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EVO MORALES

Por Pedro C. Baca

Un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé que este año Bolivia crecerá 5.5% y será el segundo país de la región que más se expanda (solamente lo superará Panamá con 6.7%) y estará por arriba del promedio general que, a duras penas, arañará 2.2%. A ese dato suma la expectativa de inflación que, para 2014, no rebasará 6.2% (dos décimas de punto menos que en 2013), y el índice desempleo que podría alcanzar 6.3%.

Es evidente que Bolivia vive un momento de bonanza. Su balanza comercial es favorable, presenta superávit fiscal y su deuda externa representa apenas 33% del PIB (en México equivale a 43%).

Hasta el momento, el presidente de aquel país, Evo Morales, puede jactarse de que su modelo socialista da resultados, algo que ni remotamente pueden afirmar Argentina y Venezuela, países con los que ha formado bloque económico y político.

Presentarse como un líder exitoso resulta muy conveniente para Morales, sobre todo en estos días en que busca su segunda reelección. No faltan quienes señalan que su candidatura viola el orden constitucional y busca perpetuarlo en el poder que ostenta desde enero de 2006, pero más allá de la polémica sus índices de aceptación son elevados ¿Por qué? La respuesta está en su trayectoria.

TRES VECES NO

Nacido en Orinoca, una paupérrima ranchería del Departamento de Oruro (al suroeste del país), Juan Evo Morales Ayma es uno de los siete hijos de una pareja de indígenas aymaras dedicados al pastoreo de llamas y al cultivo de papa y maíz. Su infancia estuvo marcada por duras condiciones de vida que provocaron la muerte de cuatro de sus hermanos y obligaron a trabajar siendo muy pequeño. Desde entonces seguía las enseñanzas de su progenitor que le inculcó “no mentir, no robar y no ser flojo”.

En cuanto a formación académica nunca destacó por su desempeño, siempre tuvo problemas de lectura, pero siempre sobresalió por la soltura con que hablaba antes sus maestros y sus dotes para el futbol. Sin embargo, el escaso presupuesto familiar lo hizo abandonar el bachillerato y concentrarse en cuidar su rebaño, además de trabajar como jornalero y trompetista de la banda de su pueblo.

Su destino dio un vuelco en 1980, entonces se agudizó la sequía de la región en que vivía y su parentela optó por migrar a Cochabamba (centro del país) y cultivar plantas de coca para uso medicinal y alimenticio. Poco después se convirtió en líder de los cocaleros de su región, cargo desde el que ganó fama con su rechazo a la decisión gubernamental de erradicar los sembradíos.

Hasta los biógrafos más críticos de Morales aseguran que su oposición no tuvo que ver con promover la producción y tráfico de enervantes a partir de la hoja de aquella planta, sino con que la pretensión de erradicar los cultivos dejaba sin sustento a miles de familias. Lo cierto es que su comportamiento lo llevó varias veces a la cárcel.

CAMINO AL PODER

Para 1997 ya se había convertido en el líder cocalero más importante del país y diputado por el Movimiento Al Socialismo (MAS), organización a la que recién se había afiliado, posiciones que aprovechó para exigir más presupuesto para los programas de apoyo a las comunidades rurales, además de encabezar campañas para estatizar la minería y los hidrocarburos (Bolivia cuenta con grandes reservas de gas natural fácilmente explotables).

Un lustro después se postuló para presidente de su país. En aquellos comicios terminó menos de dos puntos abajo del vencedor, Gonzalo Sánchez de Lozada, de quien se convirtió en encarnizado opositor. El nuevo mandatario intentó enfrentarlo, pero tuvo que renunciar al cargo en octubre de 2003, obligado por los graves disturbios que ocasionó la implementación de recortes presupuestarios y gravámenes para apuntalar a la desfalleciente economía.

Siguieron dos años de turbulencia política en los que Bolivia tuvo dos gobiernos. Con la mirada puesta en los siguientes comicios, Morales aprovechó el tiempo para asegurarse el respaldo de otros líderes de izquierda. En aquel tiempo inició su alianza con Álvaro García Linera, matemático y sociólogo educado en México, quien lo acercó a sindicalistas e influyentes líderes de organizaciones sociales (indígenas, campesinas, etcétera).

NUEVO PAÍS

En diciembre de 2005, el dirigente cocalero ganó la presidencia de su país con 53.74% de los votos y llevando como compañero de fórmula al ideólogo García. La dupla contó con mayoría absoluta legislativa, así que de inmediato arrancó su programa para refundar al país, a partir de la estatización de las principales actividades productivas y la redacción de una nueva Constitución que, de acuerdo con sus propias palabras, reivindicaría los derechos de las comunidades indígenas y erradicaría el capitalismo salvaje “tan ajeno a los usos y costumbres de las comunidades autóctonas”.

