Tres nuevos liderazgos que cimbran a Latinoamérica

Tres nuevos liderazgos que cimbran a Latinoamérica

Por Pedro C. Baca

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I: MAURICIO MACRI – UN GERENTE CARISMÁTICO

Presidente de Argentina desde diciembre pasado, Mauricio Macri Blanco (Buenos Aires, 1959) puede jactarse de que no es un hombre que se deja llevar por la corriente. El Hijo mayor de Francesco Macri, migrante italiano arraigado en Buenos Aires desde su juventud y uno de los hombres más ricos del país sudamericano, Mauricio se crió entre la élite económica, asistió a los mejores colegios y estaba destinado a ser el heredero del emporio del padre, un hombre de personalidad arrolladora que logró su fortuna como constructor de obras públicas con muy buenos contactos en la política.

En su juventud fue un “junior productivo”, según sus propias palabras, mujeriego y fiestero, pero muy hábil para hacer negocios con los más ricos del mundo, entre ellos con el magnate y ahora aspirante presidencial estadounidense Donald Trump.

Su rutina comenzó a desdibujarse en agosto de 1991, cuando lo secuestraron y lo tuvieron confinado en un especie de sarcófago. Recuperó su libertad porque su familia aceptó pagar los siete millones de dólares exigidos por los captores. Entonces desarrolló agorafobia que con el tiempo ha controlado, y una necesidad de labrarse un propósito en la vida.

La encontró cuatro años después cuando ganó la presidencia de Boca Juniors, uno de los clubes de futbol más importantes de Sudamérica, bajo cuya administración vivió una de sus épocas doradas. Duró en el cargo hasta 2007, cuando tuvo el background suficiente para postularse a la alcaldía de Buenos Aires. Su triunfo electoral de entonces hasta sus críticos lo recuerdan porque lo consiguió sin atacar a sus oponentes, algo insólito en la política argentina.

Para entonces, ya no era un outsider de la política. Macri tenía más de dos años de militancia en Propuesta Republicana, PRO, un partido nacido tras la crisis económica que sufrió el país conosureño en 2001, y que unió a políticos de centro-derecha y jóvenes profesionales inexpertos en lides electorales pero empeñados en ofrecer alternativas para renovar la política nacional. (ver Por qué se hundió Argentina, Contenido, Mar. 2002). Amparado por esas siglas había conquistado una diputación nacional en 2005.

EXITOSO GESTOR

Padre de cuatro hijos y casado en terceras nupcias con una empresaria textil 15 años menor, de su gestión como alcalde se recuerdan sus esfuerzos por sanear las finanzas, reanimar la vida nocturna y extender las redes de transporte público y reordenar el tráfico vehicular en una urbe célebre por la arbitrariedad de sus automovilistas. En esa época su momento más complicado tuvo lugar cuando la policía de la alcaldía reprimió una manifestación de pacientes y empleados de un hospital psiquiátrico. La investigación judicial que siguió al incidente exculpó al funcionario, pero reforzó su leyenda de insensible y poco dado a la negociación.

Contra todo pronóstico logró librarse de esa carga para obtener la candidatura presidencial de PRO y, desde ahí, convertirse en el abanderado de Cambiemos, una coalición de fuerzas políticas de centro derecha enemistadas con la entonces presidenta Cristina Fernández y su gobierno de izquierda. En su carrera por la presidencia, Macri hizo lo posible por distanciarse de la imagen de magnate alejado de la realidad con la que sus adversarios lo han vinculado siempre. Realizó gran parte de su campaña en zonas humildes de la provincia de Buenos Aires y en otras partes del país, donde tejió una eficiente red de militantes gracias a los acuerdos con otras formaciones nacionales y locales.

El arraigo de sus propuestas en el electorado le otorgó el segundo lugar en la primera vuelta electoral, así como la fuerza suficiente para vencer al representante del oficialismo, Daniel Scioli, en la decisiva jornada del 22 de noviembre pasado. A esa decisiva victoria contribuyó su coqueteo con el peronismo, la corriente política de izquierda predominante en Argentina, alabando las políticas de justicia social que Juan Domingo Perón y Eva Duarte pusieron en marcha en los años cuarenta, del siglo pasado.

PROMESAS Y REALIDADES

En sus primeras semanas al frente de la tercera economía más grande de América Latina, el presidente ha reiterado que mantendrá y mejorará algunos de los programas sociales más exitosos de su antecesora Cristina Fernández, además de confirmar sí la titularidad pública de empresas renacionalizadas bajo el kirchnerismo, como la energética YPF y Aerolíneas Argentinas.

