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¿Por qué la evolución no nos ha hecho perder las muelas del juicio?

A veces ni siquiera llegan a erupcionar y en otros casos no salen las 4 sino una cantidad menor. Pueden tener de una a 4 raíces y son un incordio para el resto de la dentadura ya que empujan los dientes, apretándolos o haciendo que sus planos de desarrollo se superpongan.

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Las cordales o muelas del juicio son una locura. Por lo general, empiezan a aparecer entre los 17 años y los 25 años, aunque no es excepcional que se adelanten o retrasen con respecto a ese rango de tiempo.

Estas piezas dentales reciben sus nombres por la edad en que suelen aparecer, la del juicio o la cordura, lo que contribuye también a la superstición de que no deben ser extraídas. El enojoso desarrollo de las muelas del juicio ha constituido un misterio, que al parecer ha sido aclarado por científicos australianos.

Los australopitecos no hacían citas con el odontólogo

Los especialistas de la Universidad de Monash, Victoria, establecieron que la lata con las muelas del juicio comenzó cuando dejamos de ser homínidos antiguos para convertirnos en homo sapiens, probando una vez más que el ser humano fue perfeccionando algunas funciones mientras iba degenerando en otras.

Quizá si nos permiten escoger, hubiéramos preferido no involucionar con las muelas y hacerlo mejor con otro órgano. Los primitivos homínidos andaban de lo más felices con sus enormes cordales, que los ayudaban a triturar todo lo que había para comer, en un tiempo en el que no había odontólogos.

En la época de estos viejos ancestros, las cordales sí que eran juiciosas y no presionaban el desarrollo del resto de los dientes, lo que cambió con la llegada del hombre.

¡No hay más espacio!

Quizá adelantándose a que en el futuro existirían unos abnegados profesionales que necesitaban un trabajo para ganar el pan, la evolución hizo algunos ajustes. El ser humano vino al mundo con una dentadura en la que su tamaño limitado determinaba el de cada uno de sus piezas, lo que no era exactamente así con los homos anteriores.

Ya que dispondrás de estas áreas más pequeñas para tus planos dentales, tendrás que habértelas para meter allí todas tus piezas, dijo la naturaleza. Pero nosotras necesitamos más espacio, dijeron las cordales, acostumbradas a crecer a sus anchas. ¡Lo siento! fue la respuesta que nos atormenta hasta hoy.

Fuente: Ojo científico