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Masones en el nuevo siglo

 

logia

Por Alberto Círigo

 

  • Esta inmemorial organización todavía despierta suspicacias, algunos la siguen viendo como una organización secreta que busca el poder ¿será?

 

Recientemente novelas como El Código Da Vinci, El símbolo perdido de Dan Brown y en el cine la saga de La leyenda del tesoro perdido de Jon Turteltauby, protagonizada por Nicolas Cage, han puesto a la masonería de nuevo en la mira del gran público. Sin embargo, en otro tiempo sus miembros eran vistos con temor porque se les consideraba parte de una organización peligrosa y omnipresente cuyos elementos estaban en cualquier lugar espiando, conspirando y amenazando.

La masonería, afirma Asmara Tovilla –autora del libro Masones Código M: El poder detrás de poder, de Editores Mexicanos Unidos– es una institución filosófica, progresista y filantrópica que busca educar a los hombres en las buenas costumbres para que sean rectos y honestos. Es una sociedad discreta más que secreta, dice la investigadora.

En entrevista para Contenido el Gran Maestro Martín Alberto Dávila Bello, que dirige la Gran Logia del Valle de México, –considerada la logia más importante de América Latina y de la Península Ibérica, con más de 150 años de fundación, y con más de 17,000 miembros– afirma que la masonería proviene de la palabra francesa maçon, que quiere decir albañil constructor, por ende la masonería es una institución donde llegan los hombres a construirse a sí mismos, de manera filosófica.

La importancia histórica de los masones es algo que no se puede dudar, coinciden los especialistas, dado que las primeras logias nacieron en Europa durante la Edad Media en el seno de las hermandades de maestros constructores de catedrales quienes estaban muy cerca de los príncipes y jerarcas eclesiásticos por lo que resultó natural que, a más de sus objetivos espirituales, las organizaciones masónicas mostraran desde el principio una fuerte vocación política.

Su gran irrupción fue en el siglo XVIII (1717), dicen los propios masones, en lo que se ha denominado como el Siglo de las Luces en Francia junto a los grandes pensadores europeos que querían despertar la conciencia del pueblo para que adquirieran conciencia de sus derecho individuales. Como resultado de esto surge la Revolución Francesa, la posterior independencia y el surgimiento de la democracia y la Carta Universal de los Derechos Humanos, donde, a decir de Dávila Bello los hombres se “vienen a forjar, a construir a sí mismos, a explotar sus mejores dotes para ser mejores hombres, padres, hijos y ciudadanos”.

En ese siglo los masones chocaron con la jerarquía católica y fueron excomulgados, por lo cual la masonería quedó adherida primordialmente a la protestante Inglaterra y sus colonias. Masones como Washington y Jefferson llevaron a cabo la independencia de Estados Unidos. Posteriormente participaron en el derrumbe del imperio español en América. Por ejemplo en las huestes sudamericanas de Simón Bolívar y José de San Martín abundaban los masones. En nuestro país la independencia fue iniciada por Miguel Hidalgo que también practicaba la masonería.

Expertos señalan que los masones tuvieron una injerencia importante en la promulgación de todas las leyes que rigen en el país, ellos por su parte se declaran como legítimos herederos del liberalismo mexicano.

Ritos secretos

Se les ha tachado de ser una secta, una poderosa organización oculta donde practican ritos satánicos y sólo buscan el poder ¿qué se hace en realidad en las ceremonias de iniciación? Se le pregunta esto al Gran Maestro y él responde, emulando a Cyrano de Bergerard, “¿A qué sabe un beso? Sólo aquel que lo da lo sabe. No basta decirlo sino se tiene que vivir. Son ceremonias calculadas al inconsciente del individuo que está viviendo un psicodrama, es imposible transmitirlo”, dice crípticamente.

