Alimentos satanizados: ¿Son tan nocivos como nos han dicho?

Alimentos satanizados: ¿Son tan nocivos como nos han dicho?

Leche

Por Mario Ostos

Durante décadas seis populares productos de la naturaleza han sido objeto de críticas y mala fama, pero hoy en día las cosas están cambiando radicalmente. Entérese leyendo nuestra exhaustiva investigación.

Los peores mitos sobre la nutrición humana incluyen estos seis alimentos: azúcar, carne de cerdo, gluten, huevos, leche animal y la desacreditada sal. Algunos especialistas sostienen que pesan más sus propiedades dañinas que sus beneficios nutricionales, por lo cual se deben evitar a toda costa; otros, por el contrario, ponderan sus cualidades y defienden sus beneficios.

Para que usted despeje sus dudas, presentamos a continuación un análisis de estos alimentos que seguramente los hay en su despensa y por los cuales más de una vez ha sentido culpa a la hora de ingerirlos.

1.- Azúcar, un dulce veneno

En los últimos tiempos se le han endosado un sinfín de propiedades negativas, a tal grado que se han desarrollado diferentes sustitutos para evitar que nos dañe. Algunas enfermedades como obesidad, diabetes, problemas dentales, anemia, depresión, adicción e incluso Alzheimer, están ligadas a esta sustancia de acuerdo con la creencia popular. ¿Qué es lo que daña en realidad, el azúcar en sí misma o la cantidad que consumimos?

En 1988 la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS), invitaron a expertos mundiales en nutrición para que informaran de los hallazgos recientes sobre los carbohidratos en nuestra alimentación. El reporte confirmó que no hay un involucramiento de la sacarosa u otros azúcares en el desarrollo de enfermedades como obesidad, diabetes y males cardiovasculares.

Es conveniente no generalizar acerca del azúcar, dicen los expertos, pues sólo nos haría caer en errores. Existen diferentes tipos: sacarosa, monosacáridos, glucosa, fructuosa, galactosa y disacáridos, entre otros.

“Lo importante según –según María Angélica García, especialista en nutrición y vicepresidenta de la Sociedad de Egresados de la Escuela de Medicina de la Universidad Panamericana (UP)–, observar de dónde vienen, de qué tipo de azúcar se trata, ya que no es lo mismo la sacarosa que proviene de una manzana

De la que viene de un endulzante artificial”.

El problema con el azúcar está en los alimentos industrializados, es decir: los refrescos, jugos, galletas panes y postres contienen grandes cantidades de azúcar añadida que ya está tratada y acarrea enfermedades: “Las moléculas y proteínas están prácticamente digeridas, pasan directamente al torrente sanguíneo y elevan la glucosa”, explica García.

La opción que se debe tomar en este sentido, es el azúcar mascabado, diferente al azúcar morena; el primero no está procesado y endulza en menor proporción que el segundo: “Lo peor que se puede hacer es ingerir edulcorantes artificiales”, recalca la especialista.

Es un mito decir que los diabéticos no pueden consumir azúcar, lo pueden hacer, aunque depende de dónde venga. La mejor es la de las frutas e incluso pueden consumir pan siempre y cuando su dieta esté controlada y balanceada.

Otros mitos del azúcar

El azúcar engorda

Según la World Sugar Research Organisation (WSRO), la obesidad y el sobrepeso ocurren cuando existe un exceso prolongado de energía consumida, sobre la energía que necesita el cuerpo para la actividad física diaria.

Consumir alimentos azucarados causa caries dentales

Las caries dependen de diversos factores, incluyendo el tipo y la cantidad de bacterias de la placa, el flujo salival, los hábitos alimentarios, la higiene oral y salud general. El ingerir frecuentemente alimentos o bebidas que contienen carbohidratos (azúcares y almidones), tales como dulces, jugos, frutos secos, papas fritas y galletas saladas, pueden contribuir a la caries dental.

El azúcar causa hiperactividad en los niños

No. Según la WSRO, los estudios científicos realizados en los últimos 20 años han concluido que no existe un vínculo entre el consumo de azúcar y la hiperactividad o el “mal comportamiento” de los niños.

La verdadera hiperactividad, oficialmente conocida como Déficit de Atención con Hiperactividad o TDAH, no es común y debe ser diagnosticada y tratada bajo supervisión médica.

