martes , noviembre 19 2019

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¿Es un reto ser fieles?

Si hablamos de infidelidad, lo cierto es –afirman algunos especialistas- que tiene un atractivo narcisista poderoso: la novedad, el riesgo, el vértigo ¿Será realmente un desafío ser fieles?

Infiel

“Si me llego a enterar de que me engaña, se termina todo, no lo voy a tolerar”. Esta frase quizás encierre uno de los mitos más difundidos con respecto a la infidelidad, pensada muchas veces como la principal causa de una separación. Pero no. Como dato: la mayoría de estas consultas que llegan a terapia no terminan en separación. Claro que dependerá del tipo de infidelidad y de la responsabilidad que cada uno asuma en el conflicto, porque, por lo general, un engaño es la consecuencia de un malestar en la pareja que no fue trabajado a tiempo y que estuvo oculto.

Porque ser fiel es una elección. No es algo “natural”, sino un acuerdo que hacen las parejas. Y cada pareja tendrá su singular acuerdo de fidelidad. Para algunos, la traición será entrar a un sitio porno en la web; para otros, encontrarse con un ex a tomar un café “aunque no pase nada”. Pero en todos los casos la infidelidad tiene algo en común: se lesiona la confianza, la “fe” -de ahí viene la palabra- en el otro.

¿Por qué somos infieles?

Buscamos reconocimiento: muchas veces, lo que se busca es ser escuchada/o o sentirse halagada/o. Después de años de estar en pareja, es frecuente que hayan dejado de admirarse mutuamente y que incluso por momentos se desvaloricen. “Me doy cuenta de que a ella/él no le interesa cuando le cuento mis cosas, no me presta atención”, es uno de los reclamos que más se escuchan en estos casos.

Nos encanta la novedad: que, por supuesto, se apaga cuando la aventura deja de ser nueva. “Me aburro, me agobia la rutina, pensar que siempre va a ser así”. Hay personas que toleran peor que otras la cotidianidad y la seguridad que ofrece un amor estable y tranquilo. Necesitan adrenalina, deportes extremos, manejar a altas velocidades. Suelen tener conductas adictivas porque no soportan el vacío ni la frustración. La infidelidad, en este caso, es parte de esa necesidad de búsqueda de lo difícil y lo prohibido.

Buscamos “lo perdido”: que sentimos que perdimos en años de pareja estable -su frescura, su alegría, su atractivo-. “Me sentí distinta, joven, linda. Fue como volver a mis 20, recordé lo alegre y desfachatada que era”. A veces, al estar en pareja tememos la crítica del otro y escondemos aspectos que al otro le desagradan. Ser infieles, en este caso, es ir al encuentro de aquello que fuimos alguna vez y que -creemos- ya no podemos ser con una pareja actual.