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10 leyendas urbanas que nos asustan

 

De acuerdo con los expertos, las leyendas urbanas son rumores con cierta dosis de verdad, que se propagan con gran rapidez y cumplen una función: reflejar y prevenir sobre temores comunes a toda la humanidad.

 

Su nombre, derivado del inglés urban legends, surgió en los años setenta entre los folcloristas norteamericanos que intentaban explicar rumores de la vida cotidiana contadas como si se tratara de algo verdadero. Según el investigador de la Universidad de Guadalajara Francisco Javier Cortázar las leyendas urbanas están emparentadas con la tradición oral y el folclore de los pueblos; buscan dar cuenta de “historias ejemplares” para enseñar y educar de manera clara sobre determinadas normas sociales, aprender lecciones morales y para sancionar el bien o el mal.

Los participantes en la construcción de un rumor se pierden en el anonimato, en el murmullo de voces y gestos que atraviesan los grupos y las culturas, en el “se dice”. Desde este punto de vista el rumor es anónimo, carece de autor. Se parece al mito y a la leyenda, sostiene la investigadora de la UAM, Margarita Zires Roldán, autora del libro Del rumor al tejido cultural y político.

Esta clase de historias que antes de propagaban de boca en boca hoy, con el apoyo de Internet, se incrementan y difunden con una rapidez inusual; algunas historias rayan en lo inverosímil, pero lo increíble, apuntan algunos investigadores, es que la gente los siga creyendo.

  1. Cocodrilos en las alcantarillas de Nueva York

Fueron depositados allí por sus dueños al no poder tenerlos como mascotas. El escenario y la especie van cambiando de acuerdo con los testigos, por lo que no es extraño que existan cocodrilos, lagartos o caimanes en las alcantarillas de distintas ciudades de Estados Unidos, Michoacán, Madrid y hasta en el drenaje profundo en el DF.

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  1. La mascota “mexicana” o la rata asesina

Una turista estadounidense regresa de unas vacaciones en Tijuana y encuentra a una delicada criatura sin pelo (parecida a un perrito chihuahua) y decide llevársela de contrabando. Tiempo después, alarmada por el agresivo comportamiento del animal, consulta a un veterinario quien le pregunta dónde lo consiguió, pues lo que ella con

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  1. Tráfico de órganos

Un hombre de negocios acude a un bar después de una agotadora sesión de trabajo, donde conoce a una hermosísima chica que le invita una copa. Esto es lo último que recuerda tras despertar en un hotel, sumergido en una tina de baño llena de hielo, aún con los efectos del alcohol y de una droga. Descubre un mensaje pegado en la pared, donde se le informa que llame de inmediato a los servicios de urgencias. Al llamar al 911, donde ya conocen el modus operandi, la telefonista le indica que permanezca completamente quieto hasta que llegue la ambulancia que va en su auxilio. Lo que la operadora no quiso decirle es que había sufrido el robo de sus dos riñones.

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  1. Jeringas con VIH

Hace años era frecuente observar en algunas salas de cine de la Ciudad de México cómo los asistentes revisaban cuidadosamente las butacas antes de sentarse, lo mismo en el respaldo que en el asiento, tratando de encontrar jeringas o algún otro objeto punzante pues temían que estuvieran contagiadas con VIH. La versión surgió, dice el investigador argentino Jorge Halperín en su libro Mentiras verdaderas, en la India, después de que un grupo de siete chicas fue al cine del metro de Bombay, durante la proyección una de las chicas sintió un pinchazo en la espalda, pero no le dio importancia. Cuando las luces de la sala se prendieron, descubrió, pegado a su espalda, una nota fatal: «Bienvenido al mundo real, ya eres VIH positivo». La joven lo consideró una broma macabra pero meses más tarde se hizo un examen de sida que confirmó su trágica suerte. Con variantes, la investigadora de la UAM, Zires Roldán, encontró que un hombre en el entonces DF inyectaba a los pasajeros con una jeringa infectada de sida, pero también esta historia se conocía en Los Ángeles, Viena, Argel y Buenos Aires.

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  1. Bichos letales

Después de leer un correo electrónico titulado “Budum insecto letal”, una profesora michoacana decidió cortar todo el pasto y arrasar con la vegetación y las flores de su jardín. Llamó a una empresa dedicada a exterminar plagas para que fumigara y buscara una especie de chicharra sumamente venenosa. Según el correo, dicho insecto lanzaba un veneno capaz de quemar la piel y esparcirse hasta afectar el sistema circulatorio, provocando severos daños e incluso la muerte. No faltaban imágenes espeluznantes de un niño inoculado por la alimaña. La profesora prohibió a sus hijos salir al jardín o jugar en el exterior de la casa, temerosa de que los hijos tropezaran con el horripilante Budum. Reenvió el mensaje a todos sus contactos, advirtiéndoles del peligro (en el texto se decía que Querétaro, Morelia, Guerrero y Morelos eran los lugares donde el bicho tenía mayor presencia).