  1. Leche, siempre es bueno beberla

Es el primer alimento que conocemos cuando llegamos al mundo, está presente en numerosos postres y platillos, constituye una opción para desayunos y cenas. Lamentablemente es uno de los alimentos que más nos hace sufrir cuando padecemos la famosa intolerancia a la lactosa.

¿Podemos tomarla toda la vida? Algunos estudiosos argumentan que en realidad no podemos consumirla siempre, ya que si bien es cierto que en los primeros años de nuestra existencia nos aporta una gran cantidad de proteínas, cuando somos adultos la absorción se modifica o no se puede digerir bien porque la leche neutraliza los ácidos del estómago, impidiendo que las proteínas se absorban completamente.

“En realidad -opina la nutrióloga María Angélica García- la leche y sus derivados son mucho más necesarios en niños que en adultos, porque es una de las principales fuentes de calcio y contiene otros nutrimentos como zinc, magnesio, potasio, fósforo, vitamina B, que ayudan al desarrollo de los músculos, huesos y evitan la formación de caries dentales”.

En los adultos la leche actúa como “alimento de alto valor biológico, lo que significa que toda la proteína que contiene se absorbe, no se guarda como grasa”, comenta la experta.

Lo importante es localizar entre la amplia gama de opciones lácteas que existen, cuál es la que más se ajusta al tipo de requerimiento de cada persona: “Un adulto de 30 años puede tomar leche, pero no entera, pues la grasa que contiene no se metaboliza de igual forma que en un infante”, ejemplifica la nutrióloga.

Quienes defienden la idea de que no se debe tomar leche en la edad adulta se basan en que no existe evidencia de que ningún mamífero siga tomando leche posterior al destete, pues sólo en una edad temprana el organismo está preparado para ese alimento líquido. Se trata de afirmaciones falsas. Los animales no consumen leche porque no son ganaderos; de hecho, no la desprecian cuando se la ofrecemos, según dicen en algunos artículos sobre nutrición.

Sí es cierto que las personas o los grupos sociales que no toman leche regularmente pierden las enzimas que la digieren, especialmente la lactasa, pero sólo por dejar de consumirla. “No porque el cuerpo deje de necesitarla”, reitera la doctora García.

Los alimentos considerados de alto valor biológico, son aquellos que su contenido de proteína es capaz de absorberse por completo por el cuerpo humano y no se guarda como grasa. Algunos ejemplos son la leche y el huevo.

Un caso peculiar es el de las alergias. Expertos como el nutriólogo Jorge Higuera Benítez, Director Médico Asociado para Latinoamérica de Mead Johnson Nutrition®, explican que este padecimiento suele aparecer en el primer año de vida del infante y desaparece con el tiempo. Se sabe que las personas alérgicas a la leche de vaca reaccionan a una o varias de sus proteínas. Sin embargo, no quiere decir que los niños (y en menor proporción los adultos) no deban consumirla, puesto que pueden sustituirla por una fórmula láctea hidrolizada que demuestre ser hipoalergénica en más del 90% de los casos. Según los expertos, ésta se obtiene mediante la inclusión del lactobacillus rhamnosus GG que promueve una tolerancia hacia las proteínas de la leche.

Otros mitos sobre la leche

Siempre hay que hervirla

 La única leche que debe hervirse es la que no ha sido sometida a ningún proceso de pasteurización o esterilización. Cuidado, si se hierve en exceso, puede perder parte de su valor nutritivo. 
No debe mezclarse con frutas 

Popularmente se admite que la leche no debe combinarse con frutas ni jugos cítricos. Esta creencia puede estar basada en el hecho de que al mezclarlos la leche se corta y ya no es saludable. En realidad no hay ningún peligro para la salud pues la causa no es de tipo microbiano sino físico, que sólo altera su sabor. No existe ningún estudio que demuestre la validez de esta afirmación.
Después de tomar leche no debe consumirse nada más 

Esta idea parece estar relacionada con la afirmación anterior sobre los jugos de frutas y que la leche se corta en el estómago, pero no tiene ninguna justificación.
El precio determina vitaminas y sabor

 Los precios de la leche son muy variables y dependen en gran medida de los industriales. Puede haber muchas marcas, pero fabricantes, es decir, centrales lecheras que garanticen el suministro, hay muy pocas. En muchos casos se trata de marcas que crean una competencia en el mercado. María Angélica García insiste en que no hay diferencia química entre una fórmula láctea y la leche de vaca, sino sólo en su precio.

