miércoles , septiembre 18 2019

Te puede interesar

Contenido contó toda la historia de ‘La Luz del Mundo’

Parlamento Europeo reconoce a Guaidó como presidente de Venezuela

Descanse en paz el actor Rogelio Guerra

Modelo computacional estudia el cerebro

Una computadora fue capaz de descubrir los secretos que guarda el cerebro.
Una computadora fue capaz de descubrir los secretos que guarda el cerebro.
  • El cerebro no actúa aislado y es capaz de extender sus conexiones más allá de su propio sistema.

La conexión emocional que eventualmente experimentan dos personas al compartir un baile o un acto amoroso va más allá de una sensación; es una interacción real entre los cerebros de ambos individuos, revela un estudio publicado en la revista Scientific Reports de Nature Publishing Group realizado por científicos mexicanos del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y Sistemas (IIMAS) de la UNAM.

Con un modelo computacional, Tom Froese, David Rosenblueth y Carlos Gershenson, del Laboratorio de Sistemas auto-organizados de esa casa de estudios, comprobaron que el cerebro no actúa aislado y es capaz de extender sus conexiones más allá de su propio sistema para funcionar junto con el de la otra persona, siempre que exista una identificación en las emociones, intelectualmente o socialmente porque los seres humanos aprendemos con la retroalimentación con el medio exterior y con los otros sujetos.

Sistema unificado

De acuerdo al modelo teórico, basado en matemáticas y computación, no hay misterios en el hecho de compartir la mente. Al analizar los cerebros artificiales de los agentes involucrados en el experimento descubrieron que forman un sistema unificado de dinámica neural, pero además esos órganos ahora exhibían propiedades más complejas, que hubiese sido imposible que emergieran en el de un agente en aislamiento.  Luego varias parejas participaron en el ensayo científico que planteó que existe una mayor complejidad si los individuos interactúan con el ambiente, el cual tiene otros agentes. Los resultados arrojaron que la mayoría de los participantes pudieron sentir el  mutuo reconocimiento, algo que no ocurrió al tocar otro objeto. Al final del experimento, ambos describieron haber experimentado la clara presencia del otro, que refuerza la hipótesis de que las personas pueden compartir genuinamente una experiencia, siempre y cuando el uno responda al otro y viceversa.