Así era la primera educadora de la Nueva España

Así era la primera educadora de la Nueva España

Menos de una década después de consumada la Conquista, una sagaz mujer, Catalina de Bustamante se embarcó en una travesía para convertirse en la primera educadora de la Nueva España.

Designada por las autoridades coloniales como responsable del primer colegio de artes y oficios para niñas indígenas, se propuso inculcar en sus pupilas el decoro y las destrezas requeridas en una mujer de su época, al tiempo que les infundió un sólido sentido de la dignidad.

El colegio -el más importante de la decena que llegó a funcionar en los alrededores de la ciudad de México- fue abierto en 1528 en Texcoco, Méx., en el antiguo palacio de Nezahualcóyotl.

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MUJER DE CONVICCIONES

Catalina, viuda del comendador Diego Tinoco y madre de dos hijas, contó con media docena de colaboradoras para enseñar a contar, leer y escribir en castellano, elaborar artesanías, inculcar hábitos de higiene personal y cuidado del hogar. Las niñas solamente tenían un profesor varón: el misionero encargado de catequizarlas.

Para cumplir su tarea, la educadora  lidió “con la poca consideración hacia las mujeres, en una época en que la educación de las mujeres era algo inusual en casi toda Europa”, apunta la historiadora Josefina Muriel de la Torre en el libro La sociedad novohispana y sus colegios de niñas.

Las alumnas no pagaban colegiatura. Los internados se sostenían con aportaciones en especie de los caciques indígenas, desde semillas y algodón hasta animales de corral y manteca, además de donativos hechos por damas españolas.

Cada establecimiento llegó a hospedar a 400 niñas. En principio el ingreso estaba reservado a las hijas de los caciques y principales, para que la influencia de su ejemplo en el pueblo fuera mayor.

Las restricciones al ingreso a los colegios se fueron relajando porque Catalina se percató de la necesidad de defender a las niñas de los abusos tanto de españoles como indígenas, quienes a menudo disponían de ellas a su antojo.

CASTAS 1

MÉTODO INNOVADOR

Hacia 1535 la educadora viajó a España y se presentó ante el Consejo de Indias para solicitar más profesoras. Como resultado de sus gestiones retornó a la Nueva España acompañada de 3 educadoras originarias de Sevilla.

Aprovechó el viaje para obtener de la Corona varios cientos de cartillas para la enseñanza del castellano, según el método silábico, consistente en enseñar primero las letras del alfabeto, luego las vocales y a continuación las sílabas, indicando mediante signos y rayas las variantes de pronunciación de las consonantes.

La enseñanza de las artesanías era importante: a los tejidos de algodón y pelo de conejo que las jóvenes indias confeccionaban, se sumaron los de lana de ovejas recién traídas a México. Costuras y bordados se enriquecieron con el uso de tijeras, agujas de metal y sedas aportadas por las maestras.

El modelo educativo resultó demasiado revolucionario para la época, y enfrentó severas críticas. Los más inconformes eran españoles que no encontraban ningún beneficio en educar a las naturales, pero también muchos padres de estudiantes, atemorizados de perder autoridad sobre las chicas.

La historiadora Muriel explica en su libro que  las muchachitas aprendieron a sublevarse ante la insinuación de los padres de obsequiarlas a los caciques indígenas o a los españoles, y llegó el momento en que ningún joven indio quería por esposa a una egresada de los colegios.

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TRISTE DECLIVE

A partir de 1540 los establecimientos entraron en declive, primero porque los padres de familia empezaron a retirar a sus hijas, y luego porque los caciques indígenas regatearon la ayuda en especie prometida años atrás.

Para colmo, las epidemias que asolaron a la población indígena en los años siguientes dejaron sin alumnas a los internados en 1545 y los planteles debieron cerrar.

A partir de entonces se pierde la huella de doña Catalina y su familia. Los archivos de la época no consignan dónde murió ni la fecha del deceso.

(Por Pedro C. Baca)