  1. La moda del gluten

Últimamente una de las prácticas más extendidas para perder peso es llevar una dieta libre de gluten, pero pocos conocen las implicaciones que esto les acarrea y si es realmente efectivo para tener un peso saludable. ¿Qué dicen los científicos?

El gluten es una proteína que está presente en cereales como el trigo, cebada, centeno y en menor cantidad en la avena. Lo contienen algunos productos como parte de los ingredientes o está presente durante el proceso de fabricación. Millones de mexicanos lo consumen a través de diversos alimentos en su dieta diaria pero se ha esparcido la idea de que provoca la enfermedad celiaca (EC) también llamada intolerancia al gluten, un trastorno inmune que se caracteriza por una intolerancia permanente al gluten, ocasionando una reacción inflamatoria en la mucosa del intestino delgado que causa daño en las vellosidades intestinales, lo que dificulta la absorción de vitaminas, minerales, grasas, proteínas y carbohidratos. Se diagnostica mediante un sencillo examen de sangre.

“Sin embargo -destaca García- toda persona puede consumirlo pues aunque existen personas con una intolerancia muy sensible al gluten, las hay también quienes la tienen en menor medida”, por lo cual la especialista sugiere incluir en la dieta diversos tipos de fibra para evitar que se acentúe dicha intolerancia.

Los alimentos sin gluten, recomendados para personas con EC, son de un costo muy elevado, porque se debe descomponer el alimento y únicamente quitar esta proteína: “Las personas que lo consumen como método para perder peso, en realidad lo logran debido a que abandonan los alimentos que contienen esta proteína, tales como harinas y pastas, y no es que el gluten disminuya el peso”, explica la experta.

Según el sitio de internet celiacosdemexico.org.mx, se estima que en México uno de cada 150 habitantes tiene este padecimiento mientras que 1% de la población presenta dicha condición.

 Otros mitos sobre el gluten

¿Si no me cae bien el gluten tengo EC?

Algunas personas presentan síntomas como diarrea crónica, gases y distensión abdominal. Sin embargo, no existe daño en la mucosa intestinal. A esto se le llama sensibilidad al gluten o intolerancia, es decir, cuando una persona no es diagnosticada con enfermedad celiaca mediante los exámenes de sangre, pero sí tiene una mejoría en los síntomas al retirar el gluten de la dieta habitual.

El gluten es dañino para la salud

Se trata de una proteína de la que recibimos muchos beneficios, como ocurre con cualquier otro alimento, siempre y cuando se consuma en el esquema de una dieta variada y equilibrada; por ello no debe ser sobrevalorado ni subvaluado.

Los alimentos libres de gluten son bajos en calorías

Esto es falso, ya que el aporte calórico depende de la suma de todos los ingredientes que contenga el producto, no sólo del gluten. Por ejemplo, un paquete de galletas de chocolate libre de gluten puede aportar el mismo contenido calórico que unas galletas de chocolate con gluten.

  1. El huevo, una bomba de colesterol

Mucho se ha hablado sobre la cantidad de colesterol que aporta por consumirlo cotidianamente, mientras que hay entendidos que aseguran que comerlo puede causar diversos problemas en el organismo; pero otros puntualizan que es uno de los alimentos más completos para el ser humano. ¿Cuál es la verdad?

Hacia finales del siglo pasado se recomendaba limitar el consumo de huevo, por su alto contenido en colesterol, como una medida de prevención cardiovascular. En 1973 la Asociación Americana del Corazón recomendó limitar la ingesta de huevos a un máximo de tres por semana. Esta idea fue aceptada durante años por las autoridades de salud, quienes a su vez la transmitieron a la población general.

Para  el bioquímico y experto en nutrición Erwin Möller, autor del libro 101 tips nutricionales, la noción de los años setenta y ochenta sobre la satanización hacia los huevos poco a poco está siendo superada: “A menos que tengas problemas metabólicos como hipercolesterolemia familiar en que tu cuerpo produce el colesterol, no se recomienda consumir huevos, pero fuera de eso se permite  consumir una yemita diaria para recibir suficiente azufre orgánico y producir el glutatión, un poderoso antioxidante que combate los radicales libres destructivos. Esto debe ir acompañado de buenos hábitos de vida y de una nutrición adecuada”, sostiene Möller.

