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¿Qué son los huracanes?

Huracán

Por Mariana Chávez

Según explica Omar García Concepción, doctor en Ciencias Meteorológicas e investigador del Instituto de Astronomía y Meteorología de la Universidad de Guadalajara, los huracanes son los más violentos de los ciclones tropicales, nombre genérico que reciben los gigantescos remolinos que pueden llegar a cubrir cientos de miles de kilómetros cuadrados (aunque también hay algunos de pequeña extensión, llamados ciclones enanos o midgets).

Se originan cuando las aguas superficiales del océano alcanzan una temperatura de 26º o más, se acumula un gran volumen de humedad en la atmósfera causada por la evaporación y grandes masas de aire calentado por las aguas se elevan y dejan tras de sí una zona de baja presión, hacia la que se precipita, para llenar el vacío, aire más frío, que en horas o días puede establecer un patrón de vientos lo bastante intensos y duraderos como para forzar el ascenso en espiral de una columna de aire húmedo y recalentado, cargado de nubes: —Se trata de un proceso natural del planeta —explica García—, útil para trasladar el exceso de calor de las zonas tropicales hacia regiones más frías al sur y al norte.

Si los vientos no superan los 63 kilómetros por hora se habla de una depresión tropical; si soplan a una velocidad de 64 a 118 kilómetros por hora de trata de una tormenta tropical, y de un huracán si rebasan los 119 kilómetros.

Para entonces el gigantesco remolino de viento y nubes forma una inconfundible espiral de cientos de kilómetros de diámetro que gira en torno al ojo (de 30 a 50 kilómetros de diámetro), en cuyas proximidades son más densas las nubes, los vientos más poderosos y las lluvias más copiosas.

Los meteoros crecen y se desarrollan sobre los mares tropicales durante el verano y el otoño —aunque en el Pacífico noroccidental ocurren todo el año— en áreas llamadas matrices generadoras de huracanes. En el caso del Pacífico una de las principales es una franja cercana al Ecuador llamada Zona Intertropical de Convergencia (ZIC), donde chocan los vientos procedentes de las zonas tropicales de los hemisferios sur y norte.

En la costa oeste del norte de África se sitúa la matriz de donde provienen la mayoría de los huracanes que azotan el litoral de Norte y Centroamérica, muy potentes porque en su largo recorrido sobre el Atlántico acumulan gran energía. A México llegan meteoros provenientes también de otras 3 matrices: una en el Pacífico, en el golfo de Tehuantepec (la más prolífica, con el 50%); otra en la sonda de Campeche y la tercera en el oriente del Caribe.

A veces los ciclones se suceden a intervalos tan breves que las imágenes satelitales muestran a 2, 3 y excepcionalmente hasta 4, uno tras otro, en un verdadero desfile a través del Pacífico, desde las costas sureñas de México hasta las islas de Hawai o más allá.

—México es el único país continental que puede ser afectado por huracanes originados tanto en la cuenca del Atlántico como la del Pacífico nororiental —explica el doctor García—. Estados Unidos, en cambio, sólo recibe los provenientes del Atlántico, pues sus costas pacíficas son muy frías y disipan los ciclones.

Como cientos de bombas

En el mundo cada año se forman alrededor de 80 tormentas tropicales —afectan a medio centenar de países—; 10 de ellas en el Atlántico, de las cuales seis se convierten en huracanes. Por su parte, en el Pacífico nororiental suceden 16 tormentas y de ellas 10 alcanzan la categoría de huracán.

García dice que la categoría de un huracán (ver recuadro) no refleja necesariamente la cuantía de los daños que ocasiona: a veces con que alcance la categoría I puede causar un desastre —según la orografía de la región afectada y la velocidad de desplazamiento del ciclón—, como ocurrió con Stan, que a su paso por Chiapas provocó el desbordamiento de cinco ríos que arrasaron 41 municipios y dejó 100,000 damnificados y 60 muertos (otras 40,000 personas sufrieron perjuicios menores).

Y es que un huracán involucra una cantidad casi increíble de energía: —Puede igualar a la que liberaría la detonación de 400 bombas de hidrógeno de 20 megatones cada una —ilustra García—, es decir, 8,000 megatones u 8,000,000 de kilotones (un kilotón equivale a 1,000 toneladas de TNT; un megaton, a 1,000,000).

En comparación, la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki tenía una potencia de 20 kilotones, mientras que un huracán puede liberar tanta energía como lo harían 400,000 bombas como la de Nagasaki. A diferencia de las bombas, que producen la energía en un instante, concentrada sobre un solo punto, los huracanes la dispersan en cientos de miles de kilómetros cuadrados a lo largo de varios días.

