De paseo por la ruta de Sor Juana

Ruta de la madre Juana Inés o Sor Juana

De paseo por la ruta de Sor Juana

Recorre los majestuosos parajes al pie los volcanes en el Estado de México, que acompañaron los primeros años de Sor Juana Inés de la Cruz.

Anímate a recorrer la Ruta de Sor Juana un conjunto de pueblos, rodeados de campos y bosque con especies arbóreas como el pino y encino, cascadas, arroyos y llanos, ideales para practicar escaladas, camping o rapel. En ese paisaje, la prodigiosa niña creció junto a su abuelo materno Pedro Ramírez de Santillana, administrador de la finca, aprendió el náhuatl hablando con los peones y admirando las cumbres nevadas del Iztaccíhuatl y Popocatépetl.

1.- San Miguel Nepantla, en Tepetlixpa

En este lugar se hallan las ruinas de la casa donde nació el 12 de noviembre de 1651 y que pertenecía a su abuelo. Actualmente es un centro cultural decorado con mosaicos y tres de sus sonetos más conocidos; en los muros cuelgan lienzos con pinturas alusivas a la poetisa hechos por distintos artistas, así como esculturas y muebles de la época virreinal.

2.-  Ozumba

Rumbo al norte la Ruta de Sor Juana gana en interés histórico y belleza. Aproximadamente a 10 km se encuentra el pueblo de San Esteban, y al oriente Ozumba donde orgullosamente se ubica la iglesia de San Vicente Ferrer, una de las pocas del siglo XVI que se mantiene en pie con una fachada barroca; el conjunto, en estilo mudéjar y plateresco, es inigualable. En el interior, su bautisterio conserva la   pila donde Juana Inés fue iniciada en la fe católica.

Ozumba

3.- La morada de Sor Juana

La siguiente etapa del viaje es Amecameca a 10 km de Ozumba, resguardada por los imponentes volcanes. Sor Juana Inés de la Cruz pasó su infancia en la hacienda Panoaya, que data del siglo XVI. Hoy el lugar es un parque recreativo con 60 hectáreas de naturaleza. Dentro del casco de la finca se conservan copias de documentos, obras artísticas y mobiliario de la época. El centro cuenta con un zoológico, un laberinto inglés, una tirolesa de 200 metros de largo, zona para acampar y para practicar el ciclismo, un aviario, talleres didácticos, hotel y restaurante.

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4.-  En Amecameca toca los volcanes

Aprovecha tu estancia en Amecameca para conocer el atrio de la parroquia de la Asunción, del siglo XVI, que tiene capillas laterales, retablos barrocos y un antiguo claustro. Otro punto obligado resulta ser el santuario del Señor del Sacromonte, donde se venera este Cristo elaborado en caña de maíz y con un peso de dos kilogramos. En ese centro religioso, la Décima Musa asistió a misa los domingos.

5.- Joya del arte novohispano 

Siguiendo por la carretera federal 115 se llega a Tlalmanalco, un sitio enmarcado por eucaliptos y campos de siembra. Este pueblo, escoltado también por los volcanes, fue uno de los primeros sitios en la Nueva España que tuvo una capilla abierta que refleja el sincretismo de dos culturas: la indígena y la cristiana. La capilla es parte del conjunto compuesto por la iglesia y el antiguo convento de San Luis Obispo de Tolosa. En los arcos se ven grabados monos y perros, símbolos medievales de la lujuria y la ira, y de la lucha entre el pecado y la virtud.

6.- San Rafael, un pueblo afrancesado

Muy cerca se encuentra el poblado de San Rafael cuyo auge se debió a la conocida fábrica de papel de ese nombre, considerada la más importante productora de papel de México. A su paso te topas con casas en estilo francés y muchos edificios antiguos. Desde ese lugar puedes escalar el Iztaccíhuatl, una experiencia única para quienes gustan de la aventura.

7.- De Chalco a la cumbre

El punto final de la Ruta de Sor Juana es Chalco, el último pueblo desde donde según algunos cronistas, sor Juana partió en canoa hacia la capital del Virreinato, en 1656. Cerca del jardín principal se encuentra la parroquia de San Santiago Apóstol que tiene un atrio donde se montan exposiciones de flores y artesanías. En el vecino ejido de San Martín Cuautlalpan, es posible practicar el campismo, el ciclismo de montaña y caminatas con vista a los volcanes que una vez despidieron a Juana Inés antes de ingresar a la vida religiosa, primero, al convento de Santa Teresa la Antigua y, luego al de San Jerónimo, donde viviría el resto de sus días escribiendo la mayor parte de su obra. Hoy, además de leerla, podemos recordarla conociendo su historia en esos parajes.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu

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