El efecto que el colesterol dietético (el ingerido a través de los alimentos) ejerce sobre los niveles de colesterol plasmático (el presente en la sangre) en personas sanas es mínimo y depende en gran medida de factores individuales como la genética, el peso corporal o los hábitos de vida (actividad física y tabaquismo).

La doctora María Angélica García apunta que aunque hay expertos que recomiendan sólo cuatro huevos a la semana, la dieta correcta no tiene que ver con cuántos huevos se consumen, sino con la variedad en los hábitos de alimentación: “Va a ser igual de malo no comerlo a consumirlo diario en grandes cantidades”, refiere.

El huevo, al igual que la leche, es un alimento de alto valor biológico y tiene la ventaja de ser bajo en calorías: “Muchos deportistas optan por incluir huevos en su dieta por ser una buena fuente de proteínas y no tener tanta grasa”, dice Sandra Rizo, nutrióloga de la Universidad Panamericana, quien señaló que el huevo tiene el estigma de contener un alto contenido de colesterol y se le responsabiliza de aumentar sus índices en la sangre, pero la ciencia ya echó por tierra estos mitos. El huevo también contiene algunos nutrientes como las vitaminas A, E, D, ácido fólico y complejo B. Los expertos coinciden en que consumirlo no está relacionado con las enfermedades cardiovasculares.

Destacado:

La yema del huevo aporta unas 213 unidades de colesterol, que es lo recomendado para un ser humano diariamente; en ella se encuentran todas las proteínas y vitaminas liposolubles, incluido el ácido fólico, fundamental para el desarrollo de los nonatos.

Otros mitos sobre el huevo

El contenido nutricional del huevo blanco es diferente al del huevo rojo

No existe diferencia en el contenido nutrimental de ambos tipos de huevo. Las gallinas con plumas blancas producen huevos blancos y las gallinas con plumas rojas o cafés producen huevos rojos. Las razas más exóticas, como la Araucana, o Ameraucana llegan producir huevos azules.

Incluir huevo en el desayuno ayuda a sentirse satisfecho por más tiempo

En un estudio realizado en el Reino Unido en 2011 se sirvieron tres tipos de desayuno a un grupo de hombres (huevos, pan tostado, cereal con leche); se encontró que quienes consumieron el desayuno con huevo, mostraron mayor saciedad y un menor deseo de comer después del desayuno, que aquellos que consumieron sólo pan tostado o cereal.

Comer huevo ayuda a proteger la vista

Según estudios realizados por el Instituto Nacional de Oftalmología en Estados Unidos, ciertos antioxidantes, particularmente la luteína y zeaxantina que se encuentran en la yema de huevo, pueden reducir significativamente el riesgo de  degeneración macular relacionada con la edad.

Es dañino consumir huevo durante el embarazo

Un solo huevo contiene 23% de la ingesta diaria recomendada de colina, una vitamina esencial para el funcionamiento normal de todas las células, incluyendo las células relacionadas con el metabolismo, el cerebro, la función nerviosa, la memoria y el transporte de nutrientes a través del organismo.

  1. ¿Mala como la carne de cerdo?

Los porcinos han tenido muy mala fama y esta creencia popular lo demuestra. Mucho se ha dicho acerca de lo grasoso de esta carne, su alto contenido de colesterol o las enfermedades que acarrea su consumo. Nada más lejos de la realidad dicen los especialistas.

Estas creencias se deben a que hace aproximadamente unos 35 años el cerdo era utilizado mayormente como proveedor de grasa para uso en la cocina y la producción de jabones; sin embargo, poco a poco su carne comenzó a ser usada para consumo humano. De esta manera los ganaderos fueron mejorando la crianza, la alimentación y los sistemas productivos, logrando mejorar su aporte nutrimental y que ahora sea más carnita que grasita.

La carne de cerdo es una buena fuente de proteínas, los cortes magros contienen una alta cantidad de vitamina B12, importante para evitar casos de anemia. La carne de cerdo es rica también en vitaminas B1 y B3, necesarias para el funcionamiento del corazón y el sistema nervioso; su dosis de fósforo fortalece los huesos y le da energía a las células, y gracias a su aporte de potasio es ideal para personas que sufren hipertensión arterial, señalan los nutriólogos.

