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¿Por qué Dilma Rousseff no se rinde?

Suspendida temporalmente de su cargo para enfrentar juicio político por manipular cuentas fiscales, la presidenta brasileña promete que no dejará de luchar.

Un vistazo a su biografía, en las que destacan las muestras de temple ante la adversidad, brindan elementos para entender que habla en serio.

PASADO GUERRILLERO

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Dilma Vana Rousseff (1947) proviene de una familia acomodada, su educación básica estuvo a cargo de maestras con las que hablaba únicamente en francés, pero en la adolescencia obliga a sus padres a inscribirla en una preparatoria pública para salir del capelo de cristal en que se hallaba.

En su nueva escuela toma conciencia de la pobreza existente en el país y de los atropellos que cometía la dictadura militar recién imperante en Brasil. A los 22 años forma parte de “Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares”, uno de los grupos guerrilleros más belicosos de la época.

En 1970 es detenida por la policía secreta y torturada durante 22 días para obligarla a delatar a sus secuaces. No lo hace. Poco después un tribunal militar la condena a 3 años de prisión.

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Terminada su condena renuncia a su militancia guerrillera, obtiene el doctorado en Economía Monetaria y Financiera y, en cuanto recupera sus derechos civiles (a principios de los 80), colabora con organizaciones de derechos humanos.

En 1999 se incorpora al Partido de los Trabajadores (PT). Gana la confianza de Luis Inácio Lula Da  Silva, líder de la organización, quien al conquistar la presidencia brasileña, tres años después, le encomienda el Ministerio de Energías y Minas y la dirección de la paraestatal Petrobras.

Pone en marcha un plan para desarrollar biocombustibles que multiplica la producción de etanol de caña. Por otra parte, logra que Petrobras registre las más altas ganancias de su historia (11,000 millones de dólares, al final de 2005).

Poco después la presidencia brasileña enfrenta un escándalo por sobornos a legisladores opositores. Para arreglar el desastre Dilma es designada ministro jefe de la Casa Civil. En su nuevo cargo se encarga de reconstruir las relaciones del ejecutivo con los otros poderes, y de alejar a los “aliados inconvenientes” sin darles oportunidad de tomar venganza.

En 2007 suma a sus funciones la supervisión del Plan de Aceleración Económica, el cual ejerce en los siguientes tres años unos 235,000 millones de dólares en obras de infraestructura. En contraste con la fama de corruptos que persigue a los políticos brasileños, Rousseff entrega buenas cuentas.

No tiene tiempo para festejar porque enfrenta el mayor reto de su vida, un tumor de cáncer linfático. Se recupera en tiempo récord  y compite por la presidencia de Brasil. El 1 de enero de 2011 se convierte en la primera mujer en ocupar ese cargo.

GLORIA E INFIERNO

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Su administración arranca con buenas expectativas. Su país había arrancado de la pobreza a 28 millones de personas (más de 10% de la población total), al tiempo que instaló en la clase media a 40 millones. Dilma es corresponsable de esos éxitos.

En el transcurso de 2014, el modelo económico del gigante sudamericano muestra alarmantes signos de agotamiento. Ese año su economía crece apenas 0.1%. La mandataria enfrenta el creciente malestar popular con la promesa de no aplicar recortes a los programas sociales. Logra su reelección para el periodo 2015-2018, pero no consigue la mayoría legislativa.

El desplome de las exportaciones de materias primas agrava el deterioro de la economía. Se multiplican las protestas antigubernamentales y Dilma pierde aliados políticos, comenzando por el vicepresidente Michel Temer.

Nuevos casos de corrupción apuntan a los principales líderes del partido oficial. Dilma no se ve involucrada directamente pero sus enemigos la acusan de manipular las cuentas fiscales correspondientes a 2014 y 2015 para ocultar la magnitud de la debacle económica. Desde el poder legislativo logran apartarla de la presidencia por 180 días para someterla a juicio político.

Dilma enfrenta el momento con serenidad: “He sufrido el dolor de la tortura, de la persecución política y de la enfermedad. Sufro ahora ante la injusticia pero no me rendiré ante ella”, promete.

(Por Pedro C. Baca)