Al mismo tiempo ha anunciado reformas drásticas para impulsar la confianza de los inversores en Argentina, como poner fin a las restricciones cambiarias, establecer un nuevo sistema de estadísticas económicas confiables o frenar la incontenible caída de reservas del banco central atribuibles a las políticas económicas de la administración saliente (ver Cristina Fernández se despide de Argentina, Contenido, Abr. 2015).

Partidarios y críticos concuerdan en que a Macri le esperan desafíos de similar magnitud a los que enfrentó Fernando de la Rúa (1999-2001), por lo que requerirá de tacto, paciencia y diplomacia para no repetir el estruendoso fracaso de su antecesor.

RETOS DE GOBIERNO

Escaso margen de maniobra: ganó la presidencia con 51.4% de los votos, pero carece de la presencia legislativa necesaria para aprobar leyes. Le faltarán 28 diputados y 22 senadores para llegar a las mayorías que se requieren para tal fin.

-Ajuste fiscal: la Auditoría General de la Nación, que controla la oposición, prevé un déficit fiscal de 7% del PIB para 2015. El nuevo gobierno se propone reducirlo a menos de la mitad.

-Devaluación de la moneda: el dólar cotiza en el mercado oficial a 9.67 pesos, contra 15.07 de la plaza ilegal. Se buscará “adecuar” el tipo de cambio a las condiciones del mercado.

-Eliminar las restricciones que desde 2011 rigen para la compra de divisas para ahorro, importaciones y giros de beneficios de las multinacionales a sus casas matrices.

-Pago de los “fondos buitre”, es decir, los compromisos con acreedores internacionales que rechazaron la reestructuración de la deuda argentina en 2005 y 2010.

-Inflación: bajar la tasa anual a un dígito en 2019, actualmente el promedio anual ronda 26%

-Nueva política exterior: fortalecer lazos con la Alianza del Pacífico y la Unión Europea, al tiempo de alejarse lo más posible de Venezuela, uno de sus principales socios comerciales.

PARA ENTENDER EL MOMENTO POLÍTICO

“Más que un cambio de tendencia ideológica, lo que ocurre en América Latina, refleja un castigo de la sociedad a la ineficiencia de los gobernantes”, opina el doctor en Ciencia Política Rodrigo Salazar Elena, profesor e investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales(Flacso), para quien no se puede hablar de un “viraje a la derecha” de la región.

El investigador apunta que las tasas de cambio de partido en el gobierno se reducen en periodos prósperos, pero aumentan cuando, como ahora, la economía internacional se encuentra en crisis y los más perjudicados han resultado los países que dependen de la venta de materias primas, como Venezuela, Argentina y Brasil, cuyos dirigentes no supieron aprovechar la bonanza para establecer políticas sociales sustentables. En vez de eso optaron por el asistencialismo que tarde o temprano termina por resultar incosteable.

El caso guatemalteco resalta por ser el primero en que autoridades en funciones son llamadas a cuentas por conductas ilícitas, sin que esto implique el derrumbe de las instituciones, sin embargo, advierte que el efecto de esta cruzada por adecentar la política local puede sucumbir ante la inexperiencia del nuevo mandatario, quien tendría que mostrar mucho oficio político para destruir los mecanismos que alimentaron las redes de corrupción.

Reservado en sus pronósticos sobre el éxito que puede tener la gestión del presidente Macri o de la oposición venezolana que atiende la línea de Leopoldo López, el académico Salazar pide seguir con atención casos como el de Brasil, en el que el malestar social sumada al ánimo de revancha puede ocasionar la destitución de su presidenta Dilma Rousseff, o los de Bolivia y Ecuador, cuya estabilidad económica puede eternizar en el poder a Evo Morales y Rafael Correa.

Este ciclo de desaceleración económica mundial, obligará a los gobiernos a limitar o deshacerse de programas sociales. Esto no tiene que ver con ideologías, sino con carencia de recursos frescos y las dificultades para obtener créditos, puntualiza el académico.

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II: JIMMY MORALES, NI CORRUPTO NI LADRÓN

Apenas tiene pasado político pero sus casi dos décadas como cómico de televisión han convertido a Jimmy Morales, quien este mes debuta como presidente de Guatemala, en una de las figuras públicas más conocidas en su país, el más extenso de Centroamérica, con una economía estable que crece a tasa anual superior a 3%, pero aquejada por la inestabilidad política generada por casos de corrupción.