La carne de cerdo no es grasosa, el 5% de la grasa que contiene se retira durante el proceso de corte, y la que queda 70% es poliinsaturada, es decir, de la buena, y sólo el 30% es saturada. La grasa poliinsaturada ayuda a bajar los niveles de colesterol en la sangre

Otros mitos de la carne de cerdo

Contiene mucho colesterol

Se ha comprobado que la carne de cerdo sin piel contiene menos colesterol que un muslo de pollo: cuatro onzas (unos 100 gramos) aportan 67 miligramos de colesterol. La Asociación Americana de Cardiología de Estados Unidos sugiere un consumo diario de 300 miligramos.

Es altamente alergénica

Recientes estudios han demostrado que solamente el 3% de los adultos y el 8%  de los niños son alérgicos a los alimentos, y la susceptibilidad de las personas a desarrollar alergias por la ingesta de carne de cerdo es aún más baja. En ocasiones los responsables de estas dolencias son agentes externos a la carne, tales como los químicos o conservadores.

El cerdo trasmite cisticercosis

Aunque por muchos años se pensó que la carne de cerdo era la culpable de transmitir cisticercos, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de la Secretaría de Salud de México, menciona que la cisticercosis no se adquiere por comer carne de cerdo mal cocida, sino que es resultado de infecciones externas o autoinfección. La especialista García recalca que con esta carne al igual que con todos los alimentos debe tenerse cuidado con los hábitos de higiene con que han sido manejados.

  1. La sal y la hipertensión arterial

El cloruro de sodio (NaCl), como se le conoce químicamente, es el principal condimento en la cocina, fuente esencial de sodio para el organismo y se utiliza para conservar los alimentos. A lo largo de la historia se le ha relacionado con graves daños al organismo, entre otros, la presión arterial que aumenta con su consumo. Pero contrario a lo que se piensa esta relación no es tan directa, depende mucho de la capacidad de excretar de los riñones o de conservar el sodio para regular la presión arterial.

Según el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación la mayoría de los estudios científicos muestran que la reducción del consumo de sal reduce la presión arterial, “siendo este efecto más pronunciado en las personas hipertensas, los individuos obesos y los ancianos”, comenta la doctora García, quien añade que

la respuesta ante la reducción del consumo de sal varía mucho de persona a persona y no siempre aporta beneficios perceptibles en quienes tienen niveles normales de presión arterial. “No se puede perder de vista que el sodio es algo que nuestro cuerpo necesita, privarnos de ello podría resultar contraproducente”, explica la especialista.

Destacado:

Sal y sodio no son lo mismo: la sal de cocina es cloruro de sodio, es decir, contiene una molécula de cloro y una de sodio en proporción de 60% cloro por 40% sodio. Puede ser extraída del mar, de un mineral llamado halita o sal de gema o de la concentración de una planta salinizadora.

Otros mitos sobre la sal

Podemos vivir sin sodio

Es un mineral indispensable para la vida por su papel de mantener el equilibrio en los fluidos corporales y para el funcionamiento de los músculos y nervios. Su exceso afecta el trabajo de los riñones, reteniendo líquidos, lo que lleva a la  hipertensión arterial, entre otros males.

El sodio es salado

No es así. El sabor se obtiene de la combinación entre cloro y sodio, compuesto que comúnmente llamamos sal. Hay muchos alimentos, como cereales, galletas y productos horneados, que contienen sodio, pero no saben salados.

Sólo es útil para dar sabor a la comida

 El sodio y el cloruro, sustancias presentes en la sal de mesa, son fundamentales para regular el balance de los fluidos en el organismo; contribuyen a regular la presión arterial; también facilita la absorción de la glucosa y los aminoácidos y ayuda a mantener condiciones adecuadas para el funcionamiento de músculos y nervios.

Lo más importante en cuanto a estos alimentos, considera la doctora María Angélica García, es que deben formar parte de una dieta balanceada: “Es igual de malo no consumirlos o ingerirlos en exceso, y se debe estar atento a las reacciones alérgicas, y recomienda consultar a un médico para evitar afectaciones a la salud. Lejos de no consumir ciertos alimentos lo mejor es conocer nuestro organismo para cubrir los requerimientos básicos señala la nutrióloga.