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  • Nuestra experiencia nos dice que no debemos tomar ninguna decisión importante cuando estamos furiosos

Una investigación resume bien de qué manera tener el estómago vacío influye en nuestra toma de decisiones. Como descubrieron los profesores de la Escuela de Negocios de Columbia en Nueva York después de analizar los veredictos de 1.112 juicios realizados por ocho jueces a lo largo de diez meses, los magistrados hambrientos suelen realizar sentencias más duras que aquellos que tienen el estómago vacío.

Nuestra experiencia nos dice que no debemos tomar ninguna decisión importante cuando estamos furiosos, porque corremos el riesgo de decir o hacer algo que no tiene marcha atrás. Hay otras situaciones en las que también deberíamos pensárnoslo dos veces antes de abrir la boca, como cuando hemos dormido poco, cuando estamos borrachos, cuando nos sentimos tristes o cuando tenemos hambre.

Como diversas investigaciones han demostrado, el hambre influye en nuestro humor, y por lo tanto, en nuestra toma de decisiones. Al igual que ocurre con el sueño, tener hambre empeora nuestro ánimo, al mismo tiempo que nos conduce a tomar más riesgos. No hace falta irse muy lejos y pasar un día entero sin probar bocado para sentir cómo cada vez nos sentimos más irascibles, más arbitrarios y menos dueños de nosotros mismos.

Si alguien cuyo trabajo es, precisamente, aplicar la ley y olvidar sus preferencias personales cae en la trampa del hambre, ¿qué no ocurrirá con cualquiera de nosotros? El problema no se encuentra tanto en que nuestro estado de ánimo cambie como en que ni siquiera somos conscientes de la manera en que nos afecta.

Cocinar
Puede parecer paradójico, ya que si estamos hambrientos, lo que debemos hacer es cocinar algo para poner fin a dicha situación. Pero es más probable que si tenemos hambre, nos decantemos por la comida basura o cualquier cosa que satisfaga nuestros deseos inmediatamente, por perniciosa que pueda ser para nuestra salud o el diámetro de nuestro estómago. De hecho, la mayor parte de las dietas más eficaces ponen énfasis en la importancia de no pasar hambre para evitar estos peligrosos atracones. Es preferible dejar preparada la comida de antemano para sortear la tentación.

Discutir

De igual manera que ocurría con esos jueces cuyo veredicto era más severo antes de llenarse la tripa, podemos ser demasiado fieros con las personas que nos rodean –y a las que queremos o, por lo menos, deberíamos respetar– que en circunstancias normales. En inglés, existe una palabra para definir dicha situación: hangry, una mezcla de “hambre” (hungry) y “enfado” (angry): no dejes que el estómago hable por ti.

Juzgar a los demás

En un artículo publicado en Psychology Today que aborda, precisamente, la forma en que el hambre afecta nuestro juicio, el profesor del Williams College Nate Kornell recuerda que el sesgo de correspondencia (o el error fundamental de atribución) es más acentuado cuando tenemos hambre. Eso quiere decir que si de repente lo vemos todo negro, probablemente culparemos a los que nos rodean de todo lo que va mal, cuando en realidad somos nosotros quienes estamos distorsionando la realidad. Es una forma de proteger nuestra identidad frente al ominoso mundo exterior.

Invertir en bolsa

Cuando tenemos el estómago vacío, tendemos a tomar decisiones mucho más arriesgadas que en circunstancias normales. Como puso de manifiesto una investigación realizada en el Instituto Max Planck, los depredadores tienden a cazar presas más peligrosas cuando tienen mucha hambre. Pero no ocurre únicamente con los animales de la jungla: un estudio dirigido por Mkael Symmonds señaló que aquellas personas con niveles más altos de ghrelina acilada (la hormona del apetito) solían tomar decisiones financieras más arriesgadas. Una revelación que llevaba a los investigadores a preguntarse si las personas que hacen dieta no pueden ser más propensas a tomar decisiones aberrantes.

Ir de compras

En el año 2008, un grupo de investigadores se preguntó qué ocurría con aquellas personas que acudían al supermercado a comprar alimentos con niveles más altos de ghrelina. Como cabía esperar, sus decisiones eran más irracionales, pero la cosa no quedaba ahí: todos los productos parecían mucho más apetitosos, lo que conducía a los participantes en el estudio a una compra compulsiva. La misma investigación puso de manifiesto que el cerebro se activaba de forma más fuerte cuando se mostraban imágenes de pizza o hamburguesas a personas hambrientas que las de un paisaje. “Las fotografías de comida se destacaban aún más; la gente las llegaba a ver mejor”, explica el autor del estudio, Alain Dagher. “Influye no sólo en el procesamiento de la memoria visual, sino también en la memoria. La gente recordaba mejor las fotos de la comida cuando sus niveles de ghrelina eran más altos”.

…Pero sí deberías estudiar

La lógica dicta que no deberíamos estudiar con el estómago vacío, porque al fin y al cabo, si nuestros niveles de energía son bajos, nos costará más retener el conocimiento. Pero un estudio realizado por la Universidad de Yale puso de manifiesto que la ghrelina activa receptores en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con el aprendizaje. Por esa razón, tener el estómago vacío cuando se estudia puede mejorar la creación y recuerdo de nuevas memorias, al igual que ocurría con los clientes hambrientos del supermecado.

EL EXPERIMENTO DEL HAMBRE

Como hemos visto, el hambre puede conducirnos a tomar malas decisiones o a deformar la realidad aunque tan sólo hayamos pasado unas pocas horas sin probar bocado. Un célebre estudio realizado en Estados Unidos durante los años 40 fue mucho más lejos y se propuso adivinar qué ocurría con aquellos valientes voluntarios que se prestaron a seguir un régimen de práctica inanición durante seis meses. Como cabía esperar, los resultados no eran buenos, pero dicha investigación fue la primera evidencia científica de los devastadores efectos que la hambruna ocasionaba en los cuerpos y mentes humanas: físicamente, los hombres sometidos al experimento perdían fuerza y su temperatura corporal bajaba, así como su frecuencia cardiaca y su deseo sexual; psicológicamente, mostraban depresión, irritabilidad y apatía, así como una menor habilidad mental.

Fuente: El Confidencial