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  1. Los pitufos asesinos

Durante la noche las figuras que representaban a estos seres azules –una de las caricaturas más populares en México en la década de los noventa– tomaban vida para golpear a sus espantados dueños, molestarlos con sus voces o incluso a tratar de asesinarlos. La investigadora Zires y su equipo estudiaron tres contextos culturales diferentes: uno en Nezahualcóyotl, otro en el Pedregal de San Ángel y uno más en la población de Valladolid, Yucatán. El estudio reveló que los chicos de estratos bajos creían completamente el rumor, los estudiantes yucatecos lo consideraban posible pero agregaban elementos de la cultura maya como los duendes conocidos como aluxes y los estudiantes del Pedregal dudaban de la veracidad del rumor pero agregaban otros elementos de su cultura como la presencia de un pitufo robot.

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  1. La banda sangre

El rumor empezó a tomar forma con correos que llegaban y advertían sobre la necesidad de trasmitirlo urgentemente puesto que había un juego de iniciación de unos supuestos integrantes de una supuesta banda llama “Sangre” que recorrían las carreteras con las luces apagas y cuando el conductor les hacía el habitual cambio de luces, ellos se lanzaban tras su víctima y no descansaban hasta asesinarla. En el correo se advertía que “este próximo fin de semana” sería un periodo de iniciación por lo que habría que estar prevenidos.

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  1. Orina en las latas de refrescos

Este mito urbano es muy conocido en diversas partes del continente americano, se trata de una familia que “el fin de semana” fue a un día de campo y murió por tomar directamente de las latas, contagiadas de leptospirosis, un virus que estaba en la parte superior de las latas, presente en la orina seca de ratón. En realidad se trata de una bacteria Leptospira interrogans que, de estar presente, sólo tiene cierto tipo de duración pero que difícilmente se conserva en superficies secas.

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9.Walt Disney está congelado

Tras su muerte en diciembre de 1966 el rumor empezó a crecer y pronto no hubo quién lo pusiera en duda: Walt Disney, muerto de cáncer de pulmón, no había sido enterrado sino que había sido congelado, sometido a un proceso de criogenización para que cuando la ciencia estuviera más adelantada, se le “descongelara” y pudiera revivirse. En realidad Disney fue incinerado días después y el hecho de que la familia realizara una ceremonia íntima alimentó la fantasía de aquellos que no pudieron despedirse del creador de Mickey Mouse.

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  1. Elvis no ha muerto

Apenas horas antes de que se anunció la muerte del Rey del Rock un hombre muy parecido a Elvis compró un boleto de avión con el nombre de Johb Burrows, antiguo seudónimo del cantante, afirmaban algunos testigos. Esto se acrecentó por supuestas fotografías publicadas en diarios estadounidenses donde se veía a un hombre muy parecido a Elvis vagando por diversas partes del mundo. En México durante muchos años se especuló con la muerte de Pedro Infante, se afirmó entre otras versiones, que el ídolo había quedado desfigurado o que vagaba por algunas zonas del país, con el nombre cambiado.

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¿Por qué la gente cree en ellas si las leyendas urbanas no son verdaderas? Los expertos explican, no son “verdaderas” pero contienen elementos que las hacen parecer como verosímiles: tienen un escenario ordinario (un cine, el campo, una calle, un supermercado, una playa, etc.), contienen objetos de la vida cotidiana (jeringas, lápiz labial, latas, etc.), la referencia a lugares comunes (castigo, peleas, venganzas, traiciones) y finalmente el sorprendente final que cabe en el escenario de lo posible.

Aunque el rumor se caracteriza por ser un relato que tiene una vida corta, permanece latente en la memoria colectiva de una comunidad y sirve como abono a otros rumores, en opinión del sociólogo francés Edgar Morin: «Cuando el rumor permanece se convierte en un mito o en una leyenda».

En realidad el trasfondo de todas las leyendas urbanas son los sentimientos que atormentan a los seres humanos (vida, amor, muerte, temor al futuro, miedo a lo desconocido) y, como dice el escritor Jorge Halperín, terminan “Convirtiéndose en un sorprendente friso donde se exponen las angustias del ser humano de hoy y de todas las épocas”.