Para enero de 2009 Bolivia promulgó su nueva carta magna que la convirtió en un Estado Plurinacional que privilegia la democracia comunitaria sobre la representativa y se reserva el control sobre la minería y los hidrocarburos. El caudal de recursos que esto último le otorgó al gobierno, le permitió financiar programas para reducir el índice de pobreza de 62.4% a 43.4, según cifras de su Ministerio de Economía y Finanzas.

La bonanza que para entonces ya se palpaba en el país facilitó la reelección de Morales en diciembre de 2009, con el respaldo de 64.2% del electorado. A su permanencia en el poder contribuyeron también factores externos: el principal, según la revista América Economía, fue el generoso patrocinio del régimen venezolano que compró gran parte de la deuda externa boliviana, unos 500 millones de dólares, a la que aplica una tasa de interés simbólico.

La empresa estatal venezolana PDVSA ha invertido 1,500 millones de dólares en la producción de hidrocarburos y creó la empresa Petroandina, en sociedad con la boliviana YPFB. En 2009, el socio norteño aportó 80 millones de dólares para construir una planta termoeléctrica capaz de generar casi 10% de la energía que consume Bolivia. Además, destino 300 millones de dólares para respaldar el programa “Bolivia cambia, Evo cumple”, con el cual se han realizado centenares de obras sociales y se complementó el salario de la burocracia.

A cambio del apoyo, Morales adoptó el discurso antiestadounidense de Venezuela y la ha seguido en sus acercamientos con Rusia, China e Irán. No es un actor que pesé en la diplomacia internacional, pero su postura ya le acarreó problemas, uno de ellos fue la humillación que sufrió a mediados del año pasado, cuando su avión proveniente de Rusia fue obligado a hacer una escala en Austria, debido a la sospecha de llevar a bordo a Edward Snowden, ex contratista de la CIA acusado de filtrar información confidencial.

“A pesar de los costos de su alineación ideológica, Evo ha tenido varios aciertos importantes, uno de ellos ha sido no derrochar el financiamiento venezolano”, opina Carlos Malamud, investigador especializado en América Latina del Instituto Real Elcano de Madrid, quien no ha encontrado casos de corrupción que involucren al mandatario y su gente cercana.

NEUTRALIZAR OPOSITORES

Apegado a las enseñanzas de su mentor venezolano, Morales ha aprovechado todos los resquicios legales para limitar la libertad de prensa y adoctrinar a la población sobre las bondades de recuperar los usos y costumbres de su pasado prehispánico. El discurso del mandatario partía de que los indígenas representaban 62% de la población, pero el argumento se desvaneció al darse a conocer los resultados del Censo de Población de 2012 porque arrojó que solamente 4 de cada diez bolivianos tiene ese origen.

Ese baño de realidad no lo desanimó. En entrevista con CNN en Español atribuyó el dato a que muchos ciudadanos habían negado su ascendencia por vergüenza, lo que hace necesario profundizar su modelo revolucionario para que todos recuperen el orgullo. Y en pos de ese objetivo, a fines del año pasado anunció sus intenciones de reelegirse.

La Constitución contempla una reelección consecutiva, pero las autoridades electorales aprobaron la candidatura bajo el confuso argumento de que su primera elección “no contaba” porque en aquel tiempo Bolivia estaba regida por otro Estado. De acuerdo con el razonamiento su reelección de 2014 sería la primera como presidente del Estado Plurinacional.

Los comicios presidenciales se realizarán el próximo 12 de octubre. Morales enfrentará a 4 adversarios de poco peso electoral que se aborrecen entre ellos y han hecho malabares para realizar campaña porque no cuentan con financiamiento público. Con el aparato estatal a su favor, el presidente confía en ganar con 74% de los votos. “Necesitamos ganar con 10 puntos más que en la elección pasada y podemos conseguirlos”, asegura sonriente en cada mitin.

“Cierto que los próximos retos para Evo no los plantea la desarticulada oposición interna, sino mantener el ritmo de crecimiento del país ante una probable disminución de los precios de los energéticos”, opina el investigador Malamud, para quien Bolivia deberá encontrar fórmulas reducir la informalidad en su economía (ahora genera 60% del movimiento total de dinero) y atraer capital foráneo que no quieren tratos con él debido a las que consideran políticas hostiles.

Estado Plurinacional de Bolivia

Territorio: 1,098,581 km2

Capital: La Paz

Población: 10,027,254 hab.

Población indígena: 41% del total

Lenguas oficiales: español, quechua, aymara y guaraní