Casado y padre de cuatro hijos, Morales, de 46 años, se autodefine como «empresario, docente universitario, comunicador, académico, filántropo y político». Integrante de una familia evangélica practicante, su perfil es claramente conservador, regido por dos principios fundamentales: el respeto a la familia y el temor a Dios.

Licenciado en Administración de Empresas y profesor en Teología, ganó cierta fama con el programa televisivo «Moralejas». Su incursión en la política se remonta a 2011, cuando quedó en tercer lugar en las elecciones para alcalde del municipio de municipio de Mixco, en las que representó al extinto partido Acción de Desarrollo Nacional (ADN), un grupo de derecha que no logró obtener el umbral de votos necesario para su supervivencia.

A pesar del fracaso se incorporó al Frente de Convergencia Nacional, partido de corte nacionalista fundado en 2008 por militares retirados que participaron en la guerra civil que desangró al país durante el último tercio del siglo pasado. En marzo de 2013 ya era secretario general de 2013, gracias a su habilidad para ganar apoyos, su oratoria convincente y dominio de los escenarios, según sus partidarios. Y la falta de líderes presentables en público de su formación política, ironizan sus detractores.

ENTERA CONFIANZA

A partir de entonces invirtió su tiempo en preparar su candidatura presidencial y reiterar que su instituto político no sólo está compuesto por ex militares, sino por personas «de su entera confianza, sin experiencia política, pero con el deseo y la capacidad de construir una Guatemala feliz e inmortal». Tal vez en un escenario de estabilidad política su liderazgo habría pasado inadvertido, pero el país centroamericano fue sacudido por las denuncias de corrupción que involucraban, literalmente, a las más altas autoridades. A tal grado que primero su vicepresidenta Roxana Baldetti, y posteriormente el jefe de Estado, Otto Pérez Molina, tuvieron que renunciar a sus cargos para enfrentar a la justicia.

Fue entonces cuando el eslogan “ni corrupto ni ladrón” que acompañaba a los promocionales de Morales comenzó a calar en el electorado con vistas a las elecciones de septiembre pasado. «Los candidatos en Guatemala realizan campañas multimillonarias con dinero de sectores poderosos. Yo no he recibido ni he buscado financiamiento de este tipo, yo no estoy a la venta, ni tampoco está a la venta el futuro de nuestra Guatemala», aseguraba eufórico el candidato ante su cada vez más nutrido auditorio.

Respaldado por su biografía en la que destacan sus orígenes humildes y su apego al trabajo y al ahorro para mejorar las condiciones de vida de su familia, le generaron el apoyo suficiente para ganar la primera vuelta electoral con 24% de los votos, y lo diferenciaron claramente de su oponente en la jornada decisiva, Sandra Torres, abanderada de la Unidad Nacional de la Esperanza, pero más conocida por las acusaciones de nepotismo y tráfico de influencias que recibió mientras fue primera dama del país y principal asesora del ex presidente Álvaro Colom (2008-2012). Morales la derrotó por un margen de 2 a 1.

Hasta el momento se sabe que el gobierno de Morales dará prioridad tanto a combatir la corrupción como a extender la oferta educativa para niños y jóvenes, “Mi madre apostó porque sus hijos tuviéramos la mejor educación posible. Eso nos permitió superar la pobreza. Ahora somos profesionales. Hemos triunfado en la vida. Eso es lo que quiero para todos los guatemaltecos”, repite machaconamente.

En realidad no hay detalles concretos de sus programas de gobierno. Ha dicho que forma parte de “una clase nueva de políticos que respeta acuerdos pero no compra voluntades”, pero no explica cómo piensa trabajar con un poder legislativo en el que solamente cuenta con el apoyo de 12 de los 158 integrantes. A pesar del desafío que esto implica, Morales conserva el gesto amable al mencionar su principal aspiración: «Deseo que dentro de 100 años, en las aulas escolares se enseñe que fui el mejor presidente de la historia de este país».

III: LEOPOLDO LÓPEZ – EL REBELDE INDOMABLE

Menos de una semana le bastó a Leopoldo López Mendoza (Caracas, 1971) para convertirse en el rostro de la oposición de Venezuela, por lo menos en el más más reconocido internacionalmente. Fueron seis agitados días de febrero de 2014 en los que alentó las protestas callejeras contra el presidente Nicolás Maduro y la corriente política que representa, el chavismo, del que López ha sido férreo opositor desde hace 17 años.

