La arquitectura es una forma de vida, no es un oficio.
  • Creo en el presente, que es cada vez más complejo, más intenso. No pienso en el futuro que es impredecible.
  • La arquitectura se hace en silencio.
  • Intento no repetirme y eso hace que me sea más difícil crear nuevos proyectos.
  • La arquitectura tienes que verla, que transitarla, para sentirla. Ver ciudades para mí es indispensable.
  • Las ciudades son organismos vivos, en permanente transformación.
  • La arquitectura es un arte y está al servicio de la sociedad, no al servicio de la idolatría.
  • Busco en cada una de mis obras que la arquitectura responda al lugar, se vuelva un faro, un faro hermanable.
  • La luz es fundamental, es el otro material de trabajo en la arquitectura, siempre las formas deben estar pensadas para respetar el trayecto del Sol.

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