La masonería se remonta o se pierde en la noche de los tiempos cuando un hombre en este mundo desde los primeros hombres que se reunían en las cavernas se apartaban para reflexionar sobre las preguntas filosóficas perennes (¿quién soy, de dónde vengo? Etc.) nos reunimos a filosofar con el objeto de tratar de dar respuestas a aquello que nos causa inquietud que no asumimos como verdad absoluta por eso se nos ha tachado de sectarios, de practicar algún rito que no maneja la mayoría de la gente. Si entendemos que el sectarismo, es un grupo de personas que no concuerdan con la forma de pensar de la mayoría no quiere decir que tengan la razón no aceptamos dogmas a menso que lo podamos razonar y comprenderlo y estar en concordancia y comunión con el pensamiento de esa mayoría.

Nos reunimos en ligas masónicas o talleres porque venimos a trabajar así como se reunían aquellos antiguos albañiles constructores de las catedrales medievales que tenía el secreto de la construcción era un taller era un taller a devastar las piedras a calibrar las plomadas”.

¿Qué se necesita para ser masón, cualquiera puede serlo?

“Cualquier hombre libre y de buenas costumbres puede ingresar a esta augusta institución, el problema es que los principios filosóficos penetren en el individuo y que se tenga el deseo de quererse transformar”. Se debe cumplir un requisito administrativo, ser presentado por un padrino, para que lo ingrese a nuestra institución esta persona que llamamos profano (fuera del templo)  que no ha sido iniciado debe reunir dos características: ser un hombre libre y de buenas costumbres y para nosotros, creer en la existencia de un ser superior. Este ser superior es el concepto de Dios que tenga lo tiene que haber reflexionado ese concepto, respetamos todas las religiones. Son ceremonias calculadas (las de ingreso)  al inconsciente del individuo que está viviendo un psicodrama es imposible trasmitirlo, lo que se ha confundido con la secrecía, la discreción, es un secreto porque sólo el que lo vive sabe, tiene que experimentarlo”.

 

También por este ritual secreto pasaron Benjamín Franklin, René Descartes, Benito Juárez, Simón Bolívar, Mahatma Gandhi, George Washington, Mozart, Ignacio Manuel Altamirano, Lázaro Cárdenas, Porfirio Díaz y muchos políticos y personalidades del mundo.

Actualmente los masones dicen que no viven de glorias pasadas aunque sí reconocen que mucho de los presidentes que gobernaron al país practicaron la masonería, contrario a la creencia popular que decía que todos los presidentes mexicanos eran masones. El último presidente gran masón fue Adolfo López Mateos. Entre los presidentes mexicanos masones se cuentan a Emilio Portes Gil, Abelardo L. Rodríguez, Lázaro Cárdenas, Manuel Ávila Camacho, Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines y no fueron masones ni Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, ni José López Portillo, se sabe que Carlos Salinas de Gortari alcanzó un cierto grado dentro de la masonería.

De lo que sí se enorgullecen es que la generación más importante del país (los hombre de la Reforma,) como ellos llaman a los 12 intelectuales y 19 militares que acompañaron a Benito Juárez, formaron parte de la masonería.

Considerada como una de las últimas escuela iniciáticas de Occidente la masonería se alista para los tiempos modernos. Ante la indiferencia de los jóvenes a no creer en nada y la disminución de seguidores en las logias se ofrecen espacios alternativos a los jóvenes como el grupo llamado Jóvenes Esperanza de la Fraternidad que funge como una especie de semillero para darle inquietud a los jóvenes de entre 15 y 22 años para que en un futuro, si así lo desean engrosen a las filas masónicas.

Para José Luis Trueba Lara, autor del libro Masones en México. Historia de una sociedad secreta, las épocas de gloria de la masonería quedaron atrás en parte porque antes funcionaban como una especie de agrupaciones prepartidistas, democráticas, donde se tomaban decisiones políticas y actualmente la política ya no admite a grupos selectos sino que se ha convertido en un asunto de mayorías, por esta razón los masones se han difuminado para convertirse en una asociación de ayuda a la comunidad, como una especie de club de rotarios o de instituciones benéficas.

El camino para su subsistencia, está en olvidarse de teorías conspiracionistas, ceremonias secretas y abrir las puertas para competir, sólo así recuperarían el gran poder que en el siglo XIX mexicano tuvieron, remata Trueba Lara.