Ampliar los pronósticos

Por supuesto, los efectos de tales fenómenos son sobrecogedores: en el mundo, tan solo entre 1995 y 2004, más de 60,000 personas murieron y cerca de 300,000 sufrieron alguna pérdida causada por un huracán. Por ello es tan importante la observación de los meteoros, para detectar su formación y predecir su probable ruta. Esto se hace mediante satélites y centenares de barcos y boyas cargadas de sensores, diseminadas en las matrices generadoras.

Una vez ubicado un meteoro, el curso y la fuerza de los vientos son vigilados de cerca por aviones “cazahuracanes” (sólo en la cuenca del Atlántico y el Pacífico nororiental) cuyos instrumentos miden la estructura y cambios de intensidad y dirección del huracán al volar dentro de él, a alturas de 1,000 a 12,000 metros sobre el nivel del mar. Otras aeronaves con equipo similar vuelan por encima de la tormenta, a más de 19,000 metros de altura.

Cuando el ciclón se convierte en huracán y aún está lejos de tierra firme, los aviones cruzan la zona de rachas más violentas, lluvia, granizo y aire ascendente para alcanzar el ojo y “sembrar” sondas que a lo largo de su descenso envían por radio los datos de presión atmosférica, humedad, temperatura, dirección y velocidad de vientos.

La NASA tiene un papel fundamental en la investigación de estos fenómenos. Recientemente adiestró a un grupo de científicos como parte del Experimento de Convección y Humedad (Camex, por sus siglas en inglés) para perfeccionar los modelos computarizados de predicción de huracanes. En 1999 se usaron por primera vez vehículos no tripulados para sobrevolar los océanos en zonas remotas casi al ras de la cresta de las olas para registrar la temperatura del agua, la presión atmosférica, la humedad relativa y la velocidad de los vientos.

En México, señala el capitán de fragata Enrique Flores Morado, del Centro de Análisis y Pronóstico Meteorológico Marítimo (Capmar) de la Secretaría de Marina (Semar), esta dependencia trabaja en la elaboración de pronósticos más precisos y con más tiempo de antelación para la prevención de desastres. Para ello tienen 34 estaciones meteorológicas automáticas de superficie, 57 meteorológicas complementarias de superficie, 10 de radiosondeo, 6 en barcos y reciben datos de 7 más distribuidas en el Atlántico y el Pacífico para vigilar el clima de toda América. También analizan imágenes satelitales y datos enviados por el Centro Nacional de Huracanes (del Servicio Meteorológico Nacional), la Fuerza Aérea Mexicana, la Comisión Federal de Electricidad y el Centro de Ciencias de la Atmósfera, de la UNAM.

Durante 24 horas al día, todo el año, los especialistas dan seguimiento a esa información y emiten pronósticos meteorológicos, colocados una página en Internet para consulta de cualquier persona interesada (principalmente población costera, población pesquera y los navegantes de altamar). Si se aproxima un ciclón tropical también se envían a Protección Civil y los medios de comunicación.

Los huracanes son uno de los fenómenos naturales más estudiados en los últimos años y las bases de datos acumuladas en el mundo sobre ellos crecen cada año exponencialmente, lo cual redunda en pronósticos más precisos: —Hace 15 años las previsiones de la ruta de un huracán no tenían más de 2 días de anticipación —dice García—; hoy ya logramos extenderlos a 5.

—La intención es ampliarlos a 14 días —comenta el capitán Flores—. Para lograrlo, desde 2002 la Semar participa en el proyecto multinacional Thorpex (The Observing System Research And Predictability Experient) al lado del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, el Servicio Meteorológico Nacional y la aseguradora Agroasemex.

Cómo se nombran

Por años los huracanes fueron bautizados según el santoral, pero el método originaba confusión (Puerto Rico fue castigado por varios ciclones Santa Ana y San Felipe). En la II Guerra Mundial se adoptó la costumbre de emplear nombres de mujer, lo cual desató protestas de las feministas. En 1978 la Organización Meteorológica Mundial (OMM), dependiente de la ONU y responsable de bautizarlos, incluyó apelativos masculinos en las listas de nombres que elabora anualmente con cada letra del alfabeto por inicial, salvo Q, U, X, y Z, por escasos.

Su lado bueno

Los huracanes son gigantescas bombas aspirantes-impelentes que toman del mar enormes masas de agua, las transportan como nubes miles de kilómetros y las dejan caer en forma de lluvia sobre amplias regiones. No se necesita que el meteoro toque directamente la zona: basta con que pase a 150 o 200 kilómetros de la costa para provocar fuertes aguaceros tierra adentro, como ocurre en Sonora y Sinaloa.