Maestro en Políticas Públicas por la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, incursionó en política a fines de la década de los noventa cuando se involucró en la creación de la asociación civil Primero Justicia. Para ello contó con dinero proveniente de Petróleos de Venezuela gracias a las gestiones de su madre, quien entonces desempeñaba un puesto directivo en aquella empresa.

Casado con la deportista Lilian Tintori y padre de dos niños, en 2008 fue inhabilitado por la Contraloría General de la República para ejercer cargos de elección popular debido a ese aporte. La medida representó la venganza del chavismo, que nunca le perdonó su actuación durante el golpe de estado de abril de 2002, cuando encabezó allanamientos policiales en búsqueda de los ministros del brevemente derrocado Hugo Chávez.

En el momento de conocerse la sentencia López era alcalde del municipio caraqueño de Chacao y había tenido una gestión destacada por lo que apuntaba a la alcaldía metropolitana de Caracas (el segundo cargo de elección en importancia). Aunque logró una decisión favorable de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que se restituyeran sus derechos políticos, el Estado venezolano se negó a cumplir.

Al no poder participar en elecciones se dedicó a establecer vínculos con distintos sectores a través de su trabajo en el partido Un Nuevo Tiempo, al que había llegado en 2006 tras separarse de Primero Justicia. Y como en 2009 lo expulsaron de esa organización por desobedecer la línea política, decidió fundar el partido de centro derecha Voluntad Popular.

LÍDER CONFLICTIVO

Para sus críticos, los constantes cambios de partido evidencian la poca disposición López a respaldar las estrategias que no genere él. Lo cierto es que su protagonismo le ha ocasionado serias diferencias con los dirigentes de la socialdemocracia venezolana y con el ala moderada que controla la Mesa de la Unidad, la alianza de organizaciones políticas opuestas al Gobierno.

En 2012 fue precandidato presidencial en las primarias de la Mesa, pero se retiró al comprobar sus escasas oportunidades de derrotar a Henrique Capriles, su ex correligionario de Primero Justicia, quien finalmente representó a la oposición tanto en las elecciones de ese año, como en las extraordinarias del siguiente, en las que estuvo a poco de derrotar a la maquinaria chavista.

Mientras Capriles optó por aceptar los resultados y seguir trabajando dentro del marco institucional para transformar al régimen, López decidió tomar las calles para exigir la remoción de las autoridades. La coyuntura se presentaba ideal debido a las multitudinarias protestas estudiantiles por la inseguridad pública y la carestía.

Las autoridades ordenaron su detención y le adjudicaron la responsabilidad moral de los 43 muertos y más de 600 heridos que dejaron los disturbios. López tuvo la oportunidad de huir del país, pero decidió entregarse. Fue confinado a la prisión militar de Ramo Verde, en la que ha permanecido desde entonces.

Su juicio tuvo lugar entre julio de 2014 y septiembre pasado, periodo en el que los fiscales no pudieron probar la participación directa del acusado en los disturbios. Sin embargo, la juez que llevó el caso lo condenó a 13 años de prisión. De nada sirvieron los llamados tanto de la ONU como de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para liberarlo sin condiciones, ni las gestiones del ex presidente del gobierno español Felipe González.

Como era de esperarse, el líder repudió el veredicto, pero conservó la calma y, a través de su esposa, alentó la participación de la Mesa de la Unidad en las elecciones legislativas de diciembre pasado. Los analistas reconocen que ese gesto contribuyó a que la alianza obtuviera 56% del voto popular y 112 de los 167 escaños en disputa, lo que representa mayoría de dos tercios, suficiente para modificar la política económica del ejecutivo, llamar a cuentas a los ministros del gabinete y organizar un referéndum revocatorio del mandato presidencial.

López permanece, pero es previsible nadie que tendrá voz y voto en las decisiones de la nueva mayoría opositora. Esta situación lo pone en la disyuntiva de imponer como prioridad su liberación y la de otros presos políticos, lo que desataría un enfrentamiento con Maduro, o atender una agenda que incluya la construcción de soluciones en conjunto con el ejecutivo para sacar al país sudamericano de la más grave crisis económica que ha sufrido en su historia (ver Venezuela al borde del colapso, Contenido, Mar. 2015). El dirigente no tendrá mucho tiempo